martes, 21 de agosto de 2012

La estrechez de miras eurocéntrica


Me hacen gracia los que critican a Amancio Ortega porque paga una miseria a sus trabajadores marroquíes. Cuando yo recordaba el otro día que España era un país pobre hace no mucho tiempo, me refería a cosas como que mi abuela materna empezara a trabajar de criada en una casa a los 9 años. Una explotación infantil intolerable, pensarán algunos, si no fuera porque en aquélla época, quitar una boca de casa era una bendición y asegurarse el techo y la comida a tan temprana edad una suerte. Y la cosa no había cambiado mucho en los años 50, cuando mis padres empezaron a trabajar con 14 años. Podemos permitirnos el lujo de pensar en explotación infantil porque somos ricos, no porque seamos mejores que los países del tercer mundo en los que los niños de 9 años trabajan.


Y estos son los niños afortunados, los que pueden ir a la escuela. Muchos están en la calle pidiendo unas monedas, una botella de agua o un lápiz. Si no fuera por el estúpido eurocentrismo de los que creen que todo el mundo es como su barrio, sería obvio que una empresa como Zara crea riqueza en Marruecos, allí donde se necesita, porque la alternativa de trabajar 10 horas por 200€ (o lo que sea que paga Zara) es mucho mejor que trabajar 12 horas en el campo por 100€. Si Zara se fuera de Marruecos, esas persona no encontraría mejores condiciones laborales, sino más miseria. En los años 60 los fabricantes de automóviles se instalaban en España no porque les gustase la paella, sino porque podían pagar sueldos de miseria comparados con los que pagaban en Francia o Alemania. Y gracias, entre otras cosas, a los explotadores de la Citroen o la Opel, es como hemos llegado a nuestra riqueza actual.
Así que claro que hay que poner a Amancio Ortega como ejemplo, porque lo es. En los últimos años, cuatro de cada cinco euros que se ha gastado Sánchez Gordillo en Marinaleda han salido de mis impuestos. Y de otros españoles, pero a juzgar por los comentarios muchos parecen estar contentísimos de pagar más de un 50% de impuestos para que en Marinaleda tengan casas por 15€ al mes. Yo no lo estoy, pero la policía me obliga a pagar los impuestos de Marinaleda y todas las decisiones “solidarias” de los que deciden arreglar el mundo metiendo la mano en mi bolsillo y no en el suyo.
Por eso también era relevante hablar de Kiva. Porque los emprendedores de Kiva mejoran su entorno con nuestra ayuda, y porque la donación a Kiva es perfectamente voluntaria. Yo puedo animaros a donar, pero no puedo sacaros la cartera y obligaros a pagar algo que yo creo que es bueno. Y está bien que sea así, lo que es perverso es obligar a otros a pagar por tus convicciones morales.
Solo podemos salir de la crisis si cambiamos el meme sobre los empresarios

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