Cuando invertimos en fondos de inversión, la rentabilidad
que obtenemos año tras año se acumula en el fondo hasta
el día que decidimos retirar nuestro dinero. Si decidimos
retirar el dinero de forma parcial (para cubrir los gastos de un
año, por ejemplo), los impuestos que pagaremos serán mucho
menores que si hubiésemos tenido nuestros ahorros en una
cuenta remunerada o un depósito. Veámoslo con un ejemplo:
La persona A invierte 10.000€ en un depósito al 5% y la
persona B invierte la misma cantidad en un FI que obtiene una
revalorización anual del 5%. Al acabar el año, las dos personas
han obtenido una rentabilidad bruta de 500€. Sin embargo, la
persona A ha pagado 105€ de impuestos y la persona B sólo 5€.
¿Cómo es esto posible? Analicemos la tabla inferior:
en parte por el capital inicial (los 10.000€) y en otra parte por los
beneficios de la revalorización del fondo. Las malas noticias son
que esta "magia fiscal" desaparece si realizamos un reembolso
total de nuestra inversión.
Por lo tanto, para aquellas personas interesadas en obtener
rentas pasivas por su dinero, el reembolso parcial de fondos de
inversión es una estrategia fiscalmente mucho más atractiva que
el cobro de intereses mediante depósitos o cuentas remuneradas
tradicionales.
Otra de las ventajas de la inversión en fondos es que los
beneficios obtenidos están exentos de pago de impuestos si
estos se utilizan para suscribir participaciones de un fondo de
inversión a otro.

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