Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



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domingo, 25 de septiembre de 2016

¿ Qué errores cometemos típicamente los españoles al ahorrar?

Estos son los tres errores típicos del español al ahorrar:

Error 1: Ahorrar al final de mes

Un 83% de las personas querrían ahorrar más cada año pero no lo consiguen y la razón es muy simple, están cometiendo el error más extendido: dejar el ahorro para lo último, ahorrar a final de mes. Es muy típico ir gastando el sueldo cada mes y uno o dos días antes del día 30 ver el saldo que queda en la cuenta y ahorrar esa cantidad. El problema es que la mayoría de veces sobra entre poco y muy poco porque, queramos o no, terminamos gastando lo que tenemos. El ser humano está programado para buscar la recompensa inmediata y en la sociedad actual ésta pasa por gastar y consumir.

Hay demasiadas tentaciones como para no caer en alguna de las trampas que salen a nuestro paso cada mes, demasiadas opciones como para fiarlo todo a tu fuerza de voluntad. ¿La solución? Es más sencilla de lo que crees y tiene un nombre: preahorrar.

Preahorrar consiste en pedirle a tu banco que todos los primeros de mes separe una parte de tu sueldo y la ponga automáticamente en una cuenta de ahorro. Se trata de evitar que el dinero llegue a nuestro bolsillo, porque una vez que esté ahí… ¡sabemos que será muy difícil no gastarlo!

Error 2: Confundir ahorrar con cazar gangas

Encontrar una oferta nos hace sentir bien, creernos más listos que la media y además pensar que estamos gestionando bien nuestro dinero, que somos buenos ahorradores. Nada más lejos de la realidad. En todo caso podremos ser buenos gastadores, pero no ahorradores porque a fin de cuentas lo que estamos haciendo es incurrir en un gasto.

La trampa de las gangas, da igual que se trate de un cupón de descuento o un 3×2, es que nos empujan a consumir, a seguir gastando, pero no nos ayudan a gestionar bien nuestro dinero. De hecho, no tienen nada que ver con la gestión financiera.

Error 3: Ahorrar sólo para el corto plazo

Pocas personas empiezan a ahorrar para pagar su casa sin hipoteca -ahorro a largo plazo- o para tener más libertad financiera. Por el contrario, es fácil que ahorren para irse vacaciones, para comprarse la consola que quieren, cenar en un restaurante exclusivo, tener el nuevo iPhone y, en general, para cualquier cosa que se pueda conseguir en un corto espacio de tiempo de no más de tres o cuatro meses.

Actuamos de este modo porque la recompensa suele estar cerca y así es fácil mantener el pulso ahorrador y la tensión que muchas personas necesitan para continuar con este esfuerzo. Pero al igual que ocurre con las dietas, con el ahorro lo que cuenta también son los hábitos, porque es una carrera de fondo. Si no se sostienen las buenas prácticas financieras es fácil volver a gastar de más. Precisamente por eso funciona tan bien preahorrar.

Además, si sólo ahorras a corto plazo te estás perdiendo la fuerza del interés compuesto, que es lo que de verdad hará crecer tu dinero. Para que el interés compuesto opere su magia necesita tiempo, cuanto más mejor.

jueves, 30 de enero de 2014

Con SEPA, adiós OTEs, hola Direct Debit o Adeudos directos

Como ya sabéis a partir del 1 de febrero entrará en vigor la nueva Zona Única de Pago en Euros o SEPA.
Este sistema tiene como objetivo crear una zona en la que los pagos en euros se realicen en igualdad de condiciones, derechos y obligaciones, equiparando las transferencias a nivel nacional y en la Zona Euro.
Sin embargo, traerá una consecuencia en principio negativa. Desaparecerán las OTEs u Orden de Transferencia de Efectivos que hasta ahora se han podido utilizar para mover dinero de forma sencilla y sin comisiones.
En su lugar habrá un sistema que sustituye a las OTE y se llama Adeudos Directos o Direct Debit, con unos plazos de disponibilidad de dinero más dilatados.
Existirán 2 modalidades de Adeudos Directo, uno básico para personas físicas: CORE y otra de uso exclusivo de empresas, autónomos o profesionales: B2B.
El que nos interesa a los ahorradores es el Direct Debit tipo CORE que funcionará de forma similar a las OTEs y que tampoco cobrará comisiones al menos desde el banco emisor (destino del dinero) de dicha orden, pero habrá algunos cambios:
1. Fechas
Habrá diferentes fechas dentro de la operativa que habrá que tener en cuenta:
  • Fecha de orden: fecha que se solicitar el Adeudo Directo.
  • Fecha de abono: fecha que llega el dinero a destino.
  • Fecha de disponibilidad: Fecha en la que se puede disponer del dinero.
2. Plazo de ingreso del dinero
Con las OTEs las entidades disponían de un plazo de 5 días para aceptar o rechazar la orden y después se mueve el dinero y solía tardar algo menos de 1 semana.
Con Debit Direct será mucho más rápido, y tardará igual que una transferencia, 1 día hábil desde el momento de la ejecución de la orden.
3. Plazo de disponibilidad del dinero
Una vez que llegue el dinero, habrá un plazo para disponer del dinero, similar a las OTEs de tipo aportación de fondos (que se podía uno librarse de este plazo haciendo un pequeño truco).
Este plazo, en el caso de los Adeudos directos, no podrá librarse y será de 7 y 44 días hábiles que dependerá de los siguientes parámetros:
  • Banco origen del dinero
  • Cuantía del Adeudo.
  • Si se trata de la primera o siguientes Adeudos Directos.
Antes de realizar el Adeudo Directo, la entidad ha de advertir este plazo.
En la caso de necesitar disponer del dinero antes de este plazo, hay que solicitar la devolución del recibo correspondiente a la entidad de cargo, pagando una comisión que estime la entidad receptora del dinero.
CASO ING Direct
ING Direct nos ha informado que a partir del 1 de febrero ya no se podrá realizar OTEs ni Adeudos Directos desde su aplicación móvil.
En cambio, se podrá realizar los Direct Debit a través de su web o su teléfono.
ING establecerá los siguientes límites para los Adeudos Directos:
  • Desde la cuenta Nómina: 10.000 euros.
  • Desde la cuenta Naranja: 150.000 euros.
También nos confirmó todo lo expuesto en este artículo, añadiendo que es así, a fecha de 29 de enero, pero que podría sufrir modificaciones hasta el día 1 de febrero.
Con las pruebas realizadas, los plazos en ING son:
  • Plazo ejecución: en el mismo día, salvo operaciones realizadas a partir de las 19:30 horas.
  • Plazo recepción del dinero: 1 días después de la orden de ejecución del adeudo.
  • Plazo de disponibilidad del dinero:
    • 7 días hábiles para Adeudos de menos de hasta 13.951,4 euros.
    • 44 días hábiles para Adeudos de más de 13951,4 euros.
Las pruebas que hemos realizado ha sido hacer un adeudo en las cuentas de BankiaLink e iSantander.
CASO COINC
De momento sólo se podrá ingresar dinero haciendo una transferencia a la Cuenta COINC.
Según COINC de momento no van a implementar los Adeudos Directos, tan sólo lo están valorando para implementarlo más adelante.
Hasta ahora para asociar una nueva cuenta a COINC, se realizaba una OTE, a partir de ahora, es el cliente que ha de realizar una transferencia desde dicha cuenta a COINC.
fuente
http://www.tucapital.es/blogs/noticias/direct-debit-adeudos-directos-nuevos-sistema-otes/

viernes, 24 de mayo de 2013

El futuro es el resultado de las decisiones que tomamos en el presente



¿Cómo quiero que sea mi vida dentro de 10, 20 ó 40 años?

La forma en que una persona gestione su dinero depende totalmente de lo que quiera hacer con su vida en el futuro.

El futuro económico, y no económico, de una persona lo determina más la buena o mala gestión del dinero que haga esa persona que los ingresos que llegue a tener a lo largo de su vida.



Sonia y Marta son dos hermanas gemelas. Tienen un forma de ser muy parecida pero Sonia piensa que es bueno ahorrar algo y Marta prefiere gastar todo el dinero que ingreso sin ahorrar nada.
Empiezan a trabajar a la vez en la misma empresa al cumplir los    20 años  ganando el mismo sueldo.

Sonia decide ahorrar  300€ al mes para invertirlos en Bolsa.

Marta cree que su hermana está equivocada, 300€ no van a ningún sitio y no la van a sacar de pobre.No tiene sentido privarse ahora de hacer cosas que le gustan sólo para guardar 300€ de nada, pero si su hermana piensa así que se le va hacer. Ella se lo pierde.

Cada año Sonia incrementa esos 300€ al mes  que ahorra en lo que sube la inflación, porque  no quiere perder poder adquisitivo. Marta no se priva de nada, dentro de lo que le permiten su modesto sueldo, claro. Sonia tampoco vive mal, sólo tiene que prescindir de algunos gastos que realmente no le producen ninguna satisfacción y gastar el resto del dinero de una forma inteligente.

Son gemelas para todo y a lo largo de su vida les suben el sueldo a las dos a la vez y en la misma cantidad.

Al cumplir 60 años Sonia ha obtenido en estos 40 años de  inversión unos beneficios empresariales y de dividendos de las empresas  hayan subido de media un 10% frente una inflación media del 3%.

Sonia ha acumulado un patrimonio de más de 6 millones de euros que le da unas rentas anuales de más de 300000€. Si le quitamos la inflación de estos 40 años estas cifras equivalen a casi 2 millones de euros de patrimonio y a unas rentas anuales de 95000€ en dinero del día que empezaron a trabajar, cuando ambas tenían 20 años y Marta pensaba que 300€ al mes no te sacaba de pobre.

Con este patrimonio Sonia tiene suficiente para jubilarse y vivir muy bien. Además como sólo va sacar un 5%, sus rentas anuales seguirán subiendo por encima de la inflación. Es decir, podrá gastar todos los años esos 300000€ ( 95000€ si descontamos la inflación) y aún así cada año podrá gastar más dinero porque sus rentas irán subiendo con el tiempo. 

Ha llegado el momento de viajar por el mundo, alojarse en buenos hoteles, la ilusión de su vida.

Después de hacer unas cuentas Sonia decide jubilarse. Vamos dejar de trabajar. Porque jubilarse no puede. La edad de jubilación mínima para cobrar la pensión de la Seguridad Social ya es 72 años y se rumorea que  va a subir hasta los 74 o 75 años. Además con la pensión  que le correspondería ahora si pudiera jubilarse apenas le daría para pagar la cuota de la comunidad de vecinos y el IBI de su vivienda. También se rumorea que los nuevos pensionistas verán rebajadas sus pensiones nuevamente porque el sistema público no da más de sí. En estas condiciones  no tiene sentido seguir trabajando , así que da por perdido todo el dinero que le ha quitado la Seguridad Social durante 40 años y se dedica a vivir la vida. Total si siguiera trabajando tampoco iba a poder recuperar ese dinero y encima tendría  que seguir poniendo más dinero.

Marta no ha ahorrado prácticamente nada  durante estos 40 años. En los últimos años al oír las cosas que le contaba su hermana sobre sus inversiones  ha empezado a ahorrar algo, pero a penas le ha dado tiempo a juntar unos pocos miles de euros. Tendrá que seguir trabajando hasta los 72 años , los 74 años o hasta cuando digan los políticos, porque necesita su sueldo para vivir. Y además tendrá que ponerse a ahorrar en serio porque el día que se jubile la Seguridad Social ( que ni es segura ni es social ), le va a pagar una pensión ridícula, si es que para entonces  sigue pagando pensiones.

Todo el mundo tiene una Marta y una Sonia dentro de sí mismo. Su futuro será de una forma u otra según las decisiones que tome a lo largo de su vida.

Con unos mismos ingresos se puede tener vidas radicalmente distintas. 

Todo depende de si usted quiere seguir el camino de Sonia o el de Marta. La decisión es suya y sólo suya. Elija el camino que quiera, pero no olvide que lo ha elegido usted.

Saludos

sábado, 20 de octubre de 2012

¡AHORRA, AHORRA, AHORRA!


Carta a mi hijo:
Hay que ahorrar y valorar el auténtico coste de las cosas según su potencial de capitalización a interés compuesto.
Debes contemplar tu moneda de un euro como una semilla con un potencial de crecimiento enorme. “Cuida de los pequeños gastos, un pequeño agujero hunde un barco”, decía Benjamin Franklin. Todas las familias deberían llevar un libro de cuentas y su balance ser siempre positivo, es decir, obtener más ingresos que pagos, de lo contrario nunca se obtendrá la tan ansiada libertad financiera. Es fundamental tener un buen plan financiero y unos objetivos definidos en el tiempo. “Es cierto que el dinero no puede comprar la felicidad -afirmaba George S. Clason-  pero hace posible que usted disfrute de lo mejor que el mundo tiene para ofrecer”.  Encontrarás el camino a la riqueza cuando consigas que una parte de todo lo que ganes sea tuya para guardarla. Págate a ti primero –conservar como mínimo un diez por ciento debería considerarse como un “gasto” obligatorio-, luego haz que tus ahorros trabajen para ti (reinvirtiendo y capitalizando las plusvalías), convierte el dinero en tu esclavo.
La mayor parte de las personas llevan profundamente grabado el guión de lo que yo denomino “mentalidad de escasez”. Ven la vida como si hubiera pocas cosas, sólo imaginan una única tarta y piensan que si alguien consigue un trozo grande, necesariamente otro se quedará con menos parte. La mentalidad de la escasez es un paradigma erróneo de suma cero: si yo gano, otro tiene, necesariamente, que perder. Lo cierto es que en el mundo hay riqueza abundante para todos y es una riqueza creciente en el tiempo.
Naturalmente es más fácil tener una “mentalidad de la abundancia” si se es ya rico.
La seguridad económica no depende únicamente del patrimonio que tengamos sino, más bien y sobretodo, de nuestra capacidad para pensar, aprender, crear y adaptarnos a un entorno cambiante. La base de la verdadera independencia financiera no descansa en tener un gran capital sino en el poder para generarlo. Los bienes materiales son efímeros, pueden desaparecer como consecuencia de guerras, expropiaciones, desastres naturales, etc., de ahí que la protección que debemos buscar no sea la externa, basada en esas posesiones, sino la interna, fundamentada en nuestra inteligencia y valores positivos.
No hay más salida que la formación, invariablemente concluimos lo mismo.
Daniel Gilbert no lo pudo resumir con menos palabras: “La sociedad quiere que consumamos, no que seamos felices”. Creemos que alcanzaremos la auténtica felicidad si logramos disponer de más comodidades y riquezas, pero nos equivocamos, la felicidad no es el resultado de satisfacer nuestros deseos materiales. La felicidad se esconde tras el noble esfuerzo, tras la vida útil y tras nuestra entrega incondicional –sin esperar recompensas ni agradecimientos- al prójimo.  Como decía Richard I. Evans: “Los hijos no nos recordarán por las cosas materiales que les dimos sino por la convicción de que les quisimos”.En lo transitorio y en lo perecedero no encontraremos más que frustración. Muchas veces son los ojos de los demás, no los nuestros, los que nos arruinan, ya que para poder presumir ante los otros, con demasiada frecuencia, incurrimos en gastos innecesarios. Emerson proclamó que “ser tú mismo en un mundo que intenta constantemente convertirte en otro, acaso es el mayor de los logros”. Ser capaces de vivir austeramente en un entorno de abundancia es un reto importante y un valor a trasmitir a las futuras generaciones. Despilfarrar aquello de lo que muchas personas carecen es inmoral. Tener acceso no equivale a tener derecho a usar inadecuadamente los recursos. No permitamos que nuestros hijos derrochen, porque se habituarán, con ello, a conducirse de forma egoísta en otros campos y circunstancias, abusarán de los recursos, de las palabras, de las personas, desperdiciarán oportunidades, agotarán los medios y crearán un mundo menos justo y solidario.
Por LUIS ALLUÉ BELLOSTA médico dermatólogo de Barcelona, amante del value investing y autor del estupendo libro dedicado a sus hijos Alicia en Wall street.

lunes, 23 de abril de 2012

¿Por qué nos cuenta tanto ahorrar?




Recomiendo este vídeo

Es fácil imaginar ahorrar dinero la semana próxima, pero ¿ahora mismo? Generalmente queremos gastarlo. El economista Shlomo Benartzi dice que esto es uno de los más grandes obstáculos para ahorrar lo suficiente para nuestra pensión. ¿Cómo convertimos esta conducta problemática en una solución?

martes, 18 de octubre de 2011

Menos crecer y más ahorrar


¿Alguno de ustedes se ha planteado alguna vez, yendo en su coche cortos de combustible, si pisando el acelerador aumentan sus probabilidades de alcanzar la estación de servicio más próxima antes de quedarse sin gasolina? Esta es una idea intuitiva —es verdad que llegarían antes a la gasolinera— pero, convendrán conmigo, no necesariamente cierta, ya que lo que importa son los kilómetros que pueden recorrer con el combustible restante y no tanto el tiempo en el que los recorren. 
Es más, corriendo más no reduciremos la distancia a salvar pero seguro que vaciaremos antes el depósito, y es posible que nunca lleguemos. Pues bien, otro tanto ocurre en la economía si pensamos que el crecimiento es la única salida a la crisis. Empeñarnos en crecer, no sólo no anticipará el final de la depresión sino que seguramente nos alejará más aún del inicio de la recuperación.
Últimamente volvemos a escuchar voces que reclaman de los poderes públicos medidas de estímulo que compensen el nulo o negativo crecimiento del consumo e inversión privada. Creen esas voces que la cicatera contribución de las familias y empresas a la demanda agregada supone un serio riesgo de volver a la recesión y por eso piden al gobierno pisar el acelerador a fondo. No parece importarles que hace ya tiempo que se terminó el combustible y estamos haciendo como hizo Phileas Fogg con la “Enriqueta” en el último tramo de su viaje de 80 días: quemar todo lo que encontremos en el barco que pueda arder en la caldera.
Y es que, como dejó escrito el periodista norteamericano Henry Hazlitt*, «no existe en el mundo actual creencia más arraigada y contagiosa que la provocada por las inversiones estatales. Surge por doquier como la panacea de nuestras congojas económicas (...) El remedio es fácil. Basta que el gobierno gaste lo necesario para superar la “deficiencia”».
Desde luego, no se puede negar la buena fe de quienes piensan que el gobierno puede impulsar el desarrollo y crecimiento económico. Sin embargo, en la cabeza de todo buen intervencionista subyace la idea de que el estado está por encima del bien y del mal y, por tanto, puede desafiar las leyes del mercado e incluso de la física. De este modo, en su esquema mental, el gobierno puede gastar en sus programas de estímulo ciertas míticas riquezas —en palabras de Mises— que no necesitan ser aportadas por nadie, cual maná de los hebreos.
Pero los amantes de la intervención pública, con los keynesianos a la cabeza, pasan por alto una verdad de Perogrullo con frecuencia olvidada. A saber, que el estado no puede gastar ni invertir ni un euro que no haya obtenido previamente del ciudadano. Con su segunda derivada, que lo que el estado gasta o invierte —lo que se ve, como diría Bastiat—, lo deja de gastar e invertir el ciudadano —lo que no se ve.
Es decir, que la petición de que sea el gasto público el que compense la falta de consumo e inversión en la ecuación de la demanda agregada de un país, no es otra cosa que pretenderforzar al sufrido y vapuleado ciudadano a hacer algo que voluntariamente no quiere hacer. Porque el gobierno no tiene más medios para financiarse que (a) los impuestos, (b) la deuda pública —que son los impuestos del mañana— o (c) la manipulación de la moneda —también conocida como inflación, que es la forma más viciosa de tributar.
Todo ello porque los consumidores —es decir, las personas— nos comportamos, como decíaMisescomo jerarcas egoístas, implacables, caprichosos y volubles. Y como tales, justo cuando la economía más necesita de nuestro afán consumista para crecer y salir de la crisis, no se nos ocurre otra cosa que ponernos a ahorrar y atesorar para devolver nuestras deudas y protegernos ante un futuro oscuro e incierto.
Y es que, lo que estamos experimentando en la actualidad es el proceso justamente inverso a la expansión crediticia de la fase de auge previa, artificialmente impulsada por gobiernos, bancos centrales y entidades financieras privadas, y que inevitablemente ha devenido en la depresión que sufrimos desde el 2007.
En este proceso, el desapalancamiento general del sector privado —el público, por el contrario no hace sino intentar incrementar su deuda— y la pérdida de valor de los activos en los balances de los bancos tienden a reducir la cantidad de dinero en circulación. Si esta contracción del crédito no está generando una deflación en toda regla, es porque se está viendo compensada por la ingente cantidad de dólares y euros que la Fed y el BCE están inyectando en la economía.
Aunque también podríamos decirlo al revés: si estamos viendo un incremento menos acusado de los precios de lo que correspondería a la irresponsable política monetaria de los bancos centrales, es porque los sucesivos quatitative easings, las compras de bonos y las facilidades de liquidez ilimitada a la banca, están siendo compensados por el desapalancamiento y el ahorro de familias y empresas privadas.
En todo caso, esta deflación inducida por la crisis e impulsada voluntariamente por los agentes privados, en ausencia de intervención estatal, facilita y acelera la liquidación de los proyectos de inversión erróneamente iniciados en la etapa expansiva del ciclo —p. ej. préstamos concedidos “alegremente”, compras de suelo sobrevalorado, construcción de aeropuertos sin aviones, despliegue de líneas de AVE sin pasajeros, etc. — y, por lo tanto,abre paso a la ansiada recuperación.
Pues a diferencia de la expansión crediticia previa, esta contracción es la reacción natural del mercado a los errores de inversión cometidos. Parece que, precisamente por eso, ha de ser combatida por los poderes públicos y así está ocurriendo, que la intervención estatal, la coacción sindical y la rigidez de los mercados —sobre todo, pero no sólo, del laboral—están impidiendo los reajustes necesarios a la recuperación.
Pero hemos de saber que el camino no es precisamente de rosas sino de espinos. Ycualquiera que diga que de ésta podemos salir sin hacer grandes sacrificios, o no dice la verdad o está haciendo campaña electoral. Al igual que no existe otro remedio para la resaca más que “dormir la mona —y desde luego, seguir bebiendo no es una alternativa válida—, no hay una solución a la crisis que no pase por hacer un importante sacrificio.
Porque en tanto no completemos el proceso de reajuste y eliminemos por completo el efecto de los créditos concedidos a proyectos de inversión que en la práctica han resultado ruinosos, no se iniciará la recuperación. Una vez cuadrados los balances de los bancos y culminado el proceso de desapalancamiento, el ahorro generado por los agentes podrá entonces dedicarse a impulsar la inversión en bienes de capital que, a la postre, generarán empleo y, ahora sí, crecimiento sano y genuino.
Por eso, quizás sea bueno regalarle a quien ocupe el Palacio de la Moncloa a partir del próximo 20-N el clásico portafotos con el lema “¡papá, no corras!
* Henry Hazlitt, Economía en una lección, Unión Editorial.

jueves, 28 de julio de 2011

Después de alcanzar la ¿libertad financiera?

Supongamos que hemos conseguido un millón de euros y queremos prejubilarnos. Durante muchos años hemos ahorrado e invertido en una cartera que ha crecido hasta esa cifra. ¿Y ahora qué?
Suponiendo que los mercados de renta variable crezcan en el futuro una media de un 7% anual como han hecho en los últimos 200 años, podemos pensar que podemos sacar cada año 70000 euros e ir tirando. Pero esto puede no ser muy bueno. Si durante los primeros diez años, el rendimiento de la cartera es negativo, podríamos quedarnos sin blanca y con cara de tontos. Que la media a largo plazo sea de un 7%, no quiere decir que en los primeros años sea positiva.
Ojo a los resultados se representan a continuación. La cartera sólo de acciones es la línea más gruesa, y la más delgada es la cartera con menos acciones. Una vez más, es importante darse cuenta de que las cantidades están en dólares de 1995 ajustados por inflación. Ésta es la más simple y más clara forma de realizar los cálculos de la jubilación.
En primer lugar, echemos un vistazo a retirar el 7% de la cantidad inicial, o $ 70.000 (ajustado por inflación), por año:
Da igual que asset allocation tengas en tu cartera. Si en los primeros años vienen vacas flacas, entre la inflación y las rentabilidades negativas, si sacas 70000 euros cada año, tu cartera se va al infierno. Sin dinero en 15 años. El mercado alcista llegó en 1984, demasiado tarde.
Pero aquí no queda la cosa, ya que si hubiesemos sido más conservadores y hubiésemos sacado cada año un 6% de la cantidad inicial (60000 cada año) o un 5% (50000 cada año), la agonía hubiese durado más, pero el infierno estaba igualmente asegurado.
En estos últimos casos, tener un poco de renta fija ayuda, pero no evita el desastre.
Ahora fijaos que curioso el gráfico sacando cada año el 4% del capital inicial (40000 cada año). Resulta que sólo se salvan las carteras que tienen un 25% o más de renta variable, ya que son las únicas que cuando el mercado se vuelve alcista baten a la inflación. Con todo y con eso hubo que tener los nervios de acero, ya que a los 30 años la cartera seguía en peligro:
La solución a todo esto está en retirar, no una cantidad fija cada año, sino un porcentaje de nuestro capital remanente. Es decir, si sacamos un 7% cada año, el primer año sacaremos 70000, pero si en el siguiente año la cartera vale 500000, sacaremos sólo 35000 euros. Así nunca nos quedaremos sin dinero, aunque unos años podamos “vivir mejor” que otros. Un porcentaje sensato y cómodo es el del 5% anual del capital remanente. La cartera no se iría a cero nunca en un periodo malísimo de las bolsas mundiales, y el siguiente gráfico muestra los ingresos anuales que se obtendrían:
A día de hoy seguiría dando un suculento rendimiento. Ni que decir tiene, que si pillamos una racha alcista desde el principio, la estrategia nos permitiría vivir como verdaderos reyes, e incluso, dedicar una buena parte a seguir incrementando la cartera.
Espero que haya sido de vuestro interés. Tenedlo en cuenta para vuestros planes de retiro. Un saludo.
* Artículo basado en las enseñanzas del gran libro de W. BernsteinThe Intelligent Asset Allocator.