Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



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viernes, 20 de diciembre de 2013

Desempeño de clases de activos en USD, comparativa de la rentabilidad anual de 1973-2013

El equipo de análisis de BullionVault ha creado una tabla comparativa con rendimientos de las principales clases de activos en los últimos 40 años. 

El oro muestra que es el más variable, siendo el primero de la tabla siete veces. Además, en la última década (2005- 2011) aparece entre los tres activos de mayor rendimiento durante un tiempo récord de siete años consecutivos. Solo los fideicomisos inmobiliarios se acercan (seis años consecutivos: 1979-1984).

El oro tiende a tener un mejor desempeño cuando las acciones caen y sufre cuando las acciones suben, tal y como ha ocurrido en 2013. En los diez años que el oro se ha colocado entre los tres activos de mejor desempeño, las acciones han terminado entre los tres peores activos en seis ocasiones. De las 17 veces que las acciones EE.UU. han terminado entre los tres mejores, el oro ha terminado entre los tres peores, 13 veces.

Los datos son prueba de lo que ha pasado y sirven para advertir de lo que puede pasar en el futuro. La lección que se aprende es que, sin lugar a dudas, la diversificación es clave. 


Fuente BullionVault

sábado, 15 de septiembre de 2012

¿Hay un futuro monetario para el oro?



El precio del oro está por las nubes y no deja de subir. La actual crisis económica y financiera parece haberlo disparado. Los negocios de compra de oro proliferan en las grandes ciudades y cada día más personas convierten sus ahorros en oro a fin de evitar los efectos inflacionistas de las monedas fiduciarias nacionales, de las que desconfían. ¿Es el oro una buena inversión? ¿Es una buena reserva de valor? ¿Podría volver a ser moneda de cambio?
En España que no tenía un patrón oro de facto( dinero privado ) entre el periodo 1870 a 1914, la cesta de la compra ( Lo que sería el IPC) se mantuvo durante 44 años al mismo precio.
Fuente :http//educacionparalalibertad.com/2012/09/15/hay-un-futuro-monetario-para-el-oro/

domingo, 22 de abril de 2012

La mejor y más sincera entrevista de un político de la historia.


Un vídeo buenísimo. Una entrevista sensacional, de las que desgracidadamente es imposible ver en nuestro país. Esta entrevista, a parte de abrir los ojos y la mente a más de uno, emana cultura económica y política de principio a fin. Ron Paul, un político que no se muerde la lengua y no se censura a sí mismo cuando habla de cualquier tema, al contrario que el resto de políticos y partidos, donde el populismo es el pan de cada día. Y esta es la razón principal de por qué se le ha obviado y silenciado desde los medios de información durante la campaña presidencial americana:

Solo cabe hacer un apunte en el vídeo: Cuando Ron Paul se refiere a "liberal" es lo que en USA conocen como progresista/socialista. Lo que en el mundo hispano conocemos como "liberal", allí en USA es Libertarian (o libertario también aquí).

lunes, 5 de marzo de 2012

La inversión en oro

La rentabilidad media real

-El oro no es una inversión "value".

En una entrevista concedida a la revista Fortune en Octubre de 2010 Buffet, con el extraordinario sentido común que le caracteriza, comentó su opinión acerca de la inversión en oro:

"Puedes coger todo el oro extraído a lo largo de la historia y llenaría un “cubo” de 67 pies (20 metros y medio aproximadamente) por cada lado (es decir aproximadamente un bloque de 7 pisos). Teniendo en cuenta lo que se paga actualmente por el oro, con el mismo dinero podrías comprar todas, no algunas, sino todas las granjas de Estados Unidos. Además podrías comprar el equivalente a diez empresas del tamaño de la petrolera Exxon Mobil (o cien como Repsol) y todavía te quedaría un trillón de dólares en metálico para andar por ahí. Como alternativa puedes tener un gran cubo de metal.

¿Qué preferirías? . ¿Cuál crees que producirá mayor valor? "

Como dicen los Yankees "food for thought".

Ya he comentado, en varias ocasiones, que el oro no es productivo, ni ofrece renta alguna. Es un material que apenas tiene uso en la industria. Con el oro estas jugando a una única carta que consiste en colocárselo a otro por un precio superior y eso tiene un nombre; especulación.
Fuente


La rentabilidad media real desde 1900, una vez deducida la inflación, de las acciones a nivel mundial es del 5,4, la de los bonos estatales el 1,7 %, y la de las letras del 1%., el oro del 1% y las vivienda del 1,3. Los bonos corporativos obtienen una rentabilidad superior a los estatales, acercándose a la de la bolsa a consecuencia de su mayor riesgo.

En Estados Unidos, las acciones rinden el 6,2%, los bonos estatales un 2%, y las letras un mero 1%. Podemos decir que la inversión en acciones ha multiplicado el poder de compra desde el año 1.900 por 675 veces. En España, la rentabilidad es 3,4%, los bonos un 1,3%, y las letras apenas cubren la inflación.

viernes, 10 de febrero de 2012

Buffett: la bolsa lo hará mejor que el oro y los bonos... y es mucho más segura

Según el Oráculo de Omaha, los tipos están demasiado bajos y los bonos son más arriesgados de lo que parece. Y actualmente el oro es improductivo.

Warren Buffett ha planteado su estrategia de inversión. La bolsa, o la inversión en cualquier activo 'productivo', se demostrará como el ganador por mucho sobre los bonos o el oro "durante un largo período de tiempo" y "lo más importante, será el activo más seguro de lejos".

Buffett plantea su argumento en un artículo que aparecerá en el número de Fortune que se publicará el 27 de febrero pero que ya ha aparecido en su web. Él considera que se trata de una 'adaptación' de su próxima carta anual a los accionistas de su fondo, Berkshire Hathaway.

En el artículo, Buffett sostiene que los bonos "deberían venir con una advertencia" ahora mismo, porque los tipos de interés no son lo suficientemente altos para anular la inflación y los impuestos. Y aunque los bonos, y otras inversiones basadas en las divisas, tienen la reputación de ser segura, "en verdad están entre los activos más peligrosos".

Buffett reconoce que Berkshire tiene en cartera bonos del Tesoro de EEUU, pero sólo para asegurarse de que la empresa tiene un acceso rápido a la liquidez si le hiciera falta de repente.

En cuanto a los activos 'no productivos', especialmente el oro, Buffett sostiene que "sus tenedores no está inspirados por lo que el activo puede producir. Se mantendrá muerto para siempre-, sino por la creencia de que otros lo desearán todavía más ávidamente en el futuro".

Aunque una subida de precios puede animar incluso a los escépticos a sumarse a la tendencia, "las burbujas que se han hecho lo suficientemente grandes inevitablemente estallan".

Buffett escribe que si todo el oro del mundo se metiera en un cubo enorme, valdría 9,6 billones de dólares a su precio actual de 1.750 dólares por onza. Por esa cantidad de dinero, "podríamos comprar todos los cereales de EEUU (400 millones de acres con una producción de unos 200.000 millones anuales) más 16 Exxon Mobils (la empresa más rentable del mundo, que gana más de 40.000 millones al año)".

Y otro billón se quedaría fuera. "Dentro de un siglo, los 400 millones de acres agrícolas habrá producido asombrosas cantidades de maíz, trigo, algodón y otros cultivos, y seguirán produciendo esas mercancías valiosas en cualquier divisa. Exxon Mobil probablemente habrá repartido billones de dólares en dividendos a sus accionistas y también mantendrá activos que valen muchos más billones (y recuerden que tendríamos 16 Exxons). Las 170.000 toneladas de oro no habrán cambiado de tamaño y seguirán siendo incapaces de producir nada".

No se trata de una posición nueva para Buffett. Desee hace varios años, prefiere a la bolsa frente a la deuda y al oro.
Fuente

viernes, 12 de agosto de 2011

Pero, ¿habría suficiente oro?

Por Juan Ramón rallo
El patrón oro no es un buen ejemplo de patrón monetario rígido, pero, aun en el caso de que lo fuera, el sistema económico podría seguir funcionando perfectamente.


Los detractores del patrón oro creen ir cargados de razones. Son numerosos los motivos por los que se oponen a semejante bárbara reliquia, aunque ninguno tan potente como la sensación de modernidad y cientificidad que les embarga al creer superado el medio de pago y el depósito de valor que Occidente utilizó durante milenios. A renglón seguido, eso sí, una de las críticas más populares es que no hay suficiente oro en el planeta para acompasar el crecimiento mundial: la cantidad de dinero, se nos dice, debe crecer al mismo ritmo que la producción de bienes y servicios; eso pudo lograrse con dificultades en el s. XIX, pero sería inviable en el s. XXI.
El argumento suena verosímil, pero si lo analizamos un poco veremos que tiene poca consistencia. Es decir, la cuestión es la siguiente: ¿qué pasaría en un mundo que siguiera creciendo pero donde la cantidad de medios de pago fuese absolutamente rígida? Por claridad expositiva, podemos dividir los efectos en dos tipos: por un lado, los que atañen a los precios y la producción (aspecto real); por otro, los referidos a los tipos de interés, las deudas y la financiación empresarial (aspecto financiero).
En cuanto a los precios, asistiríamos sin duda a una deflación secular. Conforme más produjéramos, más se abaratarían los productos en relación a la onza de oro (o a la de cualquier otro patrón monetario que fuese fijo). Mas, ¿es esto algo negativo? No necesariamente. Mucha gente teme que si los precios caen, los empresarios quebrarán y entraremos en una depresión económica en la que la producción de bienes y servicios se reducirá. Pero lo cierto es que la rentabilidad de los empresarios no depende exclusivamente de los precios de venta de sus mercancías, sino de sus precios y de sus costes (del margen de beneficios).
Si precios y costes se reducen, la producción podrá seguir su curso con normalidad. Es sencillo de comprender: si ahora mismo se dividieran todos los precios de la economía entre diez (incluyendo los de activos y pasivos), prácticamente nada cambiaría. Seguirían siendo rentables las mismas líneas productivas y la gente no vería modificadas sus costumbres de gasto.
Es verdad que si los precios, en lugar de reducirse de golpe, fueran cayendo progresivamente y a ritmos desiguales, el comportamiento de consumidores y empresarios podría tener efectos reales. Los consumidores retrasarían su consumo y los empresarios podrían encontrar que otras líneas de negocio resultan más rentables que la suya (si los precios han caído menos o los costes se han reducido más que en la suya). Pero lo mismo sucede con la inflación: los consumidores tienen incentivos a adelantar su consumo y los empresarios también pueden ver cómo sus cálculos se distorsionan (si los precios suben más o los costes se incrementan menos que en su línea productiva). Y, puestos a elegir, es preferible que los consumidores retrasen su consumo a que lo adelanten, pues la base del capitalismo y de la prosperidad es el ahorro.
En definitiva, el capitalismo con un patrón monetario rígido requeriría de unos mercados flexibles donde los precios –y los costes– pudieran ir modificándose con el transcurso del tiempo. Nada, por otro lado, que no se diera en el s. XIX y que no sea igualmente recomendable en un capitalismo con un patrón monetario más elástico; al cabo, los precios son los faros del capitalismo y nada bueno puederesultar de su manipulación.
Hay una serie de precios que, sin embargo, no es probable que fueran a modificarse ni siquiera en un mercado muy flexible. Me refiero al saldo de las deudas: si los precios caen y el saldo de los pasivos no minora, cada vez los agentes adeudan más dinero en relación con sus ingresos. El temor, en este caso, es que los individuos no tendrán ningún incentivo a endeudarse y, por tanto, no podrán hipotecarse ni para adquirir viviendas ni captar capital emitiendo bonos con el que implementar sus planes de negocios.
Esta preocupación sí es en parte comprensible, pues ciertamente una economía con una deflación persistente de precios tendería a penalizar el endeudamiento. Sin embargo, no es ni mucho menos un obstáculo insalvable para mantener altos niveles de crecimiento económico. Primero, porque al igual que hoy una parte de los tipos de interés que pagan los deudores depende de la inflación esperada (de modo que si el ahorrador desea un rentabilidad mínima del 4% y prevé que los precios suban al 1,5% anual, carga unos intereses del 5,5%), en una economía con deflación persistente los tipos de interés tenderían a incorporar la deflación esperada (de modo que si se desea una rentabilidad mínima del 4% y los precios caen al 1,5%, el tipo de interés sería del 2,5%), incluso indexando los bonos a la evolución de algún índice de precios tal como ya se hace hoy. Segundo, porque la única manera de financiar una empresa no es a través de fondos ajenos (deuda), sino también a través de fondos propios (que, entre otras remuneraciones, reparten dividendos variables en función de la caja que posee la empresa).
Una economía con deflación sería una economía donde la financiación vía fondos propios tendría un peso mucho mayor al actual y donde la deuda, si bien resultaría probablemente más barata en términos nominales, sería de bastante mayor calidad, pues los ahorradores sólo aceptarían no atesorar el dinero y prestarlo a largo plazo a cambio de riesgos que fueran muy seguros; lo cual no significa, ni mucho menos, que fuera una sociedad menos emprendedora o arriesgada, sino que el riesgo se canalizaría por su vías naturales, que no son precisamente la financiación bancaria sino las participaciones en el patrimonio neto de los fondos de venture capital o de private equity.
En conclusión, hemos visto que ni la producción ni la inversión se verían seriamente perjudicadas en un mundo donde la cantidad de medios de pago fuera absolutamente fija. Tradicionalmente se ha asociado este escenario con el patrón oro, pero sí me gustaría añadir unas líneas a este respecto. Dejando de lado que en el último siglo las existencia del metal amarillo se hayan multiplicado por siete, que el oro se convierta en el patrón monetario de una sociedad no significa ni mucho menos que sea su único medio de pago. En una economía moderna, la mayor parte de mercancías se compra vía compensación de créditos y deudas, esto es, pagando unas mercancías con otras mercancías: esa es la base del crédito circulante que proporcionan empresas y bancos a sus clientes (letras de cambio y depósitos a la vista) y que, por supuesto, jugó un papel central en el s. XIX y lo seguiría jugando en una eventual recuperación del patrón oro.
Ni siquiera hoy, en la era del dinero fiduciario, la mayor parte de las transacciones se realizan al contado: la cámara de compensación CHIPS, por ejemplo, efectúa transacciones anuales por importe de 365 billones de dólares, cuando la base monetaria del dólar (el equivalente a la cantidad de oro con la que cuenta el sistema) apenas asciende a 2,7 billones de dólares. De hecho, tampoco esta base monetaria de dólares se ha incrementado al mismo ritmo que la producción de bienes y servicios: entre 1947 y 2007, la cantidad de dólares se multiplicó por 25 mientras que el PIB nominal de EEUU (no hablemos del resto de transacciones mundiales que se efectúan con dólares) lo ha hecho por 60.
El oro no impide que toda esta superestructura de crédito –que es, en el fondo, la que compra y vende mercancías en una economía que haya desarrollado un poquito su sistema de pagos– se pueda erigir; lo que favorece es que esa superestructura sea de una calidad infinitamente mayor a la del dinero fiduciario. Pero la elasticidad de los medios de pago (que no serían ni única ni mayoritariamente monedas de oro) sigue siendo enorme; en ocasiones incluso demasiado grande para evitar la recurrencia de los ciclos económicos.
Así pues, como vemos, el patrón oro no es un buen ejemplo de patrón monetario rígido (y eso que ni siquiera hemos hablado de la posibilidad de que junto con el patrón oro convivan otros patrones monetarios, como la plata o incluso, en ciertos ámbitos reducidos, variedades de medios de pago fiduciarios, electrónicos o no) pero, aun en el caso de que lo fuera, el sistema económico podría seguir funcionando perfectamente. Las objeciones contra el patrón oro no deben buscarse en sesudos argumentos teóricos, sino en la arrogancia de los intelectuales y en los conocidos intereses del Gobierno, de la banca y de una población pródiga en exceso por abusar del endeudamiento barato.
Puede dirigir sus preguntas a contacto@juanramonrallo.com
Juan Ramón Rallo es doctor en Economía, jefe de opinión de Libertad Digital y profesor en el centro de estudios Isead. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro es Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009).

lunes, 7 de marzo de 2011

Vídeo sobre el Oro y libro : Yo tengo un plan

Reportaje interesante sobre el oro. Se recomienda a partir de patrimonios de 100000 euros tener el 5 o 10% en oro, no como inversión ya que entre los activos las materias primas son las menos rentables ( para ello prefiero las acciones y el value investing) sino como un seguro de vida, en el supuesto que el Estado colapse por el enorme endeudamiento , el mejor lugar para tener el dinero son las acciones y el oro.



"Yo tengo un plan" es una guía práctica para la clase media que no sabe qué hacer para protegerse de la crisis. Nacho García Mostazo lleva dos años investigando los hechos y las consecuencias de la crisis económica global. "Va a ser más grave de lo que imaginamos -dice- y sus consecuencias serán terribles". La primera oleada de la crisis afectó a familias y empresas, que ya están tomando medidas para reajustar sus presupuestos. Pero la segunda oleada afecta a los Estados y no ha hecho más que empezar. Se trata de la crisis de la deuda soberana. Grecia es su primera víctima, pero habrá más. "A los políticos se les llena la boca de brotes verdes, pero no están tomando las medidas adecuadas para evitar la catástrofe, que puede llegar de golpe (esperemos que no) o suavemente, con la muerte dulce de la inflación", como dice el autor. Nacho García Mostazo explica que ha escrito este libro para "ayudarte a hacer frente a la crisis y proteger el patrimonio de tu familia con sencillas recomendaciones para ahorrar e invertir con acierto". Como él mismo explica, "me propongo repartir paraguas para la tormenta".




sábado, 29 de enero de 2011

La bolsa y el patrón oro


Juan Ramón Rallo

&quote&quoteNo es la expansión crediticia lo que mueve el mercado bursátil a largo plazo, sino la fuerza que hay detrás de todo el desarrollo de las economías capitalistas: el ahorro dirigido hacia inversiones empresarialmente inteligentes.

Me inquiere un lector en mi último artículo que resulta inconsistente defender las pensiones privadas de capitalización y al tiempo el patrón oro. La lógica reza del siguiente modo: la bolsa sólo ha subido en los últimos tiempos debido a la expansión crediticia perpetrada por la Reserva Federal, por tanto si limitáramos esa expansión crediticia merced al oro, el precio de las acciones no podría subir. Es más, apostilla mi comentarista, la bolsa es un juego de suma cero: nada le garantiza al ingenuo inversor que no se encontrará del lado de los perdedores.
Admito que el razonamiento de que el precio de las acciones no puede aumentar si congelamos la cantidad de dinero en una economía resulta bastante intuitivo: si nuestros medios de pago no aumentan, es imposible que las cotizaciones bursátiles se revaloricen. Es un debate interesante pero demasiado amplio y complejo como para que entre en él en una columna. Baste indicar a este respecto que la inmensa mayoría de las transacciones en bolsa no se pagan con dinero, sino mediante nuestro saldo acreedor contra un bróker; dicho de otro modo, si el precio de nuestras acciones aumenta, nuestra capacidad para comprar otras acciones también aumenta: por lo general, y salvo que metamos nuevo dinero en la bolsa, no adquirimos las acciones con dinero sino con las resultas de la venta de otras acciones (rotamos la cartera). Cuestión distinta, eso sí, es que todo el mundo quisiera vender al mismo tiempo sus acciones, en cuyo caso asistiríamos a una masiva liquidación de títulos y a un hundimiento de las cotizaciones bursátiles, tal como sucedió en 2008 y comienzos de 2009.
Pero para defender la capitalización bursátil como el mejor medio para amasar un amplio patrimonio y alcanzar la independencia financiera no es necesario que el precio de las acciones aumente de continuo. El rendimiento de una acción proviene de dos fuentes: su revalorización y sus dividendos. Podemos asumir que la primera no puede darse con el patrón oro, pero desde luego sí podrá tener lugar la segunda.
Basta acudir a los datos históricos. Según recoge Jeremy Siegel en Stocks for the Long Run (Acciones para el largo plazo), entre 1802 y 1870, en pleno patrón oro (y plata), sin la malvada Reserva Federal haciendo de las suyas y con una envidiable estabilidad de precios, las acciones apenas se revalorizaron una media del 0,1% anual... pero al tiempo el rendimiento medio anual por dividendo alcanzó el 6,4%. Por ponerle números: 100 dólares invertidos en 1802 serían 7.270 dólares en 1870, y todo ello conservando el poder adquisitivo.
Lo curioso es que el mercado bursátil estadounidense ha ofrecido un rendimiento total muy similar durante todos los años siguientes: entre 1871 y 1925 la revaloración media anual (descontando la inflación) fue del 1,3% y la rentabilidad por dividendos del 5,2% y entre 1926 y 2006 la revalorización fue del 2,7% y la rentabilidad por dividendos del 4%. Así pues, la bolsa estadounidense ha proporcionado un rendimiento medio anual después de inflación de aproximadamente el 6,6% entre 1802 y 2006. O dicho de otro modo, 100 dólares invertidos en 1802 se habrían transformado en 46 millones en 2006 (corregidos por inflación, esto es, 46 millones de dólares de 1802) o en más de 1.000 millones (si no los corregimos por inflación).
Pero, ¿cómo es posible que cobrando dividendos y reinvirtiéndolos en bolsa amasemos un patrimonio si la cantidad de dinero no aumenta? Pongámonos en el caso más extremo de una economía con la cantidad de dinero congelada por completo (esquema que, por cierto, no defiendo): en tal caso, conforme la economía fuera volviéndose más productiva, los precios de todos los bienes irían reduciéndose. Las compañías ingresarían menos –sus productos cada vez se venderían más baratos– pero asimismo verían reducir sus costes –las materias primas, los salarios o los bienes de capital que necesitan para producir también se abaratarían–. Dicho otro modo, aun cuando los beneficios, los sueldos y otras rentas se redujeran, su poder adquisitivo se incrementaría (podrían comprar más bienes que antes). Por tanto, el precio de las acciones podría incluso llegar a reducirse año a año, pero los dividendos que abonarían las compañías sobradamente excederían la minusvalía y permitirían componer un rendimiento anual cercano a la media histórica del 6,6% real.
Si los árboles monetarios no nos permiten ver el bosque económico, basta con plantearnos qué sucedería si cada año invirtiéramos un 10% de nuestra renta en producir o adquirir bienes de capital que producen bienes de consumo. Parece claro que conforme acumuláramos más y más bienes de capital –conforme amasáramos un patrimonio mayor– nuestra renta futura –en forma de bienes de consumo– crecería exponencialmente (sobre todo si reinvirtiéramos parte de los bienes de consumo producidos en fabricar nuevos bienes de capital). Lo cual, por cierto, no sucedería si ese 10% de la renta que ahorramos la guardáramos debajo del colchón de cara a la jubilación.
No es, pues, la expansión crediticia de la Reserva Federal lo que mueve los fundamentos del mercado bursátil a largo plazo, sino la fuerza que hay detrás de todo el desarrollo de las economías capitalistas: el ahorro dirigido hacia inversiones empresarialmente inteligentes. Y otro día, si les parece, hablamos del riesgo de invertir en bolsa y de si las ganancias de Fulanito se compensan con las pérdidas de Menganito.
Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Marianaprofesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y de ISEAD y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Suiza quiere introducir franco suizo respaldado 100% con oro

Madrid, 8 de septiembre 2010 (OroyFinanzas)

 – El suizo Thomas Jacob, está impulsando en el país hevético el proyecto de introducir mediante una iniciativa constitucional, un franco suizo 100% respaldado por oro.
La idea de introducir un franco suizo respaldado íntegramente con oro, le viene a Thomas Jacob, de su pasión por las ideas liberales y por la escuela austríaca de economía.
Jacob se posicionó en su momento contra la venta de las reservas de oro que realizó el banco central del país helvético. “El Banco Nacional de Suiza vendió entre los años  2000 y 2007 alrededor de 1.500 toneladas de oro. Creo que las restantes 1.050 toneladas, se deben conservar”, señalo Jacob en una entrevista realizada por el semanal alemán Smart Investor.
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El objetivo de Jacob es introducir un franco suizo respaldado al 100% por oro mediante la remonetización del oro de las reservas del Banco Central suizo.
El primer paso sería introducir los francos oro, esto es que el Banco Nacional de Suiza emitiría certificados de oro que les entregaría a los ciudadanos. Se repartiría literalmente el oro entre la población y se establecería el franco oro, como dinero y medio legal de intercambio.
La segunda parte constaría de la legalización de los francos oro, es decir, se autorizaría la emisión privada de los francos oro para utilizar libremente como dinero.
En Suiza entrarían a circular dos monedas. En realidad el franco de oro seria una especie de moneda en paralelo que designaría una unidad de peso en oro y técnicamente sería algo similar a un ETF. La diferencia sería, evidentemente legal, ya que funcionaría como un medio de intercambio.
El franco oro sería un dinero privado, la creación de dinero no estaría en las manos del estado. La única diferencia radicaría en la creación de crédito. Con los francos de oro no se podría emitir crédito.
Como indica Jacob “el proyecto debe ser iniciativa de los ciudadanos, el concepto debe ser lo más simple como sea posible.”
No haría falta un banco central para controlar la emisión del dinero si se vota una iniciativa constitucional, ni el Gobierno ni el banco central podría poner objeciones.
Según Jacob,  Suiza esta predestinada para sacar adelante un proyecto de estas características, debido a la combinación de poseer una divisa propia, reservas de oro y el derecho de la iniciativa constitucional de los ciudadanos, cosa que no sucede en ningún otro país del mundo.
“El banco central no estaría necesariamente en contra del proyecto”, señala Jacob. “De hecho, sólo retiraría el oro de su balance y lo pondría a disposición de la población.”
Miércoles, 8 de Septiembre de 2010

domingo, 2 de marzo de 2008

Motivos para comprar oro

Las principales razones por las que invertir en oro son: que se trata de una "moneda" ajena al control de cualquier Gobierno y, por tanto, ajena a los "vaivenes" políticos. Que la inflación devalúa el valor de los billetes tradicionales a pasos agigantados. Y que está exento del Impuesto sobre Valor Añadido (IVA), según el capítulo V del Régimen especial del Oro de Inversión.

Los expertos en inversión aconsejan que para constituir un patrimonio que aúne la rentabilidad y solidez se debe invertir entre un 5 y un 10 por ciento del dinero disponible en oro, otros metales preciosos o en diamantes. Joaquín Van den Brule, del Centro de Inversión de Oro y Diamantes de España (CIODE), cree que lo ideal es invertir alrededor de un 15 por ciento del patrimonio en oro. Considera que, al margen de su valor como refugio, el oro ha empezado a ser rentable en los últimos cuatro años, aunque aconsejan a sus clientes que utilicen el preciado metal como una inversión a medio y largo plazo.

CIODE es una de las pocas instituciones que se dedican a la compra-venta de oro en España. Tiene un millar de clientes y lejos de lo que pueda parecer son en su mayor parte de clase media y media-alta. Trabajadores con un sueldo medio que tienen un sobrante y lo invierten en oro para protegerse de las oscilaciones de la Bolsa y de las hipotecas. Van den Brule aconseja también utilizar esta inversión de cara a la jubilación ya que, tal como está la pirámide de población, los jóvenes de 20 o 30 años es muy difícil que puedan tener una pensión con la que hacer frente a sus futuros gastos.

Aunque los beneficios de la inversión parecen obvios, esta opción sigue siendo poco usual en España y hoy en día es difícil invertir en oro en nuestro país, en parte porque no hay tradición. Así como Suiza, Alemania o Bélgica se pueden adquirir lingotes en los bancos o locales comerciales especializados y depositarlos en los bancos sin ningún requisito adicional a los de cualquier otra operación bancaria; en España, el pequeño inversor carece de información y ni siquiera los bancos son capaces de aconsejar a sus clientes al respecto. Prefieren vender hipotecas y fondos de inversión que tienen un mayor margen de intermediación.

Dónde y cómo comprar oro

Lo más importante a la hora de comprar oro es asegurarse su pureza (999 es la máxima) y, en caso de ser un lingote, que tenga un cuño reconocido internacionalmente, como puede ser Sempsa Joyería Platería, la única marca española que tiene certificado internacional para la venta de lingotes de oro. Según Van den Brule, de CIODE, también es muy importante pedir la factura, ya que a parte de ser obligatoria legalmente es la única forma de saber de donde viene el metal. Además, es recomendable que los lingotes lleven un certificado de la empresa que fabrica el lingote en donde se indique el peso, la marca, la ley, el número de identificación y la fecha de fabricación.

Respecto al peso, hay que tener en cuenta que, a mayor cantidad, menos se paga por cada gramo de oro, por lo que es aconsejable comprar lingotes de 100, 500 o 1.000 gramos.

Quizá la forma más inmediata de comprar oro sea por medio de las joyas. Pero los costes de adquisición son muy altos y se valoran mucho otros factores que no son su contenido en el preciado metal. Además, es la forma de tenencia de oro que es más fácil de perder en un robo.

Otra forma es la compra de monedas. Para ello hay que acudir a vendedores especialistas, pero por un lado también es caro, ya que se cobra la acuñación. Y es fácil, para un vendedor con pocos escrúpulos, vender monedas con el contenido en oro rebajado sin que lo note el comprador. Por eso, es importante que el comprador tenga claro que la onza troy son 31,10 gramos de oro fino y que pague por lo que lleva la moneda, no por su peso bruto. Por ejemplo, una de las monedas más conocidas del mundo es los 50 pesos mexicanos, también llamada Centenario. Esta moneda pesa en bruto 41,66 gramos, pero sólo lleva 37,5 de oro fino. Lo recomendable es comprar onzas de oro, independientemente de lo que pesen en bruto las monedas.

CIODE considera que la opción más segura a la hora de invertir en monedas de oro es la Krugerrand sudafricana, que pesa 33 gramos y tiene 31,10 de oro fino. Otras monedas aconsejables, tanto por su pureza como por su valor numismático, serían la china Panda, la Maple canadiense, la norteamericana Águila, el Nuget, el Calendario Lunar australiano, la 50 Pesos Mexicanos, la Filarmónica austriaca o la Britania inglesa, ya que cotizan a precios similares que el metal y está hechas por las Casas de la Moneda de los respectivos países de acuñación.

La principal ventaja que tienen las monedas respecto a los lingotes es que si el inversor se equivoca, el margen de pérdidas es menor.


Sin embargo, la forma más barata con diferencia de adquirir oro es en lingotes, especialmente si no es pequeño. Hay numerosas páginas en Internet que facilitan esas compras. Only Gold en Estados Unidos, Gold Line en el Reino Unido o CIODE en España, son sólo algunos ejemplos. El principal problema que tiene la adquisición física del oro, además de los derivados del transporte, es su custodia. Los inversores profesionales invierten en barras de unos 12 kilos, pero su elevado coste prácticamente deja fuera de juego a numerosos pequeños y medianos inversores.

Compañías mineras y ETF

Una de las vías para adentrarse en el mundo del oro es por medio de las propias compañías mineras. Adquirir acciones de empresas como Barrick Gold Corporation, Golden Star Resources o muchas otras, grandes o pequeñas, que están horadando el terreno para surtir al mercado de un recurso cada vez más valioso. Pero no es muy fácil moverse en ese terreno y exige un cierto conocimiento del mercado, que en la actualidad no está muy extendido. Una de las ventajas de la inversión en acciones es que son más sensibles que la evolución del precio del metal, ya que las acciones se valoran en función de la actualización del valor futuro del stock de oro de las minas. Claro, que igual que suben más rápido también caen a mayor velocidad.

Otra forma de entrar en el mundo del oro es por medio de las ETF (Exchange Traded Fund). Una ETF es una décima parte de un lingote, ya sea de oro o de plata. Hay varias compañías que recogen los fondos de los inversores, y quedan respaldados al 100 por ciento por el metal. Es un mercado accesible para inversores relativamente pequeños y se resuelve el problema de la custodia del oro, de la cual no tiene ya que encargarse el comprador. Pero es un poco más caro, ya que hay que satisfacer costes de almacenaje y gestión.
Para las inversiones en oro es bueno recordar lo que decía el legendario Jesse L. Livermore " saber esperar fue lo que siempre me hizo ganar dinero, no mi forma de especular".
Web del Centro de Inversión de Oro y Diamantes de España (CIODE):
http://www.ciode.net/index2.php