Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



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lunes, 10 de septiembre de 2012

Aprenda a pensar como un rico


Por Juan Ramón Rallo

La diferencia más importante entre un rico y un pobre no está en sus patrimonios, sino en sus perspectivas. Hay personas con muchas riquezas que afrontan la vida como si fueran pobres, y hay personas con muy pocas propiedades que tienen la actitud mental de un rico. A largo plazo, los primeros suelen acabar en la ruina y los segundos, amasando grandes cantidades de dinero.
El mundo está lleno de ricos que volvieron a serlo después de conocer la ruina y de pobres que, tras engrosar las filas de los nuevos ricos, finalmente volvieron a sumirse en la miseria. Los primeros dominan el arte de crear riqueza; los segundos son demoledoramente eficaces destruyéndola.

Puede que el autor del libro que nos ocupa, Robert Kiyosaki, sea, junto con Napoleón Hill, el pensador que más ha trabajado para proporcionar una buena educación financiera a las clases medias y trabajadoras.

Kiyosaki empieza relatando su propia experiencia personal. Así, sabremos que su padre, un funcionario bien remunerado, estaba obsesionado con que terminase los estudios universitarios, encontrase un trabajo estable y bien pagado y adquiriera una casa a modo de inversión. Muy distinto era el padre de uno de sus amigos: un empresario que no terminó la educación básica, que detestaba trabajar para otros (ya fuera el Estado o los accionistas de una compañía), especialmente de manera indefinida, y en cuya lista de prioridades la compra de una vivienda figuraba en los últimos lugares.

Kiyosaki comparó ambas concepciones a fin de averiguar cuál era la mejor. Pues bien: a la primera acabó denominándola visión del "padre pobre"; a la segunda, visión del "padre rico".

La enseñanza básica que Kiyosaki trata de transmitir es que la riqueza no está ligada al consumo compulsivo, sino a la posesión de un conjunto de activos (patrimonio) que generen rentas suficientes como para poder vivir sin trabajar.

Según Kiyosaki, el error de los pobres es que prestan mucha atención a la renta de los ricos y ninguna al origen de la misma. Los ricos poseen acciones, empresas, bonos o inmuebles que les proporcionan periódicamente dividendos, beneficios, intereses y alquileres. De hecho, si son prudentes y sólo consumen una pequeña porción de su renta podrán reinvertir el resto, ampliar su columna de activos y lograr una renta aún mayor en el futuro. El rico no necesita trabajar por dinero: su dinero trabaja por él.

Los pobres, por el contrario, quieren vivir como si fueran ricos pero sin ser como ellos. Dicho de otra manera: buscan trabajos con altos salarios para así poder disfrutar cuanto antes de una renta como la de los ricos. El problema es que, en lugar de invertir esos altos salarios en adquirir activos que les permitan alcanzar en el futuro la independencia financiera, los dilapidan casi por entero en el consumo, en vivir como ricos. Y, claro, como su renta procede sólo de una fuente (el trabajo), cualquier bache laboral (despido, reducción salarial) implica una disminución de la misma y, en teoría, del consumo. En teoría, porque en la práctica suelen preferir endeudarse para mantener su status.

Total, que mientras los ricos se embarcan en un proceso de acumulación de activos, los pobres lo que hacen es acumular pasivos. Cada vez tienen que destinar una mayor porción de su salario a amortizar los intereses de las deudas que han contraído, de modo que, lejos de encaminarse a la independencia financiera, van acercándose cada vez más a la insolvencia. Kiyosaki denomina a este proceso "la carrera de la rata": se trata de un círculo vicioso de endeudamiento del que cada vez es más difícil salir.

Frecuentemente, la carrera de la rata empieza con la adquisición de la primera vivienda. En EEUU –y para qué hablar de España– son muchos los que consideran que su residencia habitual es la inversión más importante que pueden acometer. Así que nada más lograr un trabajo más o menos indefinido conciertan una hipoteca con el objeto de comprarla.

A juicio de Kiyosaki, se trata de una decisión desafortunada, dado que se asume un volumen muy elevado de gasto en un momento en que la renta del sujeto es más bien modesta. Y, claro, pasa lo que pasa, que son legión los que se quejan –y para qué hablar de España– de que el sueldo apenas les llega para pagar la hipoteca.

Por incurrir en prácticas de este tipo, los pobres no pueden ahorrar y adquirir activos que les proporcionen renta. Su sueldo va a parar esencialmente al Gobierno y a los bancos; y si quieren consumir más (por ejemplo, para pagar los estudios de sus hijos) lo normal es que se vean forzados a buscar un segundo trabajo.

Kiyosaki cree que la pésima formación financiera que proporciona la educación pública es la causa última de la generalizada percepción de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. También influye poderosamente lo que se enseña en los hogares: los padres pobres transmiten a sus hijos ideas erróneas y los condenan a seguir siendo pobres, mientras que los ricos enseñan a los suyos a conservar y ampliar el capital acumulado.

La idea última de Kiyosaki está muy relacionada con las enseñanzas del filósofo Edward Banfield y, en buena medida, con las de la Escuela Austriaca de Economía. Según Banfield, la diferencia fundamental entre los ricos y los pobres está en su horizonte temporal: los primeros son capaces de representarse el futuro con mucha mayor nitidez y claridad. O, dicho a la manera austriaca: los ricos son capaces de idear planes a más largo plazo. Su horizonte temporal no está limitado a la satisfacción de las necesidades inmediatas, sino que efectúan transacciones intertemporales: renuncian a parte del consumo presente para poder disfrutar de más recursos en el futuro.

Si lo que quiere es alcanzar la independencia financiera, no sólo es importante que sepa invertir de manera adecuada, también ha de saber cómo gestionar sus finanzas. La clave está ahorrar con prudencia e invertir con éxito. Y en prestar mucha atención a maestros como Kiyosaki.
ROBERT KIYOSAKI Y SHARON LECHTER: PADRE RICO, PADRE POBRE: LO QUE LOS RICOS ENSEÑAN A SUS HIJOS ACERCA DEL DINERO ¡Y LA CLASE MEDIA NO! Aguilar (Madrid), 2008, 280 páginas.

http://libros.libertaddigital.com/aprenda-a-pensar-como-un-rico-1276235401.html

jueves, 20 de enero de 2011

¿Qué quiere ser, trabajador o capitalista?

'EL CUADRANTE DEL FLUJO DE DINERO'

¿Qué quiere ser, trabajador o capitalista?

Por Juan Ramón Rallo

Uno de los argumentos preferidos de la izquierda para nacionalizar la escuela y tomar el control de los planes de estudio es el de la promoción de la igualdad de oportunidades. En principio, si el hijo de una familia pobre es más inteligente y trabajador que de una familia rica, el sistema público de enseñanza le permitirá obtener un buen trabajo bien remunerado, hipotecarse para adquirir una mansión y disfrutar de todos los lujos de que disfruta la clase más acaudalada.
Al margen de los enormes y variopintos problemas que subyacen a este razonamiento –problemas que tienen que ver con la mediocridad del currículo de la escuela pública, o con el error de confundir salario alto con riqueza, por citar dos ejemplos–, la principal crítica que se me ocurre es que la educación financiera, lo más importante para poder llegar a amasar un patrimonio sustancial, se encuentra del todo ausente de nuestros sistemas de enseñanza. Por lo general, los ricos, que saben por experiencia cómo relacionarse con el dinero, son los únicos que transmiten esas lecciones fundamentales a su descendencia, así que el espejismo redistribucionista de la igualdad de oportunidades ni está ni se le espera.
En fin, que tras dejarnos un riñón y parte del otro costeando con nuestros impuestos la ineficiente y onerosísima educación pública, resulta que debemos de ser nosotros, a nuestra muy autodidacta manera, los que nos procuremos formación en lo relacionado con las finanzas personales. Peor que mejor, el Estado se encarga de formar –con cargo a los contribuyentes, claro– ingenieros, arquitectos, filósofos, historiadores y abogados, pero se olvida de proporcionar a la gente –incluyendo a quienes estudian para ser ingenieros, arquitectos, filósofos, historiadores o abogados– las nociones que precisan para ser financieramente independientes, esto es, para que acumulen un capital que les permita vivir de las rentas en vez de trabajar durante toda su vida 40 horas semanales –por lo menos– para apenas hacer frente a los pagos mensuales de sus deudas.
Libros de educación financiera los hay a decenas, y en los próximos meses iremos dando cuenta de varios de ellos. Pero algunos de los mejores forman parte de la serie de publicaciones Padre Rico, dirigida por Robert Kiyosaki. En otra ocasión ya les hablé de su muy interesante Padre Rico, padre pobre, que escribió a finales de los 90. Desde entonces, el éxito editorial ha sonreído merecidamente a este autor, que ha publicado una decena de libros más, en los que reitera sus consejos más importantes y desarrolla muchos de ellos.
A Kiyosaki le preocupa el modo de vida americano –y occidental– consistente en dedicarse a estudiar durante muchos años para obtener un título universitario que allane el camino hacia un gran salario, que a su vez abra las puertas a un endeudamiento incontrolable con el que sufragar al momento todos los caprichos que podamos tener –una casa en propiedad, un nuevo mobiliario, un automóvil, unas buenas vacaciones, etc.–. Para Kiyosaki, los analfabetos en materia de finanzas confunden ser rico con vivir como un rico. Los segundos se cargan de deudas para poder cumplir su sueño; los primeros, en cambio, tienen recursos suficientes como para hacer frente a todos sus gastos sin necesidad de trabajar.
Ahí está la clave: el pobre trabaja por dinero, mientras que el rico deja que su dinero trabaje por él.
Las personas que consumen como ricos recurriendo al crédito se vuelven esclavas de sus deudas; al contrario que los ricos, no pueden dejar de trabajar, porque en tal caso no serían capaces de hacer frente a sus deudas. Caen en la carrera del hámster: no dejan de dar vueltas en una rueda de la que no pueden escapar: cuanto más dinero ganan, más se endeudan, y cuanto más se endeudan, más tiempo y con más esfuerzo deben trabajar.
Kiyosaki insta a la gente a no vivir al día; o mejor, a no vivir el presente a cuenta del mañana. El rico utiliza sus recursos presentes para construirse un mejor, más próspero mañana.
En este sentido, El cuadrante del flujo de dinero es la continuación natural dePadre rico, padre pobre.
Una vez asentados los conceptos básicos, Kiyosaki sistematiza su división entre ricos y pobres distinguiendo cuatro estrategias para obtener entradas de efectivo: la estrategia de ser empleado, la de ser autoempleado, la de ser propietario de un negocio o la de ser inversor. Los empleados y los autoempleados deben trabajar por el dinero, mientras que los propietarios de negocios y los inversores dejan que el dinero trabaje por ellos.
Toda persona –salvo que viva del sector público– se encuentra en al menos uno de estos cuadrantes: los empleados trabajan para otra persona y, a cambio, perciben un salario; los autoempleados trabajan para sí mismos, y con la venta de los bienes o servicios que producen obtienen unos ingresos de los consumidores; los dueños de un negocio conciben un sistema empresarial generador de beneficios y pagan a otros para que trabajen en su lugar; en cuanto a los inversores, destinan su dinero a adquirir participaciones (acciones o bonos) en sistemas empresariales ya existentes.
En todos los cuadrantes puede vivirse dignamente, aunque parece claro que es en los dos últimos donde son mayores las posibilidades de ganancia y disfrute de abundante tiempo libre. Los ricos –aunque de todo haya– suelen ser o dueños de negocios o inversores, actividades que les permiten disfrutar de grandes rentas y de mucho tiempo libre. En ese sentido, a muchos les gustaría ser ricos, pero la inmensa mayoría jamás se ha planteado en qué cuadrante se encuentra ni –por tanto– qué debe hacer para dejarlo por uno mejor.
No es un asunto baladí, pues las reglas que operan y las habilidades requeridas son distintas en cada uno de ellos. Desde luego, la lógica del empleado no sirve para ser autoempleado, mucho menos para ser un buen inversor o un buen dueño de negocio.
El trabajador debe ser un muy buen reproductor de las tareas que le encomiende su empleador, y ha de tratar en todo momento que el valor de su producción supere el salario percibe. Sólo así podrá conseguir ascensos y aumentos de sueldo. En cambio, el dueño de un negocio debe saber rodearse de gente competente; no necesita ser el más listo de todos, sino el más hábil y perspicaz. Si necesita resolver un problema fiscal, no ha de ponerse a estudiar la legislación tributaria, sino contratar al experto más capacitado; si necesita personal que haga turnos largos, ha de preocuparse por buscar a gente que disfrute de su trabajo y pueda aguantar varias horas sin desmotivarse. La misión del propietario es, pues, tener una visión global del sistema empresarial que dirige; lograr que todas las piezas funcionen en armonía y sin fricciones con el propósito de servir de la mejor manera posible a sus clientes.
Kiyosaki hace un buen trabajo a la hora de mostrar los parecidos y las diferencias entre los distintos cuadrantes. Particularmente brillante me resulta su taxonomía de los inversores: están los que lo despilfarran todo (inversores nulos), los endeudados, los ahorradores, los sabihondos, los largoplacistas, los sofisticados y los capitalistas. Esta clasificación ordena de menor a mayor paradigmas de inversor en función de su nivel de sofisticación y de sus ganancias potenciales: desde los inversores que se endeudan creyendo que están comenzando a construir su patrimonio –cuando en realidad trabajan para que los bancos se enriquezcan– a los que emulan a los dueños de negocios a la hora de seleccionar su cartera de activos (como Warren Buffett).
Sin embargo, no acuda a este libro buscando técnicas concretas de inversión. Aunque Kiyosaki es un multimillonario que se ha enriquecido gracias al éxito que ha obtenido en la inversión inmobiliaria, sus libros no explican cómo se invierte; se centran en el paso inmediatamente anterior. Y es que –como le gusta repetir–, antes de invertir usted ha de comprender e interiorizar las reglas del juego de su cuadrante. Los empleados, por ejemplo, suelen tener un pánico enorme y en parte irracional a perder dinero y contentarse con obtener rendimientos cuasinulos antes que correr el menor riesgo si éste puede implicar pérdida alguna.
Si tiene usted esa mentalidad, olvídese de invertir: le queda mucho camino –psicológico– por recorrer. Los ricos aprenden y mejoran a partir de sus errores; los pobres, en cambio, se repliegan y se hunden psicológicamente. Si pierde 2.000 o 10.000 euros en bolsa, plantéese cuán distinto resulta fustigarse pensando: "Horror, ¡esto no es para mí! ¡Nunca más debo cometer el error de meterme en la bolsa!" que preguntarse: "¿Qué he hecho mal? ¿Qué debo cambiar para que, cuando vuelva a invertir en bolsa, no me pase otra vez lo mismo?".
Para eso, precisamente, sirven los libros de Kiyosaki. Como dice él, el rico conjuga de maravilla los verbos serhaber tener. Solemos obnubilarnos con el tener (riqueza), cuando lo cierto es que éste es consecuencia del haber (habilidades como inversor o como propietario de un negocio), lo que en gran parte es fruto del ser (predisposición a y preparación para ahorrar e invertir en condiciones de riesgo e incertidumbre).
Antes de disfrutar de una segunda o tercera vivienda, preocúpese de amasar el patrimonio con que pagarla. Antes de pretender amasar ese patrimonio, preocúpese de conocer bien cómo lograr que su dinero se multiplique –por ejemplo, estudiando las técnicas del value investing–. Y antes de aprender a multiplicar su dinero asegúrese de que verdaderamente quiere multiplicarlo, es decir, asuma que ha de afrontar ciertos sacrificios y cambiar de mentalidad. En definitiva: antes de estudiar cómo volverse rico, lea a Kiyosaki.

ROBERT KIYOSAKI: EL CUADRANTE DEL FLUJO DE DINERO. Punto de Lectura (Madrid), 2010, 309 páginas.
Fuente

viernes, 13 de noviembre de 2009

Parte IV: Estudio sobre la adquisición , conservación y mantenimiento de riqueza

Camino de la independencia con Robert Kiyosaki

Una peligrosa confusión entre las ideas de riqueza y de consumo sumen arriesgadamente a las clases medias, e incluso altas, en dinámicas de gasto que buscan muchas veces estatus más que verdadero bienestar económico. El bienestar reside en los activos (pisos, acciones, fondos de inversión...) que son capaces de generar rentas autónomas independientes del trabajo, y no en adquirir más bienes de consumo que esquilman nuestras finanzas en lugar de fortalecernos.

En un artículo precedente vimos cómo Robert Kiyosaki construía su autopista hacia la riqueza basándose en tres etapas:

  1. Jugar en más de un cuadrante a la hora de obtener ingresos. Es decir, no limitarse sólo a ser empleado por cuenta ajena, sino expandir las fuentes de ingresos hacia las inversiones, el trabajo por cuenta propia y en su caso la creación de empresas.
  2. Ir construyendo nuestra columna de activos para hacer que el dinero trabaje por nosotros, y
  3. Aprovechar al máximo los beneficios de la capitalización compuesta y tratar de acceder a una fiscalidad menos confiscatoria utilizando las herramientas desgraciadamente sólo reservadas a los más pudientes.

Sin embargo, por motivos de espacio, quedaron pendientes de repasar algunos de los principios más generales sobre los que Kiyosaki construye su propuesta. Dentro del apartado de requisitos previos nos encontramos con la necesidad de un cambio de mentalidad, de buscar nuevos maestros alternativos a la educación formal y de reconsiderar la errónea idea de los pobres de que rico es quien más consume, en vez de quien más activos tiene.

El cambio de mentalidad

La posición de Kiyosaki es clara: “Cualquiera puede hacerlo”. Repasando su propia experiencia descubrimos que él no era emprendedor y adquirió tales cualidades. Pero alcanzar la autonomía financiera, nos advierte, sólo se puede lograr con una sabia combinación de tiempo, conocimientos y mentalidad.

Cuanto más pronto se empiece más margen tendremos tanto para encontrar nuestro propio camino como para beneficiarnos de la capitalización compuesta.

Cada uno de nosotros tenemos un conocimiento propio, tácito, intransmisible derivado de nuestra experiencia vital que nos ayudará a descubrir las oportunidades de ganancia que se nos presenten. Son las líneas generales las que nos proporciona el autor en el libro. Unos principios más que suficientes para empezar. Los conocimientos específicos (los propios de cada sujeto), de nosotros mismos y de nuestra situación, sólo nosotros los conocemos. Cada uno debe optar por su camino. Debe identificar su valía y sus capacidades y ser un buen observador del entorno que le rodea para poder operar en él. Es a nosotros a los que nos corresponde determinar qué fuentes de rentas buscar o en qué bienes invertir. Hay personas que prefieren los inmuebles, otras las acciones, otras su propio negocio.

En cuanto a la mentalidad, Kiyosaki nos previene de la férrea voluntad requerida para alcanzar la autosuficiencia financiera. Llegar a ella es como ascender a una montaña, por una trocha de cabras, llena de zarzas y rodeada de precipicios. Muchos no lo podrán conseguir, simplemente porque no tienen o no quieren desarrollar esta aptitud. Para ellos sarcásticamente se aconseja que ingresen primero en el cuerpo de marines o en un convento de cartujos para adquirir la disciplina de la que carecen. Y es que gran parte de nuestros malos hábitos son consecuencia a la vez de la práctica adquirida de obrar en un determinado sentido, y la falta la voluntad y el valor para cambiarlos.

La quiebra de la educación tradicional. La necesidad de buscar nuevos maestros.

A lo largo de nuestras vidas, se nos ha preparado para que alcancemos títulos universitarios, con la esperanza de que lleven aparejados un buen salario. Nuestro país, más que ninguno, es una demostración del fracaso de este modelo. Existe demasiado sub-empleado con titulación universitaria. Nuestros estudios, y en ellos se pueden incluir los que tienen por objeto el estudio de la economía, escasamente nos forman para ejercer un trabajo. En materia de dinero, la formación recibida, o es nula, o, lo que es peor, está equivocada. Para alcanzar la independencia financiera es necesario encontrar nuevos maestros, mentores versados en la creación y administración de la riqueza y necesario también es adquirir por cuenta propia esos conocimientos que lamentablemente la educación oficializada persiste en ignorar.

La diferencia entre cómo operan ricos y pobres.

La parte en la que Kiyosaki explica cómo opera un sujeto rico y otro pobre es especialmente afortunada. El rico vive, y muy bien en ocasiones, de una pequeña parte del dinero proveniente de las remuneraciones de sus colosales columnas de activos. El resto lo reinvierte. Nunca desmoviliza el principal para sufragar lujos. A diferencia del pobre que llega a entramparse para conseguirlos. No sólo eso. Los ricos además están sometidos a sistemas fiscales y tributarios menos gravosos. Los ricos pagan sus impuestos una vez deducidos gran parte de sus gastos, los pobres pagan a Hacienda sobre sus ingresos brutos. A efectos prácticos sólo una que vez se ha cumplido con Hacienda es lícito empezar a ahorrar.

No terminan ahí las diferencias. Los ricos jamás aceptan un empleo sólo por el sueldo evitando de esta forma quedar atrapados en la “carrera de la rata”. Mientras los pobres ahorran dinero gastando mucho tiempo, los ricos gastan dinero para ahorrar su tiempo. Los ricos utilizan sus gastos para convertirse en cada vez más ricos. Los pobres los utilizan para empobrecerse gastando y hasta endeudándose en un consumo que su estatus en realidad no les permitiría asumir.

Para concluir, una reflexión: La clave de la creación de riqueza la tiene quien sabe responder a la pregunta: ¿cómo llenar la columna de activos sin llegar a comprarlos ya generados? A fin de cuentas, como nos advierte Kiyosaki, un negocio consiste en gastar dinero pagando a la gente para que cree activos, añadiendo que la razón por la que los pobres y la clase media tienen dificultades en incrementar sus activos de este modo suele ser que aprecian el dinero más que esta clase de verdaderos activos.

Robert Kiyosaki: las ideas de un iconoclasta

Pocas figuras en el mundo de las finanzas personales son actualmente tan controvertidas como Robert T. Kiyosaki. Es suficiente con leer la multitud de páginas que en Internet tratan de su persona y sus escritos. Es uno de esos autores a los que se odia o se ama. Aunque me identifico más con los segundos, trataré de ser objetivo al hacer el repaso de sus ideas.

La lectura de su primer libro, “Padre Rico, Padre Pobre”, me produjo un inmenso placer. El libro es, o pretende ser, una guía hacia la “autosuficiencia financiera” o, lo que es lo mismo, con este libro Kiyosaki pretende que podamos “vivir sin tener que trabajar”. Extraordinario conocedor de la naturaleza humana, Kiyosaki defiende, a mi juicio con éxito, que alcanzar dicho objetivo es algo a la vez deseable y perfectamente legítimo.

Pero Kiyosaki es también un iconoclasta y con este libro trata de derribar una serie de mitos, como por ejemplo:

-Que, para ganar dinero, es necesario ser rico o tener dinero,

-Que es fundamental la educación formal, específicamente la universitaria, para tener éxito en la vida; o

-Que una casa es siempre un activo.

La obra de Kiyosaki es sencilla, clara y muy amena. Define perfectamente situaciones de la vida con las que todos nos sentimos identificados, resultando de esta manera tremendamente útil y accesible. El autor asume riesgos al tratar de forma bastante novedosa diferentes materias cotidianas, muy útiles para el neófito. Sin ánimo de ser exhaustivo, ahí va un resumen de algunas de estas cuestiones:

Primer paso: ¿trabajar para los demás o para uno mismo?

¿Cuál es la mejor fuente de la que obtener los ingresos? En su segundo libro, “Cashflow, el cuadrante del flujo del dinero”, Kiyosaki clasifica hasta cuatro “tipos ideales” de personas según su fuente predominante de ingresos: empleado, autónomo, empresario e inversor. En principio, cualquiera es buena. Pero ser exclusivamente un trabajador por cuenta ajena es muy arriesgado. Se tiene la tendencia de adecuar los gastos, no solo a los ingresos actuales, sino también a los ingresos esperados. Así, en una situación de crisis económica o de reconversión industrial, la inmensa mayoría de los trabajadores por cuenta ajena carece de los medios económicos para hacer frente a sus pagos, si ese trabajador resulta despedido.

Para Kiyosaki, el mayor problema no es siquiera este, sino un problema más bien de índole espiritual. Una persona acostumbrada a recibir remuneración, teóricamente “segura” por parte de un empresario, se acostumbra a ser dependiente. O lo que es lo mismo, “no responde tan bien” ante un entorno dinámico. No se dedica a buscar nuevas oportunidades, no ve otras opciones, y difícilmente va a acometer actividades que le supongan riesgos. Actividades todas estas que requieren un entrenamiento.

Segundo paso: el destino de nuestros ingresos. La construcción de la columna de activos.

El segundo de los puntos que Kiyosaki trata de establecer es qué hacer o qué se debería hacer con el dinero. Para ello define de una forma personal, pero creo que muy acertada, lo que para él es un activo y lo que es un pasivo. En líneas generales, establece que un activo es aquello que nos mete dinero en el bolsillo, nos remunera de alguna forma, o mejora nuestra situación económica en un futuro más o menos cercano, ya sea por el devengo de intereses, cánones, dividendos o rentas provenientes de alquileres. Inversamente, un pasivo es aquello que nos cuesta dinero: una hipoteca, cualquier bien que lleva asociados gastos recurrentes... Cada uno de nosotros somos libres de dar un destino u otro (adquirir activos o asumir pasivos) a cada centavo que tenemos en el bolsillo. Si optamos por lo segundo, pronto se encontrará uno inmerso en lo que Kiyosaki llama con una expresión ilustrativa “la carrera de la rata”.

Por el contrario, el autor defiende la construcción, en primer lugar, de una columna de activos lo más sólida posible. Lo que Kiyosaki pretende es: “hacer que el dinero trabaje para nosotros, y no nosotros para el dinero”. En el camino hasta la autonomía financiera, es preferible, por no decir necesario, convertirse en “el dueño de la empresa”, en lugar de ser un asalariado de ella. Para conseguirlo, existen varias vías, o se crea la empresa desde cero, o se adquieren acciones, que son un elemento clave de la construcción de la columna de activos.

¡Ojo con la compra de la casa!

Desde el punto de vista de Kiyosaki, la compra de una casa supone a los particulares la adquisición de un pasivo, pues en el mejor de los casos genera los gastos asociados a la propiedad y, en el peor, a ellos se añaden los propios de la hipoteca. Tampoco es seguro que el inmueble siempre conserve o aumente de valor pues el precio de los inmuebles también está sometido a los avatares del mercado.

Este es uno de los puntos que más conmoción y controversia produce entre los que han leído el libro, que, hasta ese momento, consideraban sus casas como el activo más importante que poseían. El autor advierte que inmovilizar una cantidad tan grande de dinero y asumir altos compromisos de pagos mensuales durante veinte o veinticinco años, es un error que puede alejarnos casi definitivamente de nuestro camino hacia la autonomía financiera.

Tercer paso: el camino hacia la riqueza, el interés compuesto y las ventajas fiscales

Construir la columna de activos requiere de una cierta disciplina. Hay que organizarse. En primer lugar, hay que suprimir todo tipo de gasto superfluo y, en segundo, procurar invertir de la forma más sensata posible. Conforme lo vayamos llevando a cabo observaremos cómo el “interés compuesto” comienza a operar a nuestro favor. El mismo interés que nos asfixia cuando compramos a crédito es el que remunera nuestros activos, si hemos sabido trabajar para crearlos.

Con el tiempo, si nuestro nivel de riqueza es suficiente, podremos acceder a una mejor fiscalidad empezando a deducir gastos antes de pagar los impuestos o soportando tipos marginales menores a través de alguna forma jurídica de conveniencia.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Parte III: Estudio sobre la adquisición , conservación y mantenimiento de riqueza

¿Cuántas cestas y cuántos huevos en cada cesta?

“No hay que poner todos los huevos en la misma cesta”. ¿Quién no ha escuchado este elemental principio de prudencia a la hora de invertir? La recomendación es muy buena, pero poco nos dice respecto a cuántas cestas es conveniente utilizar y cuántos huevos hemos de poner en cada cesta.

El multimillonario magnate del acero Andrew Carnegie recomendaba, para hacerse rico, “poner todos los huevos en la misma cesta y luego vigilarla día y noche”. Sin llegar a tales extremos, Warren Bufett desaconseja la diversificación si lo que se pretende es obtener rentabilidades sobresalientes. Cuanto más diversificas más te aproximas al promedio y el promedio no puede ser por definición sobresaliente. Así, suele decirse que quien utiliza esta forma de administrar el patrimonio, que trata de diversificar invirtiendo en todo y por todos lados, acaba teniendo más que una cartera de inversión un Arca de Noe con una pareja de cada especie.

Pero no todo es malo en la diversificación ni mucho menos. Una cartera de inversión adecuadamente diversificada evita que uno o dos fracasos particulares puedan dañar significativamente todo nuestro patrimonio. Además al suavizar el efecto de los vaivenes de empresas y sectores particulares acaba proporcionándonos mayor liquidez. Si necesitamos desinvertir una parte de nuestro patrimonio tendremos más opciones de evitar malvender por necesidad aquellos activos nuestros que en dicho momento estén infravalorados por el mercado.

¿Se nos plantea pues la cuestión de cómo conjugar ambos principios? El maestro Ben Graham nos dio la solución. Se trataría de incorporar el principio de calidad al de diversificación. O, dicho de otro modo, utilice varias cestas, pero fíjese bien en que las cestas son robustas, de excelente material y están muy bien vigiladas. Como decía Graham, diversificar en la lotería es ruinoso mientras que diversificar en la presumible excelencia es asegurar aún más la ganancia.

Tipos de inversores

Robert Kiyosaki plantea en su recomendable libro El cuadrante del flujo de dinero una clasificación de cómo son los inversores en función de su perfil de riesgo y su pericia inversora. En nuestro reciente estudio, Una Sociedad de Propietarios, abogamos por que las clases medias puedan alcanzar su independencia financiera de forma escalonada y sin grandes trastornos ni quebraderos de cabeza. Robert Kiyosaki es más radical.

Para Kiyosaki, hay cuatro cuadrantes desde los que se puede obtener un sustento económico: como empleados (E), autoempleados (A), dueños de negocios (D) y/o inversores (I). Esto, huelga decirlo, no tiene nada de radical. En cambio, su propuesta sobre cuáles son los cuadrantes estrella, aquellos en que debemos enfocarnos para obtener la libertad financiera, lo es algo más. Él habla de buscar con pasión y determinación los cuadrantes D e I. Y no le falta razón. Si somos realmente buenos manejándonos en estos dos cuadrantes, el flujo de ingresos tiene un potencial muy superior al que obtienen los empleados (A o E), aunque, al mismo tiempo, sean inversores (más modestos). Pese a todo, Kiyosaki nunca ha rehusado la necesidad de convertirse en E en los primeros pasos profesionales para adquirir el conocimiento de los negocios necesario con objeto de emprender aventuras más personales, ya sea creando un nuevo sistema de negocio, ya sea invirtiendo en empresas con buenos fundamentos. Hay que conocer el terreno sobre el que se pisa.

Con todo, nuestra propuesta de una sociedad de propietarios aspira a ser abrazada por buena parte de la clase media. Y hablando de perfiles de personas, cada uno con su formación, capacidades o compromisos, se torna más realista una alternativa que no suponga unos cambios muy traumáticos, con saltos al vacío sin red y metas difíciles de alcanzar para un gran sector de población.

Lo que sí es claro es que el fin de adquirir cotas de independencia financiera a partir de la planificación de objetivos y presupuestos, así como por las ventajas de la capitalización compuesta, no está reñido con ningún perfil inversor. En función del conocimiento o pericia de cada uno de ellos, las metas u objetivos podrán ser más elevados, pero, cualitativamente, los pequeños inversores (clase media) serán los principales beneficiarios de abrazar la sociedad de propietarios, más que nada, porque en la actualidad no se están favoreciendo, como socios-accionistas, de la enorme creación capitalista.

Robert Kiyosaki nos habla de varios tipos de inversores en función del nivel de sofisticación:

  • Los meros ahorradores, que dejan su capital en cuentas corrientes, a plazo fijo o en algún fondo de inversión de baja revalorización y altos gastos de administración, ven cómo sus ahorros difícilmente consiguen mantener el ritmo de la inflación.
  • Inversores conservadores: dentro del primer grupo de inversores por orden de asunción de riesgo, aparece esta clase de inversor no muy sofisticado, pero que ve acrecentar su aportación de rentas patrimoniales con el solo hecho de indiciar su capitalización, a través de un fondo de inversión, al IBEX (en torno a un 10% nominal anual), siempre que dicho fondo no tenga unas comisiones muy elevadas. Al mismo tiempo, invierten en las llamadas blue chips, se dejan asesorar por expertos, etc.
  • Inversores más avanzados: superando los índices promedio en un par de puntos, aparecen inversores más sofisticados que analizan la evolución de los mercados, la legislación y cómo afecta a que determinados sectores empresariales florezcan o decaigan, o cómo ciertas medidas impositivas gravan sobre algunas formas de ahorro o inversión, qué valores tienen potencial de crecimiento, investigan los balances de las empresas y sus informes anuales, etc. Estos asumen algún riesgo superior, pero lo contrarrestan diversificando sus inversiones. Generalmente, consiguen tasas de revalorización más elevadas (a partir de un 12% nominal).
  • Inversores exitosos: Los inversores exitosos alcanzan revalorizaciones del 18-25% en adelante. Son personas realmente conocedoras del mundo financiero y empresarial. Efectúan inversiones más agresivas que los anteriores; a veces, de elevado riesgo, aunque reservan sólo un porcentaje de su capital para este tipo de inversión y tienden a no superarlo. Se exponen muy poco fiscalmente, por lo que dominan muy bien las leyes tributarias y cómo afectan a las herramientas de inversión que utilizan. Generalmente, crean corporaciones o sociedades familiares en las que funden sus ganancias.
  • Los socios capitalistas: por el contrario, estos son ya una “empresa” en sí misma, su labor fundamental es la búsqueda continua de oportunidades de negocio, tienen olfato para las inversiones en nuevas aventuras empresariales. Aportan parte de su capital, de su conocimiento financiero y empresarial, de cómo desarrollar un sistema empresarial y, al ayudar a la creación de nuevas empresas, se generan empleos, nuevos bienes y prosperidad. Ya vimos todo este proceso.

Como se viene avanzando, las clases medias pueden encajar sin mucho esfuerzo con el perfil conservador o más avanzado con objeto de lograr la independencia financiera. Les llevará más tiempo, pero menos noches sin dormir si es que no están realmente preparados para recibir su flujo de ingresos de un único cuadrante I o D.


Que el dinero trabaje por ti y no al revés

Robert Kiyosaki, cuyos libros están destinados principalmente a la promoción de la cultura financiera entre la población general, emplea una frase, en su libro Padre rico, Padre pobre, con la que nos conmina a “hacer que el dinero trabaje para nosotros, y no nosotros para el dinero”.

Gracias a su formación financiera, la oportuna vigilancia de su inversiones y la capitalización compuesta, su capital crece mientras ve un partido de fútbol. Juega al tenis y su dinero trabajaba para él; está dando un paseo por la playa y la rueda de la economía sigue girando; lee una novela y sus activos no cesan de producir..”
Raquel Merino

Esta frase no es baladí ni mucho menos y tiene una importancia notable al llevar implícito lo antagónico que es el esfuerzo que se ha de realizar para alcanzar retribuciones financieras que provienen de nuestro trabajo físico frente al que se exige en nuestras inversiones convenientemente realizadas (gracias a unos fundamentos financieros, cuando menos, básicos). No en vano, el título de toda esta sección es precisamente "que el dinero trabaje por ti".

Así pues, cuando alguien se encuentra en una ilusoria sensación de bonanza económica devenida por un estatus social elevado alcanzado a costa de gastos y más gastos (“carrera de la rata”), en realidad, está exponiendo al máximo, no sólo su situación financiera (no hay ninguna riqueza real) sino su vida personal. Este individuo, con su proceder, está sacrificando su salud física y su convivencia familiar al trabajar cada vez más duro, sin descanso, para obtener superiores rentas salariales con las que mantener su creciente nivel de vida.

Por el contrario, imaginemos a alguien financieramente responsable, que no ha expuesto nunca sus rentas salariales a mayor gloria de su imagen: ha trabajado, ha ganado dinero, ha ahorrado parte, ha invertido sensatamente otro tanto, ha buceado entre las alternativas más económicas para conformar su cesta de la compra, no se ha comprado una vivienda más allá de sus posibilidades o necesidades. Al contrario, en lugar de endeudarse enormemente con el precio de una casa fuera de órbita, adquiere una más modesta y aprovecha para comprar dos garajes (además de cualquier otros activos financieros o inmobiliarios que vaya configurando). Probablemente, estemos hablando de una persona que llegará a una edad relativamente temprana con una gran acumulación de capital y riqueza. Y sus activos han ido creciendo sin que su revalorización exija de sí un esfuerzo continuado.

Así, su dinero trabajaba para él, y no al revés, como sí sucede cuando anhelamos mejorar económicamente y nuestra única salida es trabajar más intensamente (como sucedía con nuestro personaje anterior): gracias a su formación financiera, la oportuna vigilancia de su inversiones y la capitalización compuesta, su capital crece mientras ve un partido de fútbol. Juega al tenis y su dinero trabajaba para él; está dando un paseo por la playa y la rueda de la economía sigue girando; lee una novela y sus activos no cesan de producir.

La gran ventaja es que las rentas patrimoniales, frente a las salariales, están desligadas de un esfuerzo netamente físico. Una vea invertidas, están desvinculadas de nuestro propio proceder más allá de la responsable vigilancia de aquellos mercados, países, compañías en que invertimos. Pero la economía y las empresas no dejan nunca de funcionar porque nosotros estemos tomándonos unas vacaciones o porque directamente nos hayamos retirado del mundo laboral.

martes, 15 de enero de 2008

Unas reflexiones mías sobre la pobreza

Creo que el problema radica en la falta de cultura financiera e ignorancia.
La mayoría de las personas viven por encima de su nivel de vida, y su capacidad de ahorro es mínima, porque se endeudan más y más.(creyendo que asi mejorarán, pero lo único que hacen es trabajar para el dinero y empeorar su calidad de vida, es decir meterse en la carrera de la rata, "Padre pobre,padre rico Kiyosaki").
La falta de cultura financiera hace que mucha gente dependa solo de sus sueldos para salir adelante.No tener otros ingresos o no saber como obtenerlos provocan una alta dependencia del Gobierno( al que le pagamos los impuestos), de los Bancos ( al que le debemos las hipotecas),empresarios( al que forramos con nuestro trabajo).
Pero hay una solución a esto ,es enseñar en los colegios ,conocimientos financieros en vez de educación para la ciudadania.
¿ Porque no le interesa a un banco sus ahorros, y si le interesa que le pidas una hipoteca? muy facil el darle tus ahorros implica para ellos darte una rentabilidad del 3% y tener ademas que guardarlos para cuando te haga falta, en cambio ,si pides un prestamo ellos ganarán una rentabilidad del 6% o 7%. Por eso cuando un banquero te dice que tu hipoteca de 80000€ a 30 años es de 8% , no te esta diciendo toda la verdad, realmente es del 160% osea que al final,acabarías pagando unos 213000€ = 80000dinero prestado+133000 de interés
Hay un interes por la clase política , los bancos y los grandes patrimonios de que las clases medias sean dependientes y no alcanze la independencia financiera.
Por otro lado ,veo que la mayoría de la gente que invierte en bolsa o esta en los foros lo hace a corto plazo, como especuladores,eso implican que a la larga ganen mucho menos ( si es que ganan)que si lo hicieran a largo plazo como inversores.¿Porque? Por que eso es lo que le interesan a los "Analistos", sino de que vivirían los "Analistos", y las mayorías de las agencias de valores que se enriquecen con vuestra compra y venta de acciones constante , mientras ellos cobran unas comisiones fijas.
El largo plazo es mas rentable y seguro que el corto plazo,y gracias al interés compuestos de nuestras inversiones podremos hacer que nuestro dinero crezca y nos genere otra renta aparte de nuestro sueldo para asi poder ser menos dependiente del gobierno o empresario( osea mas libres) , asi tendremos mas libertad para cambiar de trabajo sino nos gusta , porque tenemos unos ingresos (activos) provenientes de nuestras inversiones( dinero que trabaja para nosotros).
Siempre recuerdo la historia de ese policia municipal que invirtió durante un tiempo sus ahorros ,sin tener demasiados conocimientos financieros en bolsa , pero el constantemente metia dinero durante muchos años en bolsa, bien que le pillo el comienzo de un ciclo alcista que hizo que sus ganacias fueran mayores, pero sus ahorros se multiplicaron y llego a juntar una cantidad de 3.600.000€.¿ Usted cree que con su sistema de inversión a corto plazo podrá conseguir esa cantidad de dinero?¿ Con el sueldo de policía municipal puede uno juntar 600 millones de ptas sin invertirlos? ahí dejo esas preguntas para la reflexión.
Si tenemos que endeudarnos que sea otro el que pague por nosotros( cuadrante del flujo del dinero Kiyosaki),un ejemplo si compras un piso, alquilalo, y que sea el arrendatario el que pague por nosostros.
El sistema capitalista ha demostrado que es el mejor sistema para mejorar económicamente, frente regímenes socialistas o comunistas ( veáse korea del Norte frente a su vecina del sur), el problema es la ignorancia de la gente o desconocimiento sobre como hacer que el dinero trabaje por nosotros, para así no depender solo de medidas"sociales" de los Gobierno para mejorar nuestra calidad de vida.( en realidad no se mejora con esas medidas sociales pues ese dinero lo saca el gobierno subiéndonos los impuestos por otras cosas)Saludos