Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



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viernes, 4 de julio de 2014

Impuesto al trabajo

John Müller
El Mundo , 3 de julio de 2014 

Uno de los progresos logrados en el debate económico español en esta crisis es que por fin se consideren las cotizaciones sociales como lo que realmente son, un impuesto al trabajo. El Informe Lagares es, probablemente, el primer estudio oficial que asienta con firmeza esta idea, siguiendo las tendencias que cobran fuerza en la OCDE, la UE y el FMI. De esta manera, es mucho más fácil sentir la presión fiscal.
Ayer se presentó el Día de la Liberación Fiscal, el informe que elabora la Fundación Civismo que preside Julio Pomés sobre cuántos días trabaja un español para satisfacer sus obligaciones tributarias. Este año se necesitan de media 184 días, lo que significa que sólo a partir del 4 de julio lo que ingrese un ciudadano será realmente suyo. El estudio lo firma Cristina Berechet y en él la fiscalidad del empleo tiene un peso enorme. De hecho, de los 184 días, 102 corresponden a las cotizaciones sociales que paga el trabajador (6,35%) o la empresa (29,9%) en su nombre. Como las primeras no se ven en la nómina, los trabajadores no son conscientes de su importe, pero son un coste para el empleador.
Este impuesto al trabajo es muy distorsionador. Primero, sólo es progresivo hasta los 43.164 euros brutos anuales. Las rentas que superen esa cifra, no pagan más porque las cotizaciones están topadas. Se convierte a partir de ahí en otro impuesto regresivo como el IVA o los especiales, aunque por lo menos del IVA se puede predicar que su efecto en la economía es neutro, mientras que las cotizaciones sí disuaden a muchos empresarios de crear empleo. ¿Por qué, si no, tantas bonificaciones y tarifas planas de 100 euros para los nuevos empleos?
Además de disuadir, resulta que a las empresas les es más interesante subirle el sueldo a los que ya están topados que a los que ganan menos, ya que una subida por debajo del límite hay que compartirla con la Seguridad Social. Así, las posibilidades de que un mileurista mejore y lo vea en su nómina son proporcionalmente menores que las de un sueldo superior.
Las cotizaciones españolas están entre las más altas de Europa. La relacionada con la jubilación, discapacidad y supervivencia nos sitúa en el tercer lugar, sólo por detrás de Italia y Portugal. Si se comparan los demás conceptos homologables, nuestra cotización (33,7% del salario bruto) queda en séptimo lugar, alejada del 42% o 41% que pagan países como Austria, Francia o Alemania. Sin embargo, en esos países la Sanidad se financia a través de la Seguridad Social, no como en España donde desde 1999 la Sanidad se financia con cargo a los Presupuestos.
Otra peculiaridad de nuestro impuesto al trabajo es lo bien camuflado que está. La parte del león de las cotizaciones las pone la empresa, lo cual hace más difícil que el trabajador vea lo que se le está detrayendo de su renta. En la nómina sólo tendrá reflejo ese 6,35% que él aporta directamente. En Alemania es al revés, la parte mayoritaria la pone directamente el trabajador y una residual la empresa.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Seguridad social. ¿ cuanto pagamos realmente?

Fuente.

Mi impresión es que la Administración Pública, que incluye a la Seguridad Social, es muy renuente a la transparencia en sus cuentas. Es muy difícil obtener los datos y casi imposible que estos vengan en un formato comprensible por el ciudadano.
Los ejemplos al respecto son muchísimos. Baste decir que hasta hace poco los datos de gastos e ingresos de la Administración Pública en España se publicaban por la IGAE (Intervención General de la Administración del Estado) con casi dos años de retraso. Por suerte, desde 2012 en que la UE empezó a apretar al Gobierno Español, ha habido una mejora más que sustancial y estos datos se publican ya cada trimestre.
Es curioso que, en aras de la transparencia, la Administración Pública obligara a las empresas privadas a presentar sus cuentas auditadas apenas tres o seis meses de final de año, mientras ella misma tardaba más de 18 meses.
Seguridad Social: los números sobre el salario medio en España


Un ejemplo típico de esta falta de transparencia y que nos afecta a todos los trabajadores es la cotización que en nuestro nombre la empresa paga a la Seguridad Social, Desempleo, Formación y Fogasa (Fondo de Garantía Salarial) y que no aparece en nuestra nómina. Es la llamada cuota empresa. Veamos los datos con un ejemplo.
Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), en 2012 el salario medio en España fue de 18.601€ euros/año, lo que para 14 pagas hace más o menos unos 1.329€ al mes. Lo que aparece en su nómina mensual como salario bruto son 1.329€. Sin embargo, su salario de verdad, y lo que le paga la empresa al trabajador es mucho más:
23,6% por Seguridad Social.
5,5% por desempleo.
0,6% por formación profesional.
0,2% por Fogasa.
Total, nuestro salario es un 29,9% superior a lo que dice nuestra nómina, no 1.329€ al mes, sino 1.726€ . La diferencia no es baladí.
De los 1.726€ al mes que realmente cobramos de salario se van a Seguridad Social y similares un 29,9% que no aparece en la nómina y otro 6,35% que sí aparecen en nuestra nómina. Esto hace un total de 482€/mes. Además, pagamos un IRPF del 25%, que son 332€ al mes.
En resumen, de los 1.726€ de salario, recibimos neto al bolsillo… 912€ al mes. Los otros 814€, casi la mitad, los hemos pagado en impuestos y Seguridad Social . Si te pagan realmente 1.700€ pero se te van 800€ en impuestos y Seguridad Social, no es de extrañar que predomine el mileurista.

Con esta práctica, la Administración Pública nos está ocultando que nuestro salario de verdad es mayor, que lo que paga la empresa por nosotros es más de lo que vemos en la nómina y que lo que pagamos por Seguridad Social es mayor de lo que pensamos. La verdad es que no entiendo esta falta de transparencia.
Alguno podría argumentar que ese pago del 30% lo paga la empresa, no el trabajador. No es cierto. Lo paga el trabajador, pero la empresa se lo retiene y lo ingresa directamente en la Seguridad Social, para que el trabajador ni se entere. De hecho si una empresa no ingresa ese dinero la Administración Pública lo considera apropiación indebida. En fin, me parece muy fuerte que la Administración nos siga manteniendo en este engaño que ningún partido político ni gobierno ha querido arreglar.

Conclusiones
El lector puede sacar sus propias conclusiones. Las mías son sencillas:
El salario medio no es tan bajo como a veces pensamos: ¡1.726 euros al mes es un dinero!
¡Pagar 996 euros de impuestos varios parece una barbaridad! Es el 58% de tu salario.
Te quedan sólo 730 euros al mes si metes un 20% de otros impuestos IVAs, IBIs, impuestos a la luz, carburantes etc..lo que sí que es una miseria!
¿quién tiene la culpa de mi salario miserable?
¿ Por qué existe tanto trabajadores mileuristas?
¿ Y quién es el verdadero explotador del obrero el estado o el empresario?
Tu ne cede malis sed contra audentior ito. Jamás cedas a la maldad, por contra opente a ella  con todas tus fuerzas.

domingo, 9 de febrero de 2014

Formación económica para los socialistas de todos los partidos

 ¿Por qué hay países que careciendo de salario mínimo o convenios colectivos tienen unos salarios de partida mucho más elevados que aquí? ¿ Cómo Google pudiendo pagar mucho menos paga a sus becarios 6000€/mes?

domingo, 28 de octubre de 2012

Las consecuencias del salario mínimo y de la falta de libertad económica



Ludwig von Mises puso de manifiesto en su libro " Crítica del intervencionismo" que las políticas intervencionistas frecuentemente consiguen unos resultados que son contrarios al objetivo perseguido. Como ejemplo los salarios mínimos. El Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en España está fijado en 14 pagas de 641,40€/mes(Salario Neto del trabajador). Para que el trabajador reciba ese salario el Empleador tiene que pagar 14 pagas de 1180,65€/mes (Salario Bruto). 
¿ Cuál es el efecto real de la medida? 

NINGÚN EMPRESARIO CONTRATARÁ A UN TRABAJADOR QUE, POR LA CAUSA QUE SEA , PRODUZCA UN VALOR POR DEBAJO DE 1180,65€/MES. 
Los primeros afectados por no tener un salario mínimo libre acordado entre el trabajador y el empresario es justamente aquellos que se dice proteger: 
1º Jóvenes que buscan su primer empleo.
2º Los emigrantes o los ocupados en empleos marginales.
Al no poder acceder a una ocupación , se les priva de su sustento aquellos que más lo necesitan.
Ahora explicárselo esto a los sindicatos.

Otra lección: La importancia de la libertad económica.

Relación entre la libertad económica y la calidad de la vida de la gente. Vean el vídeo

Las tasas de paro por debajo del 4% de Andorra y Gibraltar demuestran el éxito de gobiernos reducidos y amplia libertad económica. ( súmale Suiza, Singapur, Hong Kong  los países más ricos del mundo con mayores rentas debido entre otras cosas a un tamaño pequeño del sector público).

Saludos

viernes, 19 de octubre de 2012

Desglose de una Nómina




El empleado recibe neto 641,40€ al mes neto( 8979,60€ al año) y el empresario paga 1377,67€ al mes en bruto ( 16532,11€ al año).

De los 641€ que le queda al trabajador quitarle el 50% de impuestos de la gasolina que consuma cada mes, 50% de impuestos de la luz, 21% de impuestos de la comida,ropa etc... Ese querido Estado de bienestar que tanto defiende los socialistas de todos los partidos se come más del 60% de su sueldo. Si a eso le sumamos unas pensiones públicas de miseria tenemos como resultado pobreza, miseria, hambre y conflictos . Solución más capitalismo y menos Estado.


Hoy en día no vivimos en sistemas 100% capitalistas mas del 45% del PIB lo controla el Estado, es decir vivimos en sistemas híbridos de libertad y coacción, híbridos de mercado y Estado, híbridos de sociedad civil y política.

El mercado absolutamente libre es un señuelo porque uno nunca es completamente libre. Estamos rodeados de restricciones y muchas veces para criticar a los liberales se nos acusa de utópicos, como si el socialismo no lo fuera. La diferencia entre el liberalismo y socialismo es que el socialismo riega sus utopías con sangre. Se trata de conseguir que en este híbrido en el que vivimos, la coacción disminuya y la libertad aumente. Asombrosamente, cada vez hay más democracia y cada vez la gente elige menos y democracia significa elegir. No solamente suben los impuestos, es decir, que podemos elegir cada vez menos lo que hacemos con nuestro dinero, sino que de pronto si eres catalán y quieres ir a los toros, no puedes porque un Parlamento te lo ha prohibido. Por no hablar de si te gusta ir a un restaurante y fumar un cigarro. Se ha perdido esa libertad por completo desde la ley. Tenemos un problema.

El capitalismo no debería ser condenado, pues no hemos tenido capitalismo. Un sistema de capitalismo presupone dinero sólido, no dinero fiduciario manipulado por un banco central. El capitalismo aprecia los contratos voluntarios y los tipos de interés que vienen determinados por los ahorros, no la creación de crédito por un banco central. No es capitalismo cuando el sistema está plagado de reglas incomprensibles respecto de fusiones, adquisiciones y ventas de acciones, junto con controles de salarios, controles de precios, proteccionismo, subvenciones a las empresas, gestión internacional del comercio, impuesto a las sociedades complejos y punitivos, contratos públicos privilegiados con el complejo industrial-militar y una política exterior controlada por intereses corporativos e inversiones en el extranjero. Añadan a esto la mala gestión federal centralizada del agro, la educación, la medicina, los seguros, la banca y el bienestar. ¡Esto no es capitalismo!

Condenar al capitalismo de libre mercado por cualquier cosa que pase hoy no tiene sentido. No hay evidencia de que hoy exista capitalismo. Estamos profundamente inmersos en una economía intervencionista planificada que genera grandes beneficios a los que tengan conexiones políticas con ambos partidos políticos. Pueden condenarse el fraude y el sistema actual, pero deben calificarse con sus nombres reales: inflacionismo keynesiano, intervencionismo y corporativismo. --Ron Paul

sábado, 25 de agosto de 2012

¿Qué determina el sueldo de un trabajador?



No es que los más pobres cobren menos, la relación causa-efecto es la contraria: los que cobran menos son más pobres; y cobran menos porque producen menos, y producen menos por falta de capital bien invertido. No hay explotación en que cada uno cobre lo que produce, y a eso es a lo que tiende el capitalismo.

¿Qué determina el sueldo de un trabajador? Su productividad. No hay ninguna otra razón. Si un trabajador produce 20€ a la hora, su sueldo no podrá ser superior nunca a 20€. De lo contrario, la empresa tendría que cerrar porque mantener al trabajador produce pérdidas.

¿Qué implicaciones tiene la explicación anterior? Pues simple y llanamente, que nunca se nos pagará un sueldo superior a nuestra productividad.

Y este es el motivo por el cual el salario mínimo perjudica a los trabajadores menos cualificados. ¿Por qué? Porque elimina su única arma para competir contra otros trabajadores más cualificados: ofrecer su trabajo a un precio más bajo.

Los trabajadores pueden competir por un puesto de trabajo de dos maneras: ofreciendo una productividad más alta por el mismo salario o aceptando un salario más bajo por realizar el mismo trabajo. Las leyes de salario mínimo hacen que los empresarios sólo puedan discriminar por criterios de productividad, lo cual deja automáticamente en situación de desempleo a jóvenes e inmigrantes.

¿Haría la ausencia de salarios mínimos que los salarios tendieran a cero? De ninguna manera. En el medio plazo, productividad (producto marginal) y salario tienden a igualarse. Esto es debido a que el trabajo es una mercancía y, por tanto, es escaso. Lo que hará que otros empresarios quieran optar a tener ese trabajador. Si el trabajador del ejemplo anterior cobrase 12€, otros empresarios no tardarían en ofrecerle 13, 14 o 15€ para que trabajase para ellos ya que produce mucho más de lo que cuesta. Así hasta llegar a 20€, que es su límite de productividad.

La idea de que los empresarios se unirían a modo de conspiración contra los trabajadores para pagar sueldos cada vez más bajos es ridícula y se aleja de la realidad. El salario (o contribución salarial) sólo se puede determinar por mecanismo de mercado. Ni lo pueden determinar unilateralmente los empresarios, ni lo pueden establecer coactivamente políticos y sindicatos.

Si esto no se quiere entender y se continúa manteniendo el salario mínimo en base a falsas justicias y derechos sociales, nuestro único futuro laboral será el desempleo masivo y crónico."

El salario mínimo es un impedimento jurídico para que la gente joven sin habilidades y la gente adulta con menos talento obtengan un trabajo formal para integrarse al proceso productivo de nuestra sociedad. Simplemente quedan fuera del mercado oficial de trabajo, mientras se favorece visiblemente a quienes ya tenían un empleo formal.

Pero son justamente los jóvenes y las personas menos productivas quienes más necesitan adquirir habilidades y avanzar en responsabilidades, por lo cual el salario mínimo resulta siendo un mecanismo perverso.

martes, 14 de agosto de 2012

¿Y si bajamos el salario mínimo antes de extender el subsidio?


Ante la polémica sobre si, como proponía recientemente el BCE, había que reducir el salario mínimo y ante la otra polémica sobre si había que mantener el subsidio extraordinario de 400 euros para los parados, se me ocurrió plantear por Twitter la siguiente pregunta: “¿Por qué trabajar por 400 euros al mes es indigno e ilegal pero recibir un subsidio estatal de 400 euros es un derecho social?”.

La cuestión no iba particularmente dirigida a defender la eliminación del subsidio de 400 euros (algo que podría defenderse, pero por otras razones) sino, simple y llanamente, a abrir un debate más sencillo: si consideramos digno y aceptable que una persona sobreviva con una renta estatal de 400 euros, ¿por qué elevamos a la categoría de indigno e ilegal el que una persona se gane esos 400 euros trabajando a tiempo completo (posibilidad prohibida merced a nuestras leyes de salario mínimo)?

La diferencia económica entre percibir un subsidio y un salario es fundamental: un trabajador recibe un salario porque contribuye a generar una riqueza que luego es vendida a los consumidores, mejorando el bienestar de estos últimos; un parado, en cambio, recibe un subsidio a partir de los impuestos que pagan los agentes que siguen generando riqueza, esto es, se apropia de una parte de la riqueza de esas personas sin entregarles nada a cambio.

Malos argumentos económicos

Entendería, y hasta cierto punto vería coherente, que una persona abogara por reducir el salario mínimo a, al menos, 400 euros al mes y, para aquellas personas que ni siquiera así hallen ocupación, promueva que se les asigne una ayuda temporal de 400 euros. Lo que me resulta incomprensible es que se opte por prohibir relaciones laborales de 400 euros (leyes de salario mínimo) y, en cambio, se considere imprescindible el mantenimiento del subsidio. ¿Acaso trabajar por 400 euros es indigno pero recibirlos sin trabajar no lo es?

La respuesta más inmediata para oponerse a la reducción del salario mínimo es que “con 400 euros no se puede vivir”. Pero si eso fuera así, ¿entonces qué ganamos conservando un subsidio de 400 euros con el que no se puede vivir? Ante esto, rápidamente se argumenta que la ayuda estatal de 400 euros constituye un auxilio transitorio a la espera de encontrar un trabajo. Pero, ¿un trabajo por el que se perciben 400 euros al mes no es una situación provisional a la espera de encontrar una ocupación mejor y con mayor remuneración?

Constatada la flagrante contradicción, entonces comienza el despliegue de malas intuiciones económicas. La más primaria y la que, en el fondo, más indignación genera es que si se pagaran salarios de 400 euros mensuales, “alguien se estaría aprovechando”. Ese alguien es, claramente, el empresario capitalista que, según este punto de vista, se lucraría a costa de abonar bajos salarios a los seis millones de parados.

Un parado que trabaja a cambio de 400€ crea riqueza y contribuye a relanzar la economía

Sin embargo, semejante explicación se topa con obstáculos muy serios. Si los empresarios españoles pudiesen pagar salarios de 400 euros mensuales a los seis millones de parados, ¿obtendrían una rentabilidad normalita (equivalente al 4-5% de su inversión) o una extraordinariamente alta? Si el caso es el primero, simplemente estaríamos diciendo que para crear negocios viables en España (que cubran el coste del capital) necesitamos salarios más bajos y, por tanto, no habría motivo para oponerse a la rebaja salarial (salvo que queramos impedir que se creen negocios viables en España). Si fuera el segundo caso, esto es, si pagar salarios de 400 euros fuera un auténtico chollo en relación con los ingresos que un empresario puede obtener mediante la venta de la producción de los trabajadores, nuestra predicción debería ser que, rebajando el salario mínimo a 400 euros, no sólo los seis millones de parados desaparecerían (pues sería una ganga contratarles y “explotarles”), sino que además la inversión extranjera entraría a tropel en nuestro país para dar empleo a las masas depauperadas. O dicho de otro modo, la inversión seguiría entrando en España hasta que el paro desapareciera, los salarios subieran y la rentabilidad de las empresas dejara de ser extraordinaria: si eso no sucediera, entonces es que la rentabilidad empresarial por pagar salarios de 400 euros al mes no sería tan extraordinariamente alta.

Pero, si lo fuera, ¿cuál sería entonces el problema de que los salarios se ajustaran a la baja transitoriamente hasta que se crearan en España nuevos modelos de negocio que permitieran ir abonando sueldos mayores con el paso del tiempo y la mejora de la productividad? ¿Acaso es preferible la alternativa de que el Estado se endeude hasta la bancarrota para proporcionarles a los parados subsidios de 400 euros que no contribuyen a crear esos modelos de negocio? No lo parece: a corto plazo, un parado que pasa a trabajar a cambio de 400 euros crea riqueza para los consumidores y a largo plazo contribuiría a relanzar la economía. Todo lo contrario que con los subsidios estatales.

Llegan entonces quienes sostienen que pagar salarios de 400 euros deprimiría aún más el consumo y hundiría la economía. De nuevo, el problema de esta tesis es triple: el primero, que lo mismo puede decirse de los subsidios de 400 euros. El segundo, que el crecimiento de las economías capitalistas no depende del consumo, sino del ahorro y la inversión. Y el tercero, que la situación española acredita que sus dificultades no vienen de la falta de consumo, sino la falta de inversión derivada de insuficiencia de oportunidades de negocio rentables. Y la falta de oportunidades de negocio no procede de la caída del consumo interno, sino de que no somos lo suficientemente competitivos como para vender mucho más al extranjero, y no lo somos por una cuestión de costes empresariales (entre ellos, el coste interno del trabajo). España se sigue endeudando con el exterior para financiar su gasto interno; un endeudamiento que ya no podemos permitirnos y que por tanto hay que reducir a cero (consumiendo menos y exportando más).

Esclavitud versus pobreza

Y en este punto es cuando todo intento por razonar colapsa y el interlocutor se limita a exclamar que con tales condiciones laborales volveríamos al esclavismo, lo cual constituye un disparate mayúsculo. Primero, porque entonces el subsidio de 400 euros al mes se convertiría, por idénticos motivos, en una forma con la que el Estado esclaviza o compra en propiedad a sus ciudadanos. Segundo, porque las relaciones esclavistas son coactivas, hasta el punto de que el esclavo no puede cambiar de trabajo si encuentra una oferta laboral mejor. Y tercero, por una falta de perspectiva geográfica e histórica: en muchos países europeos, salarios de 400 euros son la pauta general y en España hace 30 años en España se percibían sueldos medios reales de 900 euros (lo que significa que una parte de la población los percibía de 400 o 500) sin que nada de todo ello constituyera esclavitud.

No se trata, claro, de que uno desee volver a esas épocas pretéritas, sino simple y llanamente de diferenciar pobreza de esclavitud: ser más pobres (o mucho más pobres) de lo que lo somos ahora no nos convierte en esclavos, sino en más pobres. Y, de hecho, deberíamos ser conscientes de que la burbuja inmobiliaria, provocada y agravada por el intervencionismo estatal, sí nos ha pauperizado enormemente: negarnos a reconocerlo y a adaptarnos en consecuencia sólo hace que agravar nuestra ya de por sí precaria situación actual.

Al final, pues, toda esta instintiva crítica a los salarios bajos y su paralela defensa del subsidio estatal probablemente sólo sean un mecanismo de autodefensa: dado que si nos halláramos en una situación de desempleo preferiríamos cobrar un subsidio sin trabajar que trabajar por un salario tan bajo, tratamos de convencernos y de convencer a los demás de que tal escenario es el deseable, aunque objetivamente no lo sea. Desde un punto de vista social, sería mucho más generoso fabricar algo de riqueza para la comunidad (a partir de la cual cobrar un salario mensual de 400 euros) que arrebatar parte de la riqueza que generan los demás. Pero, desde el punto de vista individual, obviamente todos preferiríamos consumir sin producir (sin trabajar), de ahí que, incluso inconscientemente, se retuerzan los razonamientos para justificarlo.

La cuestión, sin embargo, sigue siendo: ¿por qué antes de entregar una renta estatal de 400 euros a los parados no descubrimos si puede crearse empleo y riqueza con salarios mínimos de 400 euros mensuales?

Fuente

sábado, 30 de junio de 2012

¿Qué es lo que ocasiona el aumento de los salarios?



En los Estados Unidos los salarios son más altos que en otros países porque el capital invertido "por cabeza" es mayor y las fábricas pueden por lo tanto, utilizar las herramientas y las máquinas más eficientes. Lo que se ha dado en llamar "sistema de vida norteamericano" es el resultado del hecho de que los Estados Unidos han puesto menos obstáculos al ahorro y a la acumulación de capital que otros países.

El atraso económico de ciertos países como la India, se debe precisamente a las políticas que impiden, tanto la acumulación del capital doméstico como la inversión del capital extranjero. Como el capital que se requiere está escaso, las empresas en la India no pueden utilizar los equipos modernos que son necesarios, y están por lo tanto, produciendo mucho menos en trabajo por hora y por trabajador. El resultado es que están en posición de pagar salarios que, comparados con los salarios americanos resultan sorprendentemente bajos.

Sólo existe un camino que conduce a un mejoramiento del standard de vida para las masas que perciben salarios y éste es el aumento de la cantidad de capital invertido. Todos los otros métodos, por muy populares que sean, no son sólo inútiles sino representan un detrimento del bienestar de aquellos a quienes tratan de beneficiar.



‎"Es la reserva fraccionaria, no la desregulación, la que expande el crédito para formar burbujas que, tarde o temprano, acaban estallando; es la banca central, gracias a sus bajos tipos de interés y a su papel de prestamista de última instancia, la que alimenta y dispara el desajuste entre la inversión y el ahorro, lanzando señales equívocas que conducen irremediablemente a cometer grandes errores empresariales al conjunto de los agentes; y son las autoridades políticas, no los especuladores, las que permiten –y siguen permitiendo– este esquizofrénico ciclo de auge y recesión que azota a las economías desde hace más de un siglo." - Manuel Llamas


"El capitalismo de libre mercado es relativamente nuevo en la historia de la humanidad. Antes, la forma que tenía la gente de amasar grandes fortunas era el saqueo, el robo y la esclavización del prójimo. El capitalismo hizo posible el enriquecimiento mediante la atención al prójimo. Los capitalistas tratan de saber qué es lo que quiere la gente para producirlo de la manera más eficiente posible." - Walter Williams



lunes, 4 de junio de 2012

SABES CUANTO DINERO TUYO SE LLEVA EL ESTADO EN 1 MES

Supongamos que eres un privilegiado y ganas 1000€/mes netos 


Para que tú recibas esa cantidad tu empresario tiene que pagarte 1570
Menos la cuota empresarial de la seguridad social 373 
Menos la cuota obrera de la seguridad social 77
Menos las retenciones de irpf de hacienda 120
Da como resultado una cantidad neta de 1000


Supongamos que tienes que coger el coche a diario para ir a trabajar y te gastas 50€/ semana.
Al mes sale un resultado de 200 
De los cuales el 18% corresponde a IVA 30
La gasolinera recibe 170
De los cuales un 50% son impuestos de hidrocarburos 85
Es decir que de los 200€ que pagas al mes en gasolina 115 son impuestos directos


Supongamos que fumas 3 paquetes de tabaco a la semana, a razón de 4€ por paquete
Al mes sale un resultado de 48 
De los cuales el 18% corresponde a IVA 8
El estanco recibe 40
De los cuales un 50% son impuestos de especiales 20
Es decir que de los 48€ que pagas al mes en tabaco 28 son impuestos directos


A estas alturas te quedarían 752€ (1000 - 200 - 48).
Digamos que ahorras 150€ al mes y destinas al pago de tu vivienda habitual (no está gravada con IVA las cuotas mensuales de hipoteca o alquiler, si está gravada con 4% IVA la compra de vivienda) 300€.


Tras el ahorro y el pago de tu casa tan solo te quedarían disponibles 302 para el pago de recibos de agua, luz, teléfono y otros gastos como alimentación y ropa. La mayoría de estos gastos están gravados con el 18% IVA ( 46€)


Resumiendo de los 1570€ al mes que te pago tu empresa, el estado se ha quedado con 
450 para la seguridad social
120 para tu irpf
84 para el IVA
105 en impuestos especiales
811€ es la cantidad neta sin impuestos que te has gastado en tu persona, esto supone un 51% en impuestos

viernes, 23 de marzo de 2012

Motivos para no ir a la huelga general del día 29 marzo ( comparativa entre países)



Si comparamos el coste del despido de España con otros países como Alemania, Francia, Italia, Austria, Reino Unido, Suecia y EEUU los resultados publicados aquí  vemos como España a pesar de la reforma sigue teniendo el mercado más proteccionista. Resultado tenemos el doble de paro que el resto de países de nuestro entorno. Vemos como países como Alemania,  Austria y Suecia no tienen fijado salario mínimo y tienen las tasas de paro más bajas de Europa( 5,4 y 7%). Esto reafirma lo que dice la ciencia económica el paro se crea como intervención de los sindicatos y políticos en el mercado laboral. En el vídeo de abajo se ve las nefastas consecuencias de poner un salario mínimo a los trabajadores)

Lección de economía: Edgar the Exploiter



Si quieres conocer más de los sindicatos lee esto.


sábado, 25 de febrero de 2012

¿Qué salario mínimo le impondría a su peor enemigo?

Por Juan Ramón Rallo.

Para perjudicar a los trabajadores, el salario máximo debe fijarse lo más bajo posible o, alternativamente, el salario mínimo debe establecerse lo más alto posible.


Imagine que usted se convierte en un funcionario todopoderoso con legitimidad para imponerle a cada trabajador cuál es el salario máximo que puede percibir en el mercado. Supongamos, además, que usted carece de escrúpulos y que está determinado a castigar con la muerte por inanición a sus peores enemigos. ¿Qué salario máximo les impondría para alcanzar tal fin? La respuesta es clara: a sus enemigos les colocaría un salario máximo igual a 0 euros mensuales; o dicho de otro modo, prohibiría que sus enemigos fueran contratados por un sueldo de más de 0 euros al mes, lo que –a menos que montaran su propia empresa– les impediría obtener ningún ingreso en el mercado. Objetivo cumplido: con un salario máximo de 0 euros, sus enemigos caerían irremediablemente en la absoluta miseria.

Modifiquemos ahora ligeramente los supuestos de partida: usted sigue siendo ese funcionario sin escrúpulos pero, en lugar de fijar el salario máximo de cada trabajador, sólo puede establecer el salario mínimo de cada empleado. Y aquí volvemos a plantear la cuestión inicial: ¿qué salario mínimo le impondría a su peor enemigo? La respuesta intuitiva de mucha gente sería que, al igual que en el caso anterior, el salario mínimo para castigar a sus adversarios debería ser de 0. Pero fíjese que imponer un salario mínimo igual a 0 euros no impide que su enemigo acuda al mercado y cobre un sueldo superior a esos 0 euros mensuales: en realidad, el salario mínimo de 0 euros sólo impide que su enemigo cobre un sueldo inferior a esos 0 euros mensuales.

¿Tendría usted éxito en su propósito de condenarlo a la inanición? No, su peor enemigo podría dirigirse a cualquier empresario y negociar con él un salario mayor que 0 que le permitiera disfrutar de una agradable existencia. De hecho, si su peor enemigo era, por ejemplo, un pez gordo que venía cobrando un millón de euros anuales, el hecho de que usted le imponga un salario mínimo igual a 0 no modificará en absoluto su situación profesional: dado que un millón de euros es mayor que cero, la empresa no le rebajará sus emolumentos.

Entonces, ¿carecería usted de instrumentos para condenar a la miseria a su peor enemigo? No, pero necesitaríamos superar las engañosas intuiciones iniciales: para lograr su perverso propósito, usted debería imponerle a su enemigo un salario mínimo de infinitos euros mensuales. De este modo, dado que ningún empresario estaría dispuesto a abonar un sueldo tan alto a cambio de sus servicios laborales, su peor enemigo quedaría indefectiblemente estancado en una situación de desempleo (donde percibiría cero euros mensuales). En nuestro ejemplo anterior, si su peor enemigo estaba cobrando un millón de euros anuales y le impide trabajar por menos de 10.000 millones de euros, parece claro que no sólo será despedido de su puesto de trabajo, sino que no podrá encontrar empleo en ninguna otra parte de la economía.

En definitiva, al igual que no tendría ningún sentido que un autocrático funcionario les impusiera a sus enemigos un salario máximo de un billón de euros (pues todos los sueldos actuales son inferiores a esa cuantía máxima) tampoco lo tendría que les fijara un salario mínimo de cero, cinco o diez euros (pues todos los sueldos actuales son superiores a esa cuantía). Para perjudicar a los trabajadores, el salario máximo debe fijarse lo más bajo posible o, alternativamente, el salario mínimo debe establecerse lo más alto posible.

Este simple ejemplo debería bastar para que, más allá de nuestras erróneas impresiones iniciales, comprendiéramos cuál es el efecto real del salario mínimo: no el de incrementar las remuneraciones de los trabajadores, sino, cuando éste resultado demasiado alto en relación con su productividad, el de condenarles al paro. Y recuerde: cuando el Estado opta por incrementar sostenidamente el salario mínimo de un país... en realidad se está comportando como su peor enemigo.

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domingo, 19 de febrero de 2012

¿Cuál es el verdadero salario mínimo de España?

Por Juan Ramón Rallo
El coste laboral mínimo en España se sitúa en 14.000 euros anuales o 1.166 euros mensuales, casi el doble de la cifra que se nos suele ofrecer en engañosos titulares periodísticos.



El salario mínimo interprofesional de España en 2012 es oficialmente de 641,4 euros al mes. Muchos son los liberales que insisten en que tan exigua cuantía bloquea la creación de empleo y muchos son los intervencionistas que consideran que su importe es ridículo y que debe aumentar de manera muy sustancial. Al cabo, ¿cómo puede siquiera insinuarse que un salario de 641,4 euros al mes es un sueldo demasiado elevado que bloquea la creación de nuevo empleo? ¿Quién puede vivir con menos de 641,4 euros al mes? ¿Y cómo pueden protestar los ricachones empresarios de que no pueden pagar apenas 641,4 euros mensuales?

Lo primero, como siempre, es no dejarse llevar por las impresiones iniciales. Es verdad que el salario mínimo bruto que mes a mes percibe el trabajador es de 641,4 euros, pero coincidiremos en que lo relevante para que el empresario decida contratar o no a un trabajador no es el salario que éste finalmente percibe, sino el que en debe abonar la compañía, le llegue en última instancia a él o no. Por ejemplo, si mañana el Gobierno instaura un impuesto del 50% sobre el salario mínimo, el obrero pasará a cobrar sólo 320 euros mensuales, pero al empresario no se le habrá abaratado lo más mínimo el coste de contratarlo.

¿Y cuál es el salario (o coste) mínimo que debe sufragar un empresario para poder contratar a un trabajador? No, desde luego, 641,4 euros al mes. Para empezar, el salario mínimo está compuesto por 14 pagas, no por 12, de modo que prorrateando las dos pagas extraordinarias llegamos a 748,3 euros al mes (8.980 euros anuales). A este importe, sin embargo, hay que añadir la cotización a la Seguridad Social que soporta el empresario y que, como mínimo, será del 29,9% (contingencias comunes, desempleo, formación profesional y FOGASA), esto es, de 2685 euros anuales, lo que totaliza 11.665 euros al año (972 euros mensuales).

Ahora bien, recordemos que esta remuneración es a cambio no de 12 meses de trabajo, sino de 11 (hay incluido un mes de vacaciones durante el cual el empleado cobra pero no trabaja). Si anualizamos este coste, llegaremos a la cifra de 12.725 euros por año de trabajo realmente realizado (o 1.060 euros mensuales). Pero aquí no acaba todo.

Por cada año que transcurre, el trabajador devenga un derecho de cobro en caso de despido, coste que, tras la última reforma laboral, asciende a 20 días por año trabajado (o a 33, si el despido es calificado de improcedente). Dada la crisis actual, podemos cuantificar el coste esperado del despido (asumiendo una probabilidad de despido del 40%) para un trabajador que perciba el salario mínimo en una horquilla de entre 200 y 300 euros anuales. Digamos, para manejar números redondos, que el coste salarial mínimo por ejercicio en España sería de 13.000 euros. ¿Termina aquí la cosa?

No. Existe un último coste que no suele tenerse en cuenta pero que, obviamente, debemos computar. Se trata del llamado "coste del capital", esto es, la rentabilidad mínima que espera obtener el empresario al contratar al trabajador. Algunos podrán considerar que es un coste redundante y que, en cualquier caso, no habría que imputárselo al trabajador. Pero se equivocan: una forma, comprensible, de verlo es imaginar que el empresario en cuestión no dispone de capital propio para contratar al empleado y que, por tanto, debe solicitar un crédito a alguna entidad bancaria; crédito por el cual deberá abonar intereses (esto es, un coste financiero que sí sería imputable al deseo de aumentar su plantilla). Pero es que, aun cuando el empresario sí dispusiera de un capital propio, ¿por qué debería destinarlo a contratar al trabajador si, por ejemplo, puede invertir sus ahorros en adquirir deuda pública española que proporciona una rentabilidad de entre el 4% y el 6% con riesgos (y quebraderos de cabeza) menores a los de contratar un nuevo trabajador? En definitiva, sí hay que tener en cuenta el coste de oportunidad de destinar los ahorros (o de pedirlos prestados) para abonar los salarios mes a mes. Pues bien, dado que el coste del capital, por el mayor riesgo, será superior al interés que ofrece la deuda pública, podemos fijarlo conservadoramente entre el 7% y el 10% (entre 910 y 1.300 euros anuales).

Por seguir con los números redondos, podemos concluir que el coste laboral mínimo en España se sitúa en 14.000 euros anuales o 1.166 euros mensuales, casi el doble de la cifra que se nos suele ofrecer en engañosos titulares periodísticos (y eso que dejamos fuera otros costes más difícilmente cuantificables como el papeleo o el de representación sindical, o que no consideramos el caso de los convenios colectivos de cada sector, que mejoran las condiciones mínimas legales).

Por supuesto, como decíamos, una cosa es el salario mínimo que percibe mes a mes el trabajador en su cuenta corriente (641 euros más dos pagas dobles) y otra el coste salarial que, debido a toda la vorágine regulatoria e intervencionista, debe asumir el empresario. Mi punto no es que el salario mínimo sea muy alto desde la perspectiva del trabajador, que obviamente no lo es en absoluto, sino que, sobre todo en momentos de crisis, puede ser demasiado alto desde la perspectiva del empresario (lo que no significa que la solución deba pasar necesariamente por recortar los salarios que percibe el trabajador, sino que bien puede plantearse la minoración del resto de sus costes asociados).

Pensemos simplemente en que todo empresario, a la hora de decidir si contrata o no a un trabajador adicional, se planteará si ese empleado es capaz de generar unos ingresos adicionales para su compañía de 14.000 euros al año. A aquellos que consideran que el salario mínimo es demasiado bajo y que no obstaculiza la creación de empleo habría que preguntarles si piensan que, en momentos como el actual, todos los empresarios saben como obtener, gracias al trabajo de una persona, ingresos adicionales de 14.000 euros. Yo, al menos, no lo veo tan sencillo.

Una pyme que, por ejemplo, requiera de cuatro personas para iniciar sus operaciones necesitaría contar con un plan de negocios que le proporcionara unos ingresos de, al menos, 56.000 euros anuales para ser rentable (y ello suponiendo que su único coste fuera la mano de obra). De hecho, en el conjunto de la economía, los cinco millones de parados no podrían ser incorporados al sistema productivo a menos que fueran capaces de crear bienes y servicios valorados por el mercado en, como poco, 70.000 millones de euros (lo que equivale a un crecimiento, con respecto a la situación actual, del 6,5%).

Incrementar, como desean algunos, el salario mínimo que percibe el trabajador a 1.000 euros mensuales elevaría el coste laboral mínimo a cerca de 23.000 euros anuales, lo que complicaría todavía más la recolocación de parte o de la totalidad de los cinco millones de parados (que deberían ser capaces de crear bienes y servicios valorados en 115.000 millones de euros). Por no hablar, claro está, de que todos aquellos obreros que contribuyeran a generar unos ingresos inferiores a 23.000 euros anuales tenderían a ser despedidos.

En suma, en muchas ocasiones, aquellos que dicen ser los mayores defensores de los trabajadores suelen ser, consciente o inconscientemente, sus principales enemigos.
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jueves, 5 de mayo de 2011

El salario real de los españoles sólo avanza 8 euros anuales desde 2000

La inflación ha engullido el 85% de las mejoras retributivas de los asalariados. El sueldo medio mensual prácticamente es el mismo que hace diez años.


El Gobierno nos roba mediante los impuestos y mediante la inflación.Es la persona que no ahorra [e invierte] la que tiene que preocuparse por la inflación". Si quienes ahorran y obtienen una atractiva rentabilidad sobre su inversión pueden verse con el agua al cuello por culpa de la inflación, ¿qué no le sucederá a quien ni ahorre ni invierta?.



El mayor periodo de dinamismo de la economía española se truncó de forma dramática con una recesión. Y el balance para muchas familias no es nada bueno. Éstas no sólo sufren ahora de lleno el paro, sino un estancamiento casi total de su poder de compra.
El salario medio real en España, esto es, una vez descontado el efecto de la inflación, apenas creció un 6,15% entre 2000 y 2010: desde los 1.335 euros mensuales hasta los 1.417 euros. O lo que es lo mismo, cada año, los asalariados sólo incrementaron en 8 euros más de media su retribución mensual real, el resto de la subida nominal de los sueldos la engulló la espiral de precios: un 85% del total se anuló con el IPC.
En Madrid, ocho euros ya no dan siquiera para comprar el Metrobus de 10 viajes. Y en cualquier estación de servicio, no podrían pagar más de seis litros de gasolina. El poder de compra de los asalariados apenas ha mejorado en la última década. Con la diferencia de que, tras un periodo de fuerte expansión del crédito, la deuda de los hogares es bastante más abultada que en 2000. Como también es más gravoso el desempleo, que afecta al 20% de la población en edad de trabajar; y la carga fiscal, después de la subida de las recientes subidas del IVA y los Impuestos Especiales.
[foto de la noticia]
La pregunta que surge a todo esto es recurrente: ¿Son altos los salarios en España? Algunos economistas de la talla del Nobel Paul Krugman han argumentado que la economía nacional, a falta de los instrumentos comunes de la política monetaria, deberá emprender una “devaluación competitiva”. Esto es, recortar los costes laborales para cosechar mejoras en la productividad y en la competitividad exterior. La idea que subyace es que, aunque el poder adquisitivo de los trabajadores sea prácticamente el mismo que hace diez años, fabricar un bien o desarrollar un servicio sí que es bastante más caro que en 2000.
Los salarios nominales acumulan un repunte del 40,5%. Si se incluyen otros elementos que influyen en el coste de las empresas, el balance para España también es negativo: sus costes laborales unitarios se han disparado un 33% en la última década, frente al 0% de Alemania o el 7% de Austria, según datos de Eurostat. Una brecha que, a todas luces, se traduce en una pérdida de competitividad.
El FMI, la OCDE o Bruselas insisten en que este problema parte del sistema de formación de los salarios en España, vinculados históricamente a la evolución de la inflación y no de la productividad. Cuestión que está sobre la mesa de negociación de los convenios colectivos entre patronal y sindicatos.
La diferencia parece residir en el modelo productivo. España basó durante años su fuerte crecimiento en elementos cuantitativos: más de siete millones de nuevos empleos en sectores de mano de obra intensiva; y una explosión de las inversiones en capital físico. Dejando de lado los cualitativos: la calidad del empleo y la productividad.
Resulta llamativo que el repunte de la productividad reciente se haya producido gracias a la destrucción brutal de puestos de trabajo. Es decir, debido a un ajuste brutal del número de actores del mercado y no por un incremento de las unidad o el valor de lo producido por éstos.
Algunas claves de este proceso
Un desfase
La gestación de la burbuja inmobiliaria en España estuvo acompañada de otra burbuja en el mercado laboral. Éste incorporó a un ingente número de personas en sectores de mano de obra intensiva. Durante este proceso, los costes laborales nominales crecieron un 17% más que en Alemania y un 10% más que en el euro.
Capital y trabajo
Mientras tanto, la productividad total de los factores estuvo en tasas negativas. Los economistas ven en ello un círculo perverso, ya que los avances en el crecimiento del PIB se logran gracias a elementos cuantitavitos –más trabajo e inversión– y no cualitativos –más productividad y competitividad exterior–.
Devaluación competitiva
Los organismos internacionales sugieren a España la necesidad de contener la evolución de los salarios y romper el modelo por el cual las mejoras retributivas se ligan al IPC. Otros economistas, alertan de la necesidad de recortar el nivel de los salarios para que las empresas españolas ganen competitividad.
La víctima
Las familias son finalmente las víctimas de todo este proceso: la burbuja en la formación de los salarios nominales no se ha traducido en ganancias reales del poder de compra. El mercado laboral se ha ajustado con la crisis en cantidad, expulsando a millones de personas, y no en calidad, esto es, revisando la formación de los salarios.
fuente: expansión

miércoles, 29 de agosto de 2007

Salario medio en la Unión Europea

Salario medio anual----------Euros/año
Dinamarca--------------------47.529
Noruega----------------------45.485
Luxemburgo-------------------42.135
Alemania---------------------41.691
Gran Bretaña-----------------40.015
Holanda----------------------38.700
Bélgica----------------------36.672
Austria----------------------36.032
Suecia-----------------------34.049
Francia----------------------29.047
Italia-----------------------24.116
España-----------------------20.438
Grecia-----------------------17.859
Portugal---------------------14.715
Polonia----------------------6.269
Media UE-15------------------34.412

Fuente: Eurostat 2005