Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



viernes, 4 de noviembre de 2011

Cuatro fórmulas exitosas para ganar en Bolsa


Por RAQUEL MERINO JARA 
¿Existe una fórmula para ganar en bolsa? En realidad, yo diría que podemos tener, grosso modohasta cuatro formas exitosas de invertir en acciones que trataremos de analizar. La siguiente cuestión que deberíamos entonces plantearnos sería cuáles son las expectativas de retorno de cada una de éstas si se hace razonablemente bien. A responder ambas cuestiones dedicamos los artículos de ésta y la próxima semana.
1. Índices generales
En primer lugar, inversores sin demasiado afán por complicarse las cosas, sin duda, pueden optar por invertir siguiendo la tendencia de los índices generales. Pensando en un recorrido de unos 30 años, los índices han venido promediando en la época moderna cerca de un 7% de revalorización en términos reales. Tal revalorización procede de la suma de beneficios repartidos en forma de dividendos o de la recompra de acciones y el crecimiento de los índices bursátiles que acaban reflejando la subida promedio del PIB en la parte que a ganancias empresariales atañe.
Esta rentabilidad puede perfectamente colmar las expectativas de muchos inversores, que se sentirán en gran sintonía con la contratación de algún ETF que replique la evolución de dichos índices. Con todo,este tipo de inversión nos enfrenta con problemas significativos. Si bien estos rendimientos a largo plazo son mejores que los que ofrecen otros activos financieros como la deuda pública (bonos, obligaciones), cuya rentabilidad se acerca más al 3,5% o 4%, no dejamos de hablar de un promedio que está repleto de altibajos.
El momento de un gran desembolso es clave
A lo largo de esos treinta años (es ésta una cifra marco y no debe tomarse a pies juntillas), nos topamos con mercados seculares alcistas y bajistas consecutivos que vienen a durar más o menos unos 15 años cada uno. Cuando hemos tenido la suerte de invertir al comienzo de los primeros, los alcistas, la rentabilidad en los próximos años sería casi el doble que la media mencionada. Mientras que si nos damos de bruces con los segundos, invirtiendo justo antes de que dé un vuelco el mercado escaleras abajo, apenas nos alzaremos con un pírrico rendimiento medio del uno por ciento a lo largo de 15 largos y frustrantes años. ¿Qué significa esto? Que quien ha invertido una suma significativa de sus ahorros en el primer semestre de 2007 todavía deberá aguantar bastantes años con esa inversión para poder recuperar los niveles que tocaron los índices entonces. Este hecho, sin duda, se lleva la palma en lo que a mala fama de la bolsa se refiere.
Para evitar estos problemas, este inversor algo comodón debería exigirse huir de los comportamientos de manada. Las épocas de auge inflacionista ponen a los individuos en un estado de euforia que viene propiciado por ingresos familiares crecientes, revalorización del patrimonio ficticia o capacidad de endeudamiento incrementada. Nos sentimos inexpugnables, optimistas y, sobre todo, parece que tenemos ante nosotros un pozo inagotable de fuentes de las que obtener capital para invertir. El clímax inversor se completa con lo que, sin duda, es la puntilla: revalorizaciones en bolsa de dos dígitos. Queremos subirnos a ese caballo ganador como sea. Así, el inversor novel entra en bolsa "con todo" en un pésimo momento, si no lo hace en el peor de todos. Huelga decir que los síntomas son exactamente los opuestos cuando llega la recesión.
La enseñanza de todo esto es que mantenernos fríos siempre es buena señal. Y qué mejor que adquirir para ello el buen hábito de invertir idénticas cantidades por periodo. En primer lugar, nos encaminará hacia la virtuosa práctica del ahorro y el temple ante los movimientos de masas. Asimismo, como pequeños o medianos inversores, no solemos tener acceso a una repentina herencia para invertir una gran suma y lo más normal es ir ahorrando poco a poco. Pero sobre todo, este hábito nos hará auparnos a las distintas tendencias de cada momento, de tal forma que evitaremos el grave peligro de enterrar una inversión muy voluminosa durante un largo y tortuoso periodo por haberla hecho a destiempo.
Mejor aún será tener una idea más o menos clara de la clase de mercados en que estamos replicando índices y, sobre todo, en qué fase del ciclo nos movemos. Un buen principio puede ser invertir en épocas de índices con PER bajos y abstenerse de hacerlo cuando éstos se mueven en rangos altos. Así, si se tiene en cuenta que el PER promedio viene a moverse en el entorno del 15%, lo cual nos da además una explicación añadida de por qué la rentabilidad de casi dos siglos se acerca al 6.8% (1/0,15=6,67), un mercado secular bajista será aquél que parta de múltiplos próximos a 25 y uno alcista otro que lo haga desde PER de un solo dígito.
2. Value investing
La segunda forma de invertir es dejando la inversión en manos de un fondo que invierte en valor.Echando mano de un buen número de herramientas de análisis que ya hemos repasado aquí, los gestores de estos fondos son capaces de obtener una remuneración que se aproxima al 13% anual.
Es lógico, sabiendo que su filosofía de inversión se asienta en el largo plazo y que no se limitan a reproducir lo que hacen los índices, sino que hacen su selección de las mejores acciones. Además, hay gestores value que tienen un profundo conocimiento de los ciclos económicos y son sabedores de cómo las distintas fases, de manera infundada en el largo plazo, espolean a un buen número de empresas e infravaloran a otras. Al final, la verdad acaba aflorando y las primeras caen mientras que las segundas recogen el testigo y serán las que pongan los cimientos del futuro crecimiento que vendrá cuando quede atrás lo peor de la recesión.
Con estas buenas prácticas, seleccionando buenas empresas "en precio" y evitando las burbujas o excesivos pesimismos, esencialmente, consiguen las revalorizaciones equivalentes a los periodos, alcistas evitando la de los bajistas con el margen de seguridad. No obstante, la recomendación que acabamos de dar a quienes invierten siguiendo la estela de los índices también es muy oportuna en estos casos. Hagamos aportaciones periódicas al fondo y si tenemos algo más de idea, tendamos a frenarnos un poco cuando veamos el fondo sobrevalorado y echemos el resto cuando lo encontremos muy barato: los gestores sabrán sacar partido a esta situación.
Tampoco esta forma de invertir las tiene todas consigo. En primer lugar, los fondos de inversión están sometidos a una serie de regulaciones que les impiden estar muy sobreinvertidos en unas pocas compañías por muy interesantes que puedan ser éstas. Frente a la posibilidad de invertir por nuestra cuenta y riesgo, esto sí es un problema.
A título individual, podremos estar tan invertidos como queramos en una compañía. Pero un fondo se encuentra con otros dos problemas: morir de éxito o tener unos partícipes volubles y menos pacientes que los gestores que retiren su inversión en momentos inoportunos y que afluyan masivamente cuando hay menos oportunidades.
Si un fondo crece mucho, puede tener un volumen de participaciones tal que le impida moverse con agilidad o encontrar tantas buenas oportunidades. Seguramente diversificará más y además las pequeñas empresas de su cartera ya no aportarán porcentualmente la misma revalorización al total.
Otro hándicap que presentan los fondos reside en que el acierto del fondo depende en no poca medida de la fidelidad y compromiso con la estrategia de los demás inversores o partícipes de ese fondo. Cuando mucha gente ha entrado en ese fondo atraído por las revalorizaciones durante alguna época alcista y, repentinamente, éste se da un batacazo, se pone de manifiesto algo parecido al principio contable de valoración de inventarios conocido como LIFO (last in, first out). Los últimos serán los primeros en salir zumbando, en una nueva vuelta de tuerca del efecto arrastre de la masa. Las peticiones de reembolsos, que habrán de efectuarse de un día para otro, obligarán a deshacer posiciones muy interesantes, muchas veces a precios deprimiéndose por la vuelta que ha dado el mercado. Cuando invertimos por nuestra cuenta, tales imponderables no nos alcanzan.
Esta es una razón más que poderosa por la que muchos gestores de fondos value exigen una suscripción inicial de entrada gigantesca, y a veces penalizan la salida durante los primeros años. No sólo les facilita la gestión el lidiar con pocos inversores muy importantes, sino que se aseguran de que sólo atraerán a grandes inversores que confían en esa filosofía y estarán dispuestos a esperar pese a reveses temporales.
Sin embargo, hay que reconocer otro hecho. Un gestor value puede optar por una cartera muy estable. Pero no todos actúan así pese a que esa sea la idea más común que tengamos de su gestión. Hay quienes rotan su cartera con bastante frecuencia, lo cual no se contradice con la inversión en el largo plazo.
Si tienen precios objetivos para un rango de acciones, pueden jugar con la volatilidad de las mismas para ponderar su peso relativo. Así, si repentinamente la acción "A" está un 40% por debajo de su precio objetivo y la acción "B" ha pasado a estar infravalorada sólo un 20%, aunque "B" siga representando una buena alternativa, estos gestores seguramente alterarán su ponderación y, en términos relativos, "A" adquirirá un mayor peso. Esto penaliza al fondo por las comisiones. Pero más penaliza a un inversor particular, que no sólo debería hacer frente a las comisiones por operar, sino al continuo pago de plusvalías en el IRPF.
"Cualquier persona utilizando el tres por ciento de su cerebro puede seleccionar acciones casi mejor que un fondo de inversión", así animaba Peter Lynchel gestor de fondos más exitoso de Norteamérica en los años 80, al inversor particular a introducirse en la aventura de elegir, administrar y hacer crecer su propia cartera de valores.
Los consejos que nos ofrece Lynch se ajustan a la perfección a las dos fórmulas de inversión para particulares que teníamos pendiente analizar esta semana (recordemos que la semana pasada, habíamos visto: 1.- índices generales, y 2.- value investing).
3. Stock picking
La expresión en inglés que da título a este tercer método de inversión no refleja sino la selección de acciones a cuenta y riesgo del interesado. Para ello, haremos uso de técnicas value del estilo de las que aquí se van esbozando.
El inversor particular –una vez familiarizado con las principales ideas sobre valoración de acciones y funcionamiento del mercado de valores– tiene una serie de ventajas notables frente a los profesionales de la gestión de patrimonios (por ejemplo, los fondos de inversión).
En primer lugar, dispone de completa independencia para actuar. Puede elegir cualquier valor que le plazca y aguantar con él tanto como desee o puede esperar sentado sobre su dinero a que aparezca la oportunidad. Un gestor de fondos, por el contrario, seguramente será examinado cada trimestre por sus resultados. Asimismo, como mencionamos la semana pasada, estará obligado a invertir o desinvertir según las entradas o salidas de partícipes en el fondo independientemente de las buenas oportunidades de inversión de las que disponga en cada momento.
Pero, además, el gestor será examinado meticulosamente y penalizado si, al desviarse del sentimiento común institucional, no produce inmediatamente resultados. Como decía Lynch, "si elijo IBM y la acción no sube, la pregunta es: ¿qué pasa con IBM?, pero si elijo Desatascadores Pérez y la acción no sube, el problema soy yo por haber elegido esa compañía". En otras palabras, a nadie le despedirán por seguir el consenso y fracasar. El resultado es que a largo plazo una multitud de fondos acaba haciéndolo peor que el mercado.
El inversor individual tampoco está sometido a restricciones de volumen. Puede, si lo desea, no tener más que cinco o seis valores, incluso de los más pequeños. Ni sus compras ni sus ventas afectarán significativamente los precios. Pero, sobre todo, el inversor individual tiene una información de primera mano y un conocimiento superior de las industrias en las cuales se ocupa profesionalmente o en las que como consumidor o aficionado más dinero y tiempo gasta o emplea.
¿Quién conoce mejor que una cajera de Zara cómo está yendo la temporada de rebajas?, ¿quién sabe mejor que un friki cibernético cuáles son los periféricos o los videojuegos de más pegada de la temporada? ¿Cuánto tiempo más que a los vecinos de Arkansas le llevó a Wall Street descubrir que Wal Mart era la mayor revolución en el campo de la distribución al por menor, la logística y los precios que una cadena de supermercados estaba produciendo en los EEUU?
La receta de Lynch es sencilla: invierte en lo que conoces y recuerda que las acciones no son billetes de lotería. Hay una empresa detrás de cada acción y cuando desaparece la polvareda de las idas y venidas, siempre hay una razón por la cual cada acción cotiza al precio que lo hace.
Ya avanzamos la semana pasada que, no obstante, los inversores, y sobre todo especializados en tanto se convierten en gestores de su propio patrimonio, deben disponer una serie de requisitos personales. Si uno no está por la labor de hacerlo o simplemente su carácter no se lo permite, casi mejor abstenerse de invertir. Ya lo esbozamos la semana pasada: la paciencia siempre es una gran aliada, así como el juicio sereno. Seguir las corrientes es una mala consejera.
Esto no supone que no tengamos en cuenta éstas. Precisamente, una de las claves de un buen inversor es saber anticiparse e interpretar la "bondad" de los movimientos de masas. Por ejemplo, nos podemos beneficiar de un mercado caliente saliéndonos de él prudentemente bastante antes de que se haya recalentado en exceso. Lo mismo puede decirse de los mercados bajistas, pero a la inversa. Serán buena ocasión para hacer compras en medio de capitulaciones o de aguantar aunque una acción esté machada si creemos que saldrá airosa de la quema.
Otra característica de los grandes inversores en valor (ya sean gestores de patrimonios o inversores particulares), y que va muy vinculado con lo anterior, es que su comportamiento es un poco autista. No es de extrañar que Buffett tenga la base de sus operaciones en Omaha (Nebraska) y reitere una y otra vez que prácticamente no está pendiente de lo que hace Wall Street, consciente de que debe aislarse de señales erróneas.
4. Hedge long/short
Llegamos, finalmente, a la cuarta fórmula que repasaremos aquí. Ésta viene a ser una evolución de la que acabamos de glosar. Hablamos del long/short hedge. Se trata de un método de inversión más sofisticado que la selección de unas acciones en que nos ponemos largos (método anterior) por cuanto nos inmunizamos ante mercados bajistas.
Es decir, con esta cuarta fórmula buscamos no depender del ciclo secular de la bolsa, sino que procuramos alcanzar una rentabilidad adecuada sea cual sea el entorno del mercado. Para ello, tendríamos que seguir la estrategia que popularizó Alfred Winslow. Este autor se considera el creador de la forma de invertir de los hedge funds. Si bien los ha inspirado, lo cierto es que no todos loshedge funds utilizan esta filosofía: algunos, simplemente, multiplican el apalancamiento, siendo su forma de operar mucho más arriesgada.
Volviendo a Winslow, en el año 49 llevó a la comunidad inversora esta peculiar forma de invertir conocida como estrategia long/short. Winslow, sociólogo que trabajaba para la revista Fortune, puso los cimientos esta forma de invertir como consecuencia de sus estudios de inversión. Junto con unos amigos, lanzó un fondo hedge con un capital inicial de 100.000 dólares en 1952. La lógica inversora descansaba en la posibilidad de protegerse diversificando la inversión, apostando a la vez a favor de la evolución de compañías que estimaba infravaloradas (ponerse largo) y en contra de otras (corto) que entendía sobrevaloradas. Así minimizaría su exposición al riesgo.
Esta forma de invertir, para quien haya empleado sistemas de reducciones condicionadas en las quinielas, le resultará algo familiar. No es poco común hacer apuestas en la quiniela de fútbol a que como mínimo "Madrid o Barcelona ganarán sus partidos" o que "al menos un 65% de los equipos que juegan en casa ganarán sus respectivos partidos". Es ésta una forma de reducir las combinaciones posibles dentro del software que calcule los cruces posibles, pues ya no se podrá dar la posibilidad de que Madrid y Barcelona pierdan en una misma jornada. De este modo, se consiguen ganancias aun dando margen para fallar en algunas combinaciones, pero no en todas las apuestas.
Una forma de inversión análoga y que pretende neutralizar todavía más los vaivenes del mercado escombinar posiciones largas y cortas en empresas del mismo sector o industria. Analicémoslo a partir de distintos escenarios.
Vislumbramos la cercanía de un mercado alcista: partimos de una época en que el mercado está algo infravalorado o, si no, al menos lo están compañías a las que queremos echar el guante. En esta ocasión, si estamos muy seguros, la opción más sensata es ponernos largos en la acción o acciones que nos gusten, es decir, utilizar el método 3 aquí glosado.
Estimamos la llegada de un mercado bajista: palpamos que, en general, la bolsa está más bien sobrevalorada y tememos caídas significativas (fin de un ciclo alcista secular). En esta ocasión, aunque por norma busquemos comprar acciones en precio, incluso nuestras mejores selecciones pueden estar sobrevaloradas. Y aunque no lo estuvieran en exceso, el hecho es que el mercado acaba barriendo en muchas ocasiones a todas las compañías en mayor o menor grado. De esta manera, sacaremos partido a que las nuestras hayan sido escogidas con menor exposición a los ciclos (o sean contracíclicas) y no se verán seguramente tan afectadas en términos comparativos, pero seguramente caerán más de la cuenta. Es el momento de poner en práctica una estrategia long short.
Descripción de la estrategia long short
Como inversores particulares, este método de inversión lo tenemos que llevar a la práctica en dos pasos. En primer lugar, si hablamos, por ejemplo, de dos compañías de un mismo sector, nos pondremos largos en la compañía que creamos más fuerte. Pensemos en Nokia como productor desmartphones, recientemente asociada con Microsoft (para su sistema operativo), y cuya acción ha estado por los suelos en meses precedentes, tratándose por ello mismo de una compañía que genera dudas.
Daniel Rodríguez Herrera, especialista de nuevas tecnologías e internet de Libertad Digital, relataba la que había sido La semana negra de Blackberry, vaticinando enérgicamente el declive de esta compañía en el sector de los smartphones. Pues bien, si queremos llevar a cabo nuestra estrategia largos-cortos en este sector, claramente, nos postularemos en contra de RIM (fabricantes de Blackberry). Es decir, nos pondremos cortos.
Para ello, emplearíamos un producto derivado (un forward): venderíamos en descubierto. Nos comprometeríamos hoy a vender RIM en un futuro al precio actual: si el precio ha caído para entonces, compraremos a ese precio más reducido y venderemos al precio pactado con anterioridad, que era más elevado.
  • Si RIM cae y Nokia sube, como esperamos, obtendremos una ganancia por la combinación de ambas inversiones. En principio, no sabremos qué habría sido mejor: si sólo invertir en Nokia o hacerlo de esta manera. Depende de la revalorización de Nokia y la caída de RIM. Si es un mercado bajista, seguramente saquemos tajada de esta operación doble.
  • Si RIM cae mucho y Nokia cae un poquito, no porque Nokia haya sido mala elección, sino por el aluvión de ventas en medio de noticias dramáticas sobre el futuro del mundo (típicas de una recesión), habremos limitado pérdidas o incluso obtendremos jugosas ganancias. Con Nokia (por la que apostábamos fehacientemente, pero se ha visto arrastrada) habremos perdido algo, pero con RIM habremos ganado bastante. Nos habremos cubierto muy bien ante mercados bajistas fuera de control.
  • Si RIM resurge de sus cenizas y, por tanto, sube de precio y Nokia también (pues el mercado no acabó por ser tan bajista como pensábamos), con RIM perderemos y con Nokia ganaremos (el resultado neto –ganancia o pérdida- dependerá de cuál de los dos fenómenos tenga un peso más fuerte). Aun así, sumidos como estábamos en una época de incertidumbre, hemos podido limitar daños y llevar a cabo esta estrategia defensiva.
En cambio, como decíamos antes, si estamos muy seguros de que nos toparemos pronto con un mercado alcista, lo mejor es invertir seleccionando directamente la compañía que más creamos va a repuntar (sin recurrir a esta estrategia de hedging).
Evidentemente, esta forma de inversión requiere más sofisticación y valerse de futuros –u opciones si se quiere limitar al máximo el riesgo de pérdida–, por lo que sería aconsejable tener una experiencia de años en el mercado antes de lanzarse a implementarla.
Dicho esto, y administrada con prudencia, la estrategia long/short neutral puede proporcionar rentabilidades cercanas a los dos dígitos incluso en mercados bajistas, algo que, visto la que está cayendo, es algo más que interesante, especialmente si nuestra tolerancia a la volatilidad es reducida.

domingo, 30 de octubre de 2011

¿Por qué no todo el mundo puede ser un inversor value?

Ser un inversor value conlleva no sólo conocer la historia bursátil de los últimos 200 años sino también, tener una cierta formación para entender como funciona el mercado. Y es que a pesar de llevar los gestores value 70 años con rentabilidades superiores al mercado ( hay fondos value con rentabilidades del 15% hasta el 39% anual en períodos superiores a 10 hasta 43 años) sólo el 10% de los inversores y gestoras del mundo son value.
Para ser un inversor value hay que estar preparado psicológicamente, ya que hay que saber comprar acciones cuando todo el mundo está vendiendo y al contrario, vender cuando todo el mundo esta comprando. Y pocos seres humanos están preparados para hacer eso sin que le tiemble el pulso.
Invertir según la filosofía value investing no suele enriquecer a los intermediarios financieros, lo de comprar y mantener es demasiado lento, es aburrido, y no vende periódicos.
El value requiere paciencia, disciplina y fortaleza emocional, todas esas virtudes no están de moda en nuestra sociedad actual, en la que se prima el pelotazo y el enriquecimiento rápido.
Para los que no son value la Tierra seguirá siendo plana, a pesar de que ya Eratóstenes -científico griego nacido en el 280 a. C. midió la circunferencia de la Tierra, con la sóla ayuda de un palo y se equivocó en apenas 7 kilómetros.
Por muchos artículos que ponga sobre este tema, por mucha defensa abierta del value, por muchas cifras que se ofrezcan, afortunadamente para los que somos value, seguiremos convenciendo a muy pocos y nos seguiremos beneficiando del value investing como lo ha hechos otros en los últimos 70 años.
"La educacion es cara, pero la ignorancia más"
Las correcciones en el mercado son inevitables. Si estás preparado, no te afectarán. Una corrección es una gran oportunidad para comprar lo que otros inversores están vendiendo de manera irracional y arrastrados por el pánico. Es justo en los períodos bajistas donde se hacen las grandes patrimonios, si se llega con liquidez.
Os voy hablar de unos de los fondos value mas rentables de todos los tiempos de Peter Lynch que obtuvo una rentabilidad media anual del 29,2% durante 13 años:
“En los años 80 el mejor fondo de renta variable en USA (y posiblemente en el mundo) fue el Fidelity Magellan, dirigido por el mítico Peter Lynch. Obtuvo una rentabilidad del 29,2% anualizado. Fue además un fondo muy regular en su rendimiento: en esos años nunca estuvo entre las listas de los fondos más rentables del año. De hecho, el año que mejor estuvo fue en el puesto 16. Y sin embargo, al acabar la década había dejado a todos los demás atrás. 
A pesar de esta historia de éxito le llegaron muchas quejas a Peter Lynch de inversores que perdieron dinero invirtiendo en su fondo. De hecho parece que fueron más los inversores que perdieron dinero que los que lo ganaron. ¿Cómo fue posible esto? 
Ese 29,2% de rentabilidad no fue constante todos los años. De hecho el Magellan tuvo fluctuaciones y aunque al final de la década multiplicó su valor liquidativo por veinte tuvo 8 períodos de caídas que estuvieron entre el 10 y 30%. Peter Lynch comprobó que la mayoría de sus inversores había comprado participaciones del fondo cuando estaba en máximos y las vendían a manos llenas en las caídas. Sólo unos pocos se beneficiaron de pleno de la rentabilidad que Peter Lynch supo darle al Magellan. 
Ya veis. El fondo más regular y rentable de su tiempo, dirigido por uno de los gestores con más talento de la historia, y aún así sus inversores perdían dinero al escoger mal los momentos de compra y venta. Imaginaos qué pudo ocurrir en los fondos del montón, esto explica lo pocos preparados que estamos para las inversiones psicológicamente.”
"El secreto del éxito es un secreto a voces.Pero son voces que todos pueden oir y pocos quieren escuchar" Stefan Zweig
“Los barcos navegarán alrededor del mundo, pero los partidarios de que la tierra es plana continuarán floreciendo. Mientras, en el mercado, seguirán existiendo amplias discrepancias entre precio y valor, y quienes lean a Graham & Dodd continuarán prosperando". Warren Buffet
Saludos y buen fin de semana

jueves, 27 de octubre de 2011

Brandes, el Bestinver americano, se instala en España de la mano de un ex Bankinter


Un mail con destino San Diego, California (Estados Unidos), con un pequeño plan de negocio y varias reuniones posteriores han sido suficientes para convencer a Charles Brandes, uno de los hombres más ricos del mundo, de lo interesante que puede ser distribuir en España sus famosos fondos de inversión. Los protagonistas de la idea son Antonio Banda, exdirector de inversiones de Bankinter, y Jorge Claveria, exgestor del hedge fund Aneto.

Banda y Claveria han conseguido que Brandes Investment Partners les autorice a distribuir sus productos entre fondos de pensiones, aseguradoras y todo tipo de inversores institucionales. Un logro nada fácil teniendo en cuenta la situación de la industria de los fondos en España. Más si se tiene en cuenta que Brandes Invesmente Partners es una de las mayores gestoras independientes de activos de Estados Unidos, con un modelo de evaluación de las inversiones similar al de Bestinver.

En concreto, el sistema está basado en la estrategia value investing inventada y desarrollada por Benjamín Graham, profesor de la Columbia Business School en los años de la GranDepresión de Estados Unidos, allá por el 1928.  Uno de sus grandes discípulos ha sido el conocido inversor Warren Buffet. Otro es Charles Brandes, que montó su gestora de activos en 1974 y ahora administra más de 42.000 millones de dólares, 30.200 millones de euros.

Sus fondos son conocidos en todo el mundo, pero hasta la fecha no se podían comercializar en España. A partir de ahora si, gracias a la iniciativa de Banda y de Claveria, dos especialistas de la industria de la gestión. El primero participó en la creación de Gesbansander, lo que ahora es Santander Asset Management. El segundo lleva 12 años repartidos entre el propio Santander, HSBC y Aneto.

En Europa, Brandes Investment Partners tiene su centro de actividad en Ginebra y los fondos que va a vender en España parten de una sicav en Irlanda. Su forma de gestionar es la misma desde hace casi cuarenta años, sin variar un ápice ni dejarse influir por las modas, como la tecnológica o los valores de crecimiento.

Banda y Claveria explican de forma gráfica el método de Brandes. “San Diego está apartado del mundo financiero. Cuando los 80 analistas empiezan a trabajar ya ha cerrado la sesión en Europa y Wall Street lleva tres horas abierto, que es la diferencia horaria entre la ciudad californiana y Nueva York. Cuando terminan, abre Japón”.  De esta manera, expresan que Brandes, para lo bueno y para lo malo, es ajena a los movimientos diarios de las bolsas porque sus inversiones son a largo plazo, como Bestinver.

La exitosa gestora española basa su reconocimiento en la aplicación del método value, que persigue inversiones que ofrecen  una rentabilidad cierta y sostenible a largo plazo. Buscan empresas con un PER bajo, una alta rentabilidad de dividendo y una buena generación de caja. Lo que denominan valor intrinseco.  Dicho valor corresponde con el de la compañía en caso de liquidación.

El objetivo es adquirir acciones de compañías que coticen con el mayor descuento posible o margen de seguridad (margin of safety) en relación a su valor intrínseco. Si el valor parece barato respecto a una proyección conservadora de flujos de caja, lo más probable era que el mercado hubiese infravalorado dicho activo y que, por tanto, fuese una buena inversión. Por ejemplo, para Brandes es ahora más atractivo tomar posiciones en Microsoft que en Google o Apple porque su capacidad de mejora es mayor y porque su cash flow es mucho más grande.

“Una prueba de cómo se trabaja en San Diego es que solo hay un terminal de Bloomberg para los 500 empleados. No lo necesitan porque no están todo el día mirando que sube y que baja. En cualquier gestora tradicional había un Bloomberg –cuestan unos 1.500 euros al mes- por gestor hasta que llegó la crisis”, argumentan Banda y Clavería. Su método es entrevistarse con los directivos de las empresas y analizarlas al detalle, con independencia de que después se invierta o no en ella durante un periodo de tiempo porque el comité de gestión lo aconseje.


lunes, 24 de octubre de 2011

Alquilar no es tirar el dinero


Alquilar no es tirar el dinero

24/10/2011 20:43
tags: 
FacebookTwitterGoogleYahooMeneameMeneameTechnoratiDiggDeliciousBitacoras
positiva:1neutra:0negativa:0




Juan Ramón Rallo
&quote&quoteRecuerde: alquilar no es ni mucho menos una opción disparatada propia de iletrados económicos. Según la coyuntura, podría ser más bien al revés
A buen seguro todos hemos oído alguna vez aquello de que alquilar una vivienda equivale a tirar el dinero. ¿Qué sentido tiene abonar un alquiler de 500 euros al mes si puedo destinar ese mismo dinero a comprar una casa a plazos mediante una hipoteca? Al cabo de 30 años de alquiler no tengo nada; tras 30 años hipotecado, poseo una vivienda. El peso de los hechos parece contundente, pero sólo lo parece.
Entendamos que comprar un inmueble equivale a adquirir anticipadamente todos los servicios de habitación y vivienda que ese inmueble nos vaya a proporcionar; por el contrario, alquilar un inmueble significa adquirir día a día esos servicios de habitación. Algo parecido sucede con la disyuntiva entre comprar un automóvil o alquilar un coche (un taxi, por ejemplo) cada vez que queramos desplazarnos a otro lugar: en el primer caso, pagamos de golpe todos los servicios futuros que nos proporcionará el vehículo, en el segundo los vamos abonando sobre la marcha.
Sucede que las viviendas y los vehículos son bienes de consumo duradero: son bienes que aguantan ser usados más de una vez, es decir, bienes que a lo largo de su vida nos proporcionan todo un flujo de servicios futuros. Por eso suelen ser objeto de alquiler: sus propietarios optan en ocasiones por vender unos pocos de esos servicios a personas que sólo necesiten emplearlos de manera muy esporádica. Por ejemplo, normalmente alquilamos las películas en DVD... a menos que queramos ver el mismo filme numerosas veces, en cuyo caso será preferible comprarlo.
En este sentido si, como sabemos, los bienes presentes son más valiosos que los bienes futuros, a nadie debería extrañarle que comprar un bien duradero nos salga más barato que alquilarlo muchas veces. Es bastante simple: como pagamos por adelantado una enorme cantidad de servicios futuros (por ejemplo, los servicios de habitación que un piso proporcionará también a nuestros hijos una vez se lo hayamos transferido mortis causa), exigimos un descuento en el precio de todos los servicios que recibiremos de manera más tardía. Verbigracia, imagine una vivienda con una vida estimada de 30 años y cuyo alquiler anual asciende a 10.000 euros: es evidente que el precio de adquirir su propiedad será inferior a 300.000 euros (tal vez rondaría los 160.000 euros o incluso menos).
Así pues, las ventajas e inconvenientes de comprar los servicios poco a poco (alquilar) y de comprarlos todos de golpe son bastante claras. Si alquilamos un bien de consumo duradero que queremos usar frecuentemente, pagaremos un mayor precio total por sus servicios y quedamos expuestos al encarecimiento futuro del alquiler, pero a cambio disfrutaremos de un mayor margen de adaptabilidad: si en algún momento deseamos interrumpir o sustituir nuestro consumo, podremos hacerlo sin problemas (podremos cambiar de domicilio una vez venza el contrato de alquiler). Si, en cambio, compramos un bien de consumo duradero, pagaremos un precio total menor, pero perderemos margen de adaptabilidad y quedaremos expuestos al riesgo de reducciones futuras del alquiler (no nos podremos beneficiar de las mismas): dado que compramos anticipadamente todos sus servicios, más adelante no podremos dar marcha atrás si queremos dejar de consumirlos o si queremos renegociar el precio (ya los hemos pagado). Es cierto que el propietario de un bien de consumo duradero tiene la opción de desprenderse más adelante de parte de sus servicios (alquilarlo) o de la totalidad de ellos (enajenar el bien), pero para ello deberá encontrar a alguien que desee subrogarse en su posición (lo puede ser costoso y complicado) y, además, sigue quedando expuesto al riesgo de que hasta entonces el alquiler se haya abaratado (en cuyo caso el precio de la vivienda también lo hará).
Por supuesto, en este análisis estamos dejando de lado otras consideraciones que pueden ser muy importantes a la hora de escoger entre una opción u otra, como el valor sentimental o la seguridad jurídica que puede derivarse de una vivienda en propiedad. Se trata de unos "servicios" que sólo puede proporcionarnos una casa en propiedad y por los que mucha gente está dispuesta a pagar; es decir, la utilidad de esos servicios puede elevar el precio final de las viviendas en propiedad hasta acercarlo a la suma de todos los alquileres futuros. Siguiendo el ejemplo anterior, si una persona tiene una preferencia muy alta por ser dueño de la casa, puede que esté dispuesto a abonar los 300.000 euros que costarían todos sus alquileres futuros. Sabido, pues, que estos sentimientos tienden a elevar el precio que uno está dispuesto a pagar por la vivienda en propiedad, podemos omitirlos del resto del análisis por simplicidad.
Llegados a este punto, parecería que la cuestión sobre si comprar o alquilar una casa se encuentra ya zanjada: quien quiera flexibilidad alquilará, quien desee ahorrarse dinero comprará. Sin embargo, cometeríamos un error si pensáramos que el coste de oportunidad de no comprar una casa son las sumas de dinero que deberemos abonar por el alquiler: el auténtico coste de oportunidad es todo el dinero que dejamos de ganar por emplearlo en la compra de una vivienda.
Volviendo al ejemplo anterior, imagine que tiene la opción de adquirir la casa por 150.000 euros o arrendarla por 10.000 al año. En apariencia, la compra es bastante más barata que el alquiler pero, ¿destinaría todo este dinero a adquirirla si alternativamente lo pudiese invertir a un 10% anual asumiendo muy pocos riesgos? No sería demasiado sensato: para ahorrarse pagar 10.000 euros al año en alquiler, dejaría de ingresar 15.000. La cuestión puede plantearse en los siguientes términos: si entendemos que el rendimiento de una vivienda en propiedad son los alquileres anuales que usted se ahorra pagar, ¿qué rentabilidad le sacaría a la vivienda anterior? 10.000 dividido entre 150.000 es el 6,6%. Así pues, ¿qué uso de su dinero es el más rentable? ¿El 6,6% que obtiene de comprar la casa o el 10% que es capaz de ingresar invirtiendo sus ahorros en otros activos? Obviamente, el 10%; en tal caso, lo razonable sería alquilar la vivienda, no comprarla.
Claro que la mayor parte de la gente no compra su casa mediante sus ahorros, sino tomando prestados los ahorros de los demás, esto es, a través de las hipotecas. Tenga presente que pedir prestado el dinero para adquirir una vivienda es una operación muy parecida a alquilar el dinero que necesita para comprar la casa. Con ello quiero decir que quienes están hipotecados no son los más adecuados para afirmar que "alquilar es tirar el dinero", pues ellos alquilan no una casa, pero sí la suma de dinero que han necesitado para comprar la casa (es decir, según sus propios términos, dilapidan el dinero que han de pagar año a año en concepto de intereses por alquilar ese capital).
Cuando el endeudamiento entra por la puerta, la racionalidad suele salir por la ventana. Mucha gente vería absurdo endeudarse al 3% para invertir el dinero pero no para comprar una vivienda. Poco importa que la inversión proporcione una rentabilidad esperada del 10% y la compra de vivienda del 6,6%: hipotecarse parece más seguro y es la única opción que muchos contemplan para aceptar endeudarse. Así pues, si los tipos de interés estuvieran en el 3% y el ahorro de adquirir una vivienda equivaliese al 6,6% anual, ¿no sería más sensato comprar que alquilar? En general sí, pero tengamos en cuenta que el ahorro será mucho menor que antes: pagaremos 150.000 euros por una vivienda y nos ahorraremos un alquiler de 10.000 al año, pero de media pagaremos 4.500 euros anuales en concepto de intereses hipotecarios. Es decir, el ahorro por comprar la vivienda caería a 5.500 euros anuales... una rentabilidad de poco más del 3,5%, a cambio de la cual usted estaría sacrificando la flexibilidad a la hora de cambiar de vivienda y la flexibilidad a la hora de utilizar el dinero inmovilizado de una manera distinta a la que lo ha hecho (tiene una hipoteca que amortizar).
Además, piense que si los tipos de interés se sitúan durante mucho tiempo al 3%, serán legión quienes opten por comprar casas apalancándose, lo que hará que el precio de la vivienda en propiedad se encarezca con respecto al alquiler y que, por consiguiente, el ahorro derivado de no pagar el alquiler sea relativamente menor. Sigamos con el ejemplo anterior: suponga que como consecuencia de la compra masiva de viviendas, los precios se elevan a 333.000 euros. En tal caso, usted gasta de golpe 330.000 euros para ahorrarse 10.000 euros anuales: una rentabilidad del 3%. Pero recuerde que tiene que pagar unos intereses del 3% sobre el capital prestado, lo que significa que al final será lo comido por lo servido: alquilar el dinero le costará un 3% anual y con ese capital podrá comprar una vivienda que le proporcionará un rendimiento del 3% anual. En apariencia se queda en tablas, pero recuerde que si decide comprar tendrá un margen de adaptación a los cambios financieros (deudas) y reales (propiedad de la vivienda) mucho menor que quien alquila un inmueble y lo paga mensualmente con su renta o sus ahorros.
En definitiva, no se lance a comprar una vivienda por creer que está tirando el dinero en el alquiler. No es así o, al menos, no siempre es así. Especulaciones y sentimentalismos al margen, antes de adquirir una vivienda habrá de comparar la rentabilidad de ahorrarse el alquiler con el coste financiero de pedir prestado el capital necesario (si es que lo hay) y, sobre todo, con el coste de oportunidad de invertir ese capital en otros activos de similar riesgo (o cuya superior rentabilidad le compensen el mayor riesgo). Sólo si la rentabilidad esperada de adquirir la vivienda supera los otros dos costes, tendrá sentido no alquilar. Pero, aun en el caso de que así sea, también habrá que considerar si ese exceso de rentabilidad sobre el coste le compensa la pérdida de flexibilidad real y financiara derivada de comprar la vivienda.
En cualquier caso, recuerde: alquilar no es ni mucho menos una opción disparatada propia de iletrados económicos. Según la coyuntura, podría ser más bien al revés.
Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en el centro de estudios Isead. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro es Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009).