Yo como particular,no podré valorar bien el balance de una compañía,no podré ganar nunca a los mejores gestores.Por eso concluí que lo más razonable es delegar esa responsabilidad y destinar todo mi esfuerzo a buscarlos(fondos VALUE).Soy un enamorado del VALUE INVESTING, por eso tengo la mayoría de mi patrimonio bajo el criterio de inversión value.
Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.
"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés
La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .
Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.
"Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle
Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto
Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.
¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?
lunes, 4 de noviembre de 2013
Deltasync
martes, 29 de octubre de 2013
Cómo la tecnología mueve a la sociedad y no la política.
El 70 % de la superficie del planeta son aguas internacionales, no sometidas a los infiernos fiscales y regulaciones de muchos países al libre mercado y que nos condenan al paro, a la pobreza o a emigrar.
De nuevo la innovación tecnológica apoyado por capitalistas tienen en mente aprovechar esas aguas internacionales para crear ciudades-Estado flotantes , que crearan sociedades con una libertad económica y personal sin precedentes hasta ahora en el mundo que demostrarán al resto que es el mejor camino para vivir" el anarcocapitalismo".
En menos de cinco años se hará realidad la primera ciudad flotante.
http://floating-city.org
lunes, 21 de octubre de 2013
50 formas de escapar del Estado
domingo, 19 de agosto de 2012
Ejemplo de una ciudad anarcocapitalista, Gurgaon, La Singapur de la India, Sin políticos ni planificación central
Gurgaon (en el cinturón industrial alrededor de Nueva Dehli, India) es un mosaico de islas privadas -con generación de energía, canalización de agua, transporte y seguridad propias- más que una ciudad interconectada.
En los años 70 la ciudad india de Gurgaon fue dividida en dos partes: una pasó a pertenecer al municipio de Faridabad, la otra quedó completamente libre, sin ayuntamiento ni normas de regulación.
El resultado es que en 2011 en esta segunda parte hay 26 centros comerciales de lujo, 7 campos de golf, tiendas de todas las grandes marcas (de Chanel a Vuitton), y se ha convertido en el polo de atracción de las mejores mentes que produce la Universidad india, deseosas de trabajar en sus prósperas empresas.
Así lo cuenta el New York Times, que la presenta como la ciudad libertaria por excelencia, en la que rige el libre mercado y la iniciativa privada al 100%.
Gurgaon se encuentra a 25 kilómetros de Nueva Dehli. No tiene ayuntamiento ni ningún servicio público, ha crecido gracias a la iniciativa privada: cada empresa ha creado sus calles, sus infraestructuras, las aceras, los aparcamientos. Su millón y medio de habitantes se las arreglan sin planes urbanísticos ni concejales de tráfico.
No es la perfección, es la libertad. Y lo más importante es que ha creado prosperidad y desarrollo en una zona deprimida. Como termina el artículo del NYT:
Sin Gurgaon, la India no se habría desarrollado como lo ha hecho.
Fuente
Documental:
viernes, 17 de febrero de 2012
Orden espontáneo
sábado, 16 de abril de 2011
¿Por qué estoy a favor del anarcocapitalismo?
259 - Senado de España
350 - Congreso de España
54 - Parlamento Europeo
74.008 - Alcaldes y concejales
1.206 - parlamentarios autonómicos
1.031 - diputados provinciales
139 - responsables de Cabildos y Consejos Insulares
13 - consejeros del Valle de Arán
Aproximadamente, entre 720 y 1000 millones de euros cada año nos cuesta en sueldos la clase política española, a los que habría que sumar otros 2.000 millones de euros de los gastos que ocasionan por su representación, en total, unos 3.000 millones de euros.
Aproximadamente tres millones cien mil funcionarios en las distintas administraciones públicas, a los que se deben añadir otro millón en contratación interina o provisional. Mientras que el sector público no ha dejado de crecer durante los últimos años, el sector privado ha perdido millones de puestos de trabajo.De todos estos funcionarios y contratados, menos de un millón se dedican al servicio directo del ciudadano, la inmensa mayoría se dedican a la administración pública. Los dos millones de funcionarios dedicados a tareas administrativas nos cuestan a los españoles aproximadamente 80.000 millones de euros, más los gastos que se ocasionan por su servicio, nos pondríamos en una cifra de 125.000 millones de euros cada año, siempre de forma estimativa.
4º.¿Cuántos liberados sindicales hay en España?
La cifra es difícil de conocer porque es uno de los secretos mejor guardados por los sindicatos y la CEOE, pero se estima que no serán menos de 57.000, el gasto que suponen a las empresas españolas es aproximadamente de 1.600 millones de euros al año.
5º.¿Cuánto nos cuesta de media cada representante político -administrativo- sindical a los españoles?
No es fácil calcularlo, pero la cantidad no bajaría entre sueldos y gastos que ocasionan, de los 60.000 euros por 2.200.000, supondría la cantidad de 132.000 millones de euros cada año
lunes, 4 de abril de 2011
La Escuela de la Elección Pública (Public Choice School)
[La Public Choice School] ha desarrollado toda una teoría relativa a la insuficiencia de la gestión pública que es necesario resaltar, pues no tiene sentido fundamentar la gestión pública simplemente en los aparentes fracasos del mercado [que no son tales], cuando los fracasos e ineficiencias derivados de la acción pública [democrática] son mucho más costosos y dañinos que los que supuestamente se derivan del mal funcionamiento del mercado.
Estudios de Economía Política, Huerta de Soto, pág. 237.
La Escuela de la Elección Pública estudia el estado democrático: analiza los incentivos, motivaciones e interacciones de los seres humanos (políticos, funcionarios y votantes) en entornos políticos.
Los mal llamados "fallos del mercado" son fallos del modelo económico del equilibrio y desaparecen al estudiar el mercado como un proceso dinámico impulsado por la función empresarial [día 5 (vídeo 1), día 17 (vídeos 4 y 5) y día 34 (vídeos 5 y 6)].
Pueden identificarse cinco motivos básicos por los que la gestión pública [democrática] de la actividad económica está condenada al fracaso, o al menos a ser significativamente más ineficiente que la gestión basada en la propiedad privada y en el mercado.
Estudios de Economía Política, Jesús Huerta de Soto, pág 237.
1. El efecto de la racionalidad de la ignorancia.
Es racional permanecer ignorante sobre todas aquellas materias que:
- Son complejas [el coste de estar bien informado muy alto] y además
- Están más allá de nuestro control [la probabilidad de que nuestro voto sea el que decida es prácticamente nula]. Op. cit. pág 237.
La mayoría de la gente encuentra tan insignificante el beneficio de votar con conocimiento de causa que no le merece la pena asumir el inmenso coste que conlleva.
A falta de incentivos para votar con conocimiento de causa, en todas las democracias predomina el voto basado en consideraciones de tipo emotivo, tribal o visceral.
2. El efecto de los grupos privilegiados de interés: pequeños grupos de interés fuertemente organizados pueden tener un tremendo impacto político [sobre asuntos concretos presionando a los políticos para] dar lugar a decisiones públicas [en beneficio propio y] contrarias a los intereses de la mayoría que nadie se molesta en defender. Op. cit., p. 238
[Los efectos de la racionalidad de la ignorancia y de los grupos privilegiados de interés dan] lugar a que la gestión pública, prácticamente en su totalidad, sea el resultado agregado de la influencia ejercida por los grupos de interés, en contra del bien común o interés general de los ciudadanos. Op. cit. pág 238.
3. El efecto de la representación no vinculante: el votante en la mayoría de los casos no manifiesta su voluntad sobre temas concretos, sino que tan sólo elige a un representante... existe, por tanto, gran imprecisión y falta de conexión entre el voto realizado y la política llevada a cabo...[lo cual es] un motivo adicional para considerar consciente o inconscientemente irracional la participación en la gestión pública democrática. Op. cit. pág 239.
4. El efecto de la "miopía" gubernamental: podemos esperar que la gestión pública siempre esté orientada hacia el corto plazo... La especulación privada que efectúa la función empresarial a través del mercado, al no verse limitada por la necesidad de conseguir el apoyo democrático presente de determinados grupos, cada un número de años relativamente corto, puede orientarse hacia el futuro con muchísima mayor libertad.
Estudios de Economía Política, Jesús Huerta de Soto, pág 239.
La especulación [día 7 (vídeo 2)] es la función empresarial [día 5 (vídeo 1)] ejercida entre distintos momentos del tiempo del actor.
5. La carencia de incentivos para actuar de forma eficiente. Una determinada línea de acción pública se mantendrá con independencia de su eficiencia [económica] si es que recibe el suficiente apoyo político... El incentivo político de la gestión pública es más bien el de expandirse de forma descontrolada que el economizar. Op. cit. pág 240.
Para que una decisión pública sea beneficiosa para la sociedad es preciso que exista una conexión entre aquellos que toman la decisión y los costes y beneficios que se deriven de la misma (concepto de "responsabilidad")... En la democracia representativa [a diferencia del mercado] se difumina y desaparece el nexo decisión-responsabilidad. Op. cit. pág 240.
Fuente: anarcocapitalismo
domingo, 27 de marzo de 2011
LIBERALISMO versus ANARCOCAPITALISMO
Publicado en mises.org*
martes, 22 de marzo de 2011
Caída del Estado-nación y surgimiento del Estado-empresa
Leer el siguiente trabajo pinchando aquí.
jueves, 24 de febrero de 2011
Gobierno privado = Gobierno voluntario
Vídeo de como el intervencionismo publico genera siempre corrupción
El gobierno privado es una propuesta de sistema de gobierno donde el Estado o propiedad pública quedan eliminados totalmente, siendo sustituídos por un sistema voluntario en donde una -o más- empresa privada presta el servicio de administración y gobierno del país o grupo humano, a cambio del pago por parte de sus habitantes de una cantidad de dinero por concepto de dicho servicio.
Gobierno de derecho privado-empresa de servicios administrativos
Competencia por clientes-ciudadanos
Contrato de gobierno
Jefes de gobierno-administradores profesionales
Fuerzas armadas-seguridad privada
Servicio al cliente
Calidad e innovaciones
Fuente del artículo aquí
jueves, 17 de febrero de 2011
¿Cómo lograr la transición desde una sociedad estatalizada a otra donde prevaleciera la libertad?
Por Juan Ramón RalloHace unos años mi amigo Toni Mascaró publicó un muy interesante artículo acerca de cómo lograr la transición desde una sociedad estatalizada a otra donde prevaleciera la libertad. Lo llamó teoría del desprendimiento: su previsión era que, conforme pasara el tiempo, cada vez un mayor número de individuos irían planificando su futuro al margen del Estado. No porque éste dejara de pisotearnos, sino porque asumiríamos que el pisotón no es más que una parte del medio ambiente en el que vivimos; no un abismo infranqueable para alcanzar la meta, sino un lastre con el que involuntariamente cargaríamos durante toda la carrera. Y, al final, cuando todos lo soportáramos estoicamente sin darle ningún uso, cuando todos nos hubiéramos desprendido de sus ineficientes y onerosos servicios –sin esperar una pensión, sin acudir a sus escuelas, sin sanarnos en sus hospitales, sin depender de sus subsidios…–, el poder político se vendría abajo por su propio e innecesario peso.
Ahora sólo falta que empecemos a dar ideas concretas de qué hacer y cómo hacerlo.
Un manual de planificación financiera y de bolsa podría ser muy útil para empezar a conseguir esas metas.
sábado, 8 de enero de 2011
Murray Newton Rothbard
A diferencia de Hayek, el otro gran discípulo de Ludwig von Mises no fue austriaco, sino estadounidense. No fue un liberal clásico al uso, sino un convencido anarcocapitalista. No trató de hacer concesiones fusionistas con las corrientes económicas mayoritarias, sino que las atacó sin piedad. No tenía una mente dispersa en múltiples campos, sino sistemática y maestra en todos ellos. No creía en los cambios graduales sino que, como Lord Acton y Leon Trotski, abogaba por la "revolución permanente".
Murray Newton Rothbard es, sin duda alguna, el más representativo de la segunda generación de los discípulos de Mises. Si la primera –con Hayek, Machlup, Haberler o Morgenstern– se había fraguado en los círculos intelectuales de Viena durante la década de los 20, esta segunda se constituyó en Nueva York durante los años 50 y comprendió, aparte de a Rothbard, a otros eminentes académicos como Israel Kirzner, George Reisman, Hans Sennholz o Louis Spadaro.
Si en nuestra pequeña biografía de Mises ya tuvimos que advertir que unas pocas páginas no iban a hacer justicia a todas sus contribuciones económicas y en la de Hayek mencionamos la variedad de disciplinas a las que recurrió para justificar su teoría de los órdenes espontáneos, en el caso de Rothbard hay que empezar señalando que el estadounidense trató de dominar y de reformular un sinfín de materias: economía, ética, filosofía política, política, metodología, historia económica, historia del pensamiento económico o historia estadounidense fueron sólo algunos de los temas sobre los que escribió prolijamente.
Suele decirse que tal cantidad de escritos sólo pudo ser acometida por cuatro o cinco Rothbards distintos, especializados cada uno de ellos en un área del conocimiento concreta; aunque, todo hay que decirlo, la hipótesis de Walter Block, uno de los seguidores y amigos de Rothbard, parece más verosímil: el estadounidense era capaz de escribir a una media de ocho páginas por hora.
Aún así, lo cierto es que los dos grandes temas del pensamiento rothbardiano, de los cuales nacen por combinación todos los restantes, son la praxeología y la filosofía política.
Su teoría económica
El estadounidense, pese a sus diversos intereses, fue sobre todo un economista. Un excelente economista, diría yo –pese a que discrepo en varios asuntos fundamentales de su teoría monetaria–, distinguido en todo momento por su rigor y sistemática. Tengamos presente que Rothbard publica su gran tratado de economía, El hombre, la economía y el Estado, a la edad de 36 años. Lo que empezó como una guía académica para comprender la Acción Humana fue engordando hasta transformarse en un volumen de más de mil páginas que el propio Mises describió como "una contribución trascendental para la economía".
Básicamente, Rothbard, a diferencia de Mises, parte de que la acción humana es un axioma de cuya verdad somos conscientes de manera empírica: los seres humanos sabemos que el actuar forma parte de nuestra naturaleza gracias a nuestra experiencia. Sobre este axioma y alguna otra hipótesis empírica auxiliar (la diversidad de recursos y habilidades en la sociedad humana) Rothbard, muy en línea con la Acción Humana, desarrolla toda la restante teoría económica pero respetando siempre ciertos límites: la economía y la ética son disciplinas distintas (si bien la primera puede influir en la segunda, pues no puede ser ético aquello que resulta imposible); la psicología y la economía estudian campos distintos pero complementarios (de ahí que, en realidad, la praxeología no necesite asumir un dualismo cuerpo-mente, ni siquiera en las versiones más relajadas del teatro cartesiano) y lo que le interesa a la economía no son estados mentales, sino las decisiones y preferencias que se materializan en la acción concreta (la preferencia demostrada); la utilidad es un fenómeno ordinal no cuantificable que se manifiesta en la acción y por tanto no pueden efectuarse comparaciones intersubjetivas de utilidad; la indiferencia es un fenómeno psíquico, no económico, pues al actuar se demuestra siempre que se prefiere una opción frente al resto.
Fijémonos en cómo algunas de estas limitaciones en pos del realismo restringen mucho el campo del intervencionismo estatal. Si no podemos realizar comparaciones intersubjetivas de utilidad, entonces no es posible afirmar en términos económicos que la redistribución de la renta mejora el bienestar general. O si nuestras preferencias sólo se materializan en la acción, entonces resulta imposible afirmar económicamente que un grupo de individuos quiere que se provea un bien que ni se ha provisto ni se va a proveer en ausencia de la intervención del Estado (bien público).
Por supuesto, seríamos muy ingenuos si creyéramos que los intervencionistas van a aceptar que sus teorías se han visto refutadas por un simple error de forma. La crítica económica a las redistribuciones de renta, a las externalidades o a los bienes públicos debe ir mucho más allá que a descartarlos de entrada por no tener encaje en una teoría económica realista y subjetivista. De hecho, muy probablemente incluso se podría hallar ese encaje, pero la crítica de Rothbard sí revela dos cosas: que los intervencionistas han popularizado sus teorías sin que se hayan tenido que esforzar en pulir su realismo (lo que, a su vez, revela una agenda más política que económica) y que generalmente las violaciones del realismo preceden a violaciones de la ciencia y las violaciones de la ciencia a violaciones de la libertad.
Tan sólo esta traducción de la Acción Humana a un formato más sistemático y riguroso si cabe (tanto que en ocasiones se pierde parte de la profundidad analítica de Mises) ya convertiría a El hombre, la economía y el Estado en una excepcional y muy recomendable obra. Pero, además, Rothbard realiza dos novedosas y esenciales contribuciones a la economía que no estaban presentes en el libro de Mises: en concreto, sus teorías sobre el monopolio y sobre los límites del cálculo económico.
En cuanto a lo primero, Mises había admitido como posible, aunque muy improbable, la existencia de monopolios en un mercado libre. Su análisis no se diferenciaba en lo sustancial del neoclásico predominante (aunque sí en algún punto clave en torno a los costes sociales del monopolio). Rothbard, en cambio, completó la intuición hayekiana de que la competencia debe estudiarse no como un estado, sino como un proceso de rivalidad para lograr el favor de los consumidores. En este sentido, el estadounidense lanza por la borda la célebre distinción entre "precio de competencia" y "precio de monopolio", argumentando que en la realidad resultan indistinguibles bajo criterio alguno: el único precio que existe es el de mercado y a él debe restringirse la ciencia económica. Para Rothbard, el único monopolio que existe es el creado por el Estado (el propio Estado es un monopolio, de hecho) y todas las otras formas de organización empresarial son simples estrategias –incluyendo las fusiones o los tan denostados cárteles– que tratan de beneficiar en última instancia al consumidor.
Por otro lado, Rothbard complementa el teorema de la imposibilidad del socialismo de Mises al descubrir que el problema no es específico del comunismo, sino de todo sistema de organización económica donde los factores productivos carezcan de precios de mercado. En otras palabras, los empresarios tampoco serán del todo capaces de practicar el cálculo económico en el sistema capitalista si algunos factores productivos carecen de mercado y, por tanto, de precio (por ejemplo, un bien de capital muy específico desarrollado por una empresa para su uso interno).
Las implicaciones de este descubrimiento son múltiples, pero están muy relacionadas con el tamaño óptimo de las empresas: dado que cuanto más grandes sean las compañías, peor podrán redistribuir su capital, no es cierto que en el mercado exista una tendencia hacia el crecimiento ilimitado de las empresas (o el monopolio único, en lenguaje marxista). Los gestores de ese monopolio único privado se enfrentarían a problemas análogos a los de un comité de planificación central en el socialismo.
Del resto de la obra –aparte de la interesante ampliación que hace del libro Precios y Producción de Hayek, su clarificación del concepto de preferencia temporal de Böhm-Bawerk siguiendo al economista Frank Fetter, o su irregular teoría monetaria, mucho más cuantitativista de lo que él era consciente– destaca su despiadada crítica a todo tipo de intervencionismo económico en unos capítulos que originalmente fueron publicados como un libro aparte –Poder y mercado.
Rothbard no ataca aquí el intervencionismo por ser contrario a los derechos del ser humano, sino, en línea con Mises, por no ser capaz de resolver los problemas hacia los que supuestamente se dirige. Sin embargo, para el estadounidense, esta crítica utilitarista contra el estatismo no era suficiente. Al fin y al cabo, argumentaba Rothbard, el objetivo de las intervenciones del Estado no tiene por qué ser el declarado (por ejemplo, acabar con la carestía de un producto imponiendo un precio máximo a su venta), sino simple y llanamente acrecentar el poder de la clase política (objetivo éste que sí cumplían con bastante éxito). Tampoco le valía a Rothbard el argumento antirracionalista de Hayek según el cual debemos respetar las instituciones que emergen espontáneamente por contener éstas una cantidad de información que ningún ser humano individual es capaz de procesar; al fin y al cabo, decía, en muchas ocasiones esta sumisión ciega a la costumbre y a la experiencia recibida podría convertirse en la dictadura del statu quo (¿habría que haber conservado la institución de la esclavitud?).
Su filosofía política
El estadounidense, pues, se ve impulsado a justificar y asentar la necesidad de libertad en la doctrina de los derechos naturales aristotélico-tomista que su maestro Mises tanto detestaba por considerarla pura superstición. Rothbard pensaba que sí era posible deducir una serie de normas o pautas generales a partir de la naturaleza del ser humano: hay ciertos principios que deberían observar todas las formas de organización social que quieran minimizar los conflictos y sobrevivir, sin que esta reflexión suponga un intento por construir hiperracionalistamente las instituciones concretas por las que deben regirse y coordinarse. En particular, el derecho básico de todo ser humano es para Rothbard el de la autopropiedad: cada individuo tiene el derecho a controlar su propio cuerpo y a establecer relaciones con su entorno (apropiárselo), lo que implica que carecerá de derechos para controlar los cuerpos y las propiedades ajenas (principio de no agresión).
En La ética de la libertad, Rothbard desarrolló todo este sistema ético hasta sus últimas consecuencias: el Estado, al asentarse en el expolio sistemático de la propiedad ajena, es el mayor criminal que existe y por tanto debería desaparecer. Fusionando la ética del derecho natural con el anarquismo e individualismo radical de ciertos autores estadounidenses como Benjamin Tucker, Lysander Spooner o Albert Jay Nock y, sobre todo, con las ideas del pionero economista belga Gustav de Molinari, Rothbard dio carta de naturaleza al movimiento anarcocapitalista dentro de la Escuela Austriaca.
Con estas dos armas –la filosofía política y la praxeología–, Rothbard creía tener suficiente para desatar una ofensiva sin cuartel contra el Estado (por ejemplo, en su panfletario Hacia una nueva libertad: el manifiesto libertario). Si el Estado es contrario a los derechos del ser humano y además reduce su prosperidad, no hay motivo para que siga existiendo un minuto más. El estadounidense se declaraba incluso partidario de pulsar un hipotético botón rojo que suprimiera todas las instituciones políticas ipso facto.
Y es aquí, me temo, donde el análisis hayekiano sí tiene bastante que decir: porque al margen de que la crítica económica que efectúa Rothbard contra la provisión de defensa por parte del Estado sea muy endeble, la eliminación del aparato estatal de la noche a la mañana dejaría a nuestras sociedades desprovistas de un mecanismo por el que (más mal que bien) se coordinan a día de hoy. La destrucción revolucionaria del Estado llevaría a la anarquía en su peor sentido (a la ausencia de un orden espontáneo) aun cuando podamos suponer que en algún largo plazo la sociedad se reorganizaría bajo directrices liberales y antiestatistas (o no).
Parece más lógico, y compatible con la naturaleza humana, suponer que si el Estado llega a desaparecer algún día (y aquí hace falta bastante más investigación científica, no sólo económica, que justifique esta esperanza) será de manera gradual. Porque sí, la URSS se derrumbó de la noche a la mañana, pero las instituciones que la sustituyeron (mercados más o menos libres y ordenamientos jurídicos) eran fruto de la evolución de centurias.
Aún así, la filosofía política de Rothbard ha resultado una rica fuente de inspiración para muchos científicos sociales, al permitirles abrir al máximo sus horizontes de investigación. Hoy, por fortuna, disponemos de una creciente literatura sobre lo que Michael Polanyi llamó "órdenes policéntricos" (diversidad de centros de jurisdicción que interactúan en un mismo territorio sin un árbitro último que resuelva monopolísticamente sus conflictos) y sobre alternativas en apariencia viables a todas o casi todas las funciones del Estado. La filosofía política de Rothbard, pues, más que un punto de llegada o confluencia de tradiciones diversas, debe ser observada como un punto de partida para un programa de investigación mucho más amplio (y que, en parte, aún está en pañales).
Otras contribuciones
En cualquier caso, toda la vida personal y profesional de Rothbard giró sobre estos dos ejes: la praxeología austriaca y la ética anarquista. Su valiosa reinterpretación de la Gran Depresión estadounidense (que Paul Johnson utiliza como principal referencia para este episodio histórico en Tiempos Modernos) es una forma de demostrar cómo la teoría austriaca del ciclo económico explicaba a la perfección aquella crisis; su muy completa Historia del Pensamiento Económico, si bien nutrida en demasía de fuentes secundarias, es una manera de alertar a los economistas de que el avance científico no es progresivo y de que en la historia de nuestra ciencia han sido más frecuentes los consensos en torno a teorías falsas que en torno a las verdades fundamentales que luego iría desarrollando la Escuela Austriaca; sus Qué ha hecho el gobierno con nuestro dinero, El caso contra la Fed, Una historia monetaria y bancaria de Estados Unidos o El misterio de la banca son estudios detallados –en ocasiones demasiado conspiranoicos– sobre cómo el Estado ha ido pervirtiendo la institución del dinero para sufragar sus dispendios y beneficiar a la plutocracia bancaria; y su Concebidos en libertades una reinterpretación histórica de la revolución americana a la luz del liberalismo radical.
Pese a su antiestatismo militante, no fue reacio a meterse en política y a aliarse con cualquier movimiento que circunstancialmente le sirviera, con más pena que gloria, para promover objetivos liberales (si bien casi siempre estuvo en la órbita del Partido Libertario estadounidense). En política exterior, era un decidido aislacionista partidario de la neutralidad de Estados Unidos; nunca vio con buenos ojos, todo lo contrario, las guerras "democratizadoras" que a modo de cruzadas desarrollaba el gobierno para pacificar el planeta y constituir un imperio republicano. En política interior, buscaba desarmar por entero el Estado de Bienestar (no aceptaba medias tintas como el cheque escolar de Friedman) y regresar al patrón oro con tal de constreñir el gasto y el endeudamiento públicos. En definitiva, sus bestias negras en política eran el Warfare y el Welfare State; a su juicio, dos caras de la misma moneda.
Murray Rothbard murió en 1995, a la temprana edad de 68 años. Tras de sí nos dejó no sólo una muy variada obra (en temas y en calidad), sino también un think tank, el Mises Institute, que, pese a todos sus defectos, es el centro que más ha hecho hasta la fecha por promover y facilitar el acceso a las ideas austriacas por todo el mundo. Aunque probablemente nunca alcanzará la fama de Mises o de Hayek, sería imposible concebir la pujanza, la claridad y la solidez del pensamiento austriaco actual sin su labor.
Por fortuna, las líneas de investigación que abrieron Menger, Böhm-Bawerk,Mises, Hayek y Rothbard siguen siendo exploradas, ampliadas, reformuladas y enriquecidas por miles de economistas en todo el mundo. Sus obras son y seguirán siendo referencias esenciales para todos aquellos interesados en la economía y en todas las disciplinas conexas a la misma. Estoy convencido de que es dentro de este paradigma donde podemos encontrar y seguiremos encontrando una respuesta válida a gran parte de nuestros problemas contemporáneos. En parte –sólo en parte– que seamos capaces de defender en la teoría y en la práctica nuestra libertad en el futuro dependerá de que vayamos absorbiendo y difundiendo intelectualmente los escritos de estos cinco gigantes intelectuales y de sus muchos brillantes discípulos.
Fuente






