Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



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viernes, 28 de febrero de 2014

La historia curiosa del peor "market timer" del mundo!


Pedro es un hombre común sin muchos conocimientos del mercado, pero es ahorrador y planificado y en 1970 tiene solamente 22 años. Su idea es ahorrar $2000 al año en la década de los '70, $4000 al año en los '80, $6000 al año en los '90 y $8000 al año en la primera década de los años 2000. Su intención es poner ese dinero en el ETF que replica el S&P500 y no vender ni una sola acción, pase lo que pase (esta es la decisión importante!!!), pero por culpa de sus emociones consigue invertir únicamente cuando el mercado ha subido por cierto tiempo y de una manera importante porque esas subidas hacen que se sienta mas "seguro". Así que los primeros $6000 ahorrados los invierte a finales de 1972 justo antes de que el mercado cayera casi un 50%. Eso fue un duro golpe para el, pero no vendió ni una sola acción. 15 años después el mercado había subido suficientemente y por un tiempo lo suficientemente largo como para que Pedro tuviera nuevamente confianza para invertir sus ahorros acumulados desde la ultima inversión, en este caso puso en el ETF S&P 500 unos $46.000 en agosto de 1987 justo poco antes de una caída del 30%, pero aunque maldiciendo su mala suerte Pedro siguió sin vender ni una sola acción. Este golpe lo mantuvo fuera por mucho tiempo del mercado y la siguiente fecha donde invirtió sus ahorros acumulados fue en diciembre de 1999. En esa época todo el mundo estaba entusiasta porque por fin se habia ganado la batalla a los ciclos económicos y un futuro de inimaginable prosperidad estaba a las puertas, todos sabían que "esta vez es diferente" y así Pedro invirtió en el ETF $68.000 que había acumulado desde 1987. Solamente para ver como en poco tiempo la bolsa bajaría casi un 50% en un periodo de dos años. Esta vez el golpe fue mas duro porque  en poco mas de 10 años Pedro llegaría a los 65 años y esa era la fecha en la cual se queria jubilar y disfrutar de sus ahorros. Pero siguió sin vender ni una acción. Pero con el tiempo y los mercados subiendo Pedro decidió hacer una ultima inversión en el ETF S&P 500 en 2007 ya que los mercados se veían sólidos y tranquilos. Esta vez invirtió $64.000 justo antes de la peor crisis financiera de los últimos 100 años y vio como sus inversiones bajaron otra vez mas del 50%. Esta fue efectivamente la ultima inversión que hizo Pedro en renta variable y siguió ahorrando unos $40.000 mas hasta que se retiró a finales de 2013.
Aunque Pedro invirtió en los peores momentos posibles terminó siendo millonario, el valor de su patrimonio era de $1,1 millones, si hubiera invertido el monto ahorrado cada año en vez de esperar a invertir justo antes de las grandes caídas, hubiera acumulado $2,3 millones pero claro en ese caso no hubiera sido Pedro el peor "market timer" de la historia!     
Fuente: Value Investing Club

miércoles, 25 de enero de 2012

Si su bisabuelo hubiera invertido en bolsa en 1900...

La bolsa siempre gana.  A muy largo plazo, por supuesto. Este es el principal resumen del informe anual que Credit Suisse realiza sobre la evolución de la renta variable, los bonos del Tesoro y los depósitos desde 1900 hasta la actualidad.
Esto ha ocurrido así en los diecinueve países seleccionados, independientemente de guerras, depresiones y dictadurasUna vez descontada la inflaciónsi hubieran llegado a sus manos 1.000 dólares invertidos en 1900 en un índice mundial de bolsas, hoy tendría 375.000 dólares.
Si la inversión la hubiera hecho en bonos del Tesoro, tendría 6.100 dólares. ¿Y en depósitos? 2.900 dólares. El periodo en que sale peor parada la inversión en renta variable respecto a los bonos va de 2001 a 2010, que se mantuvo en 2011. Aunque el informe no alcanza a contarlo, en 2011 la inversión en el T-Bond estadounidense a 10 años obtuvo una rentabilidad del 30% (la rentabilidad se comporta de forma inversa al precio).
El informe confirma que el peso del mundo anglosajón en las bolsas no ha cambiado en 110 años. Estados Unidos y el Reino Unido representaban la mitad del mercado de renta variable en 1900. Igual que ahora. Simplemente, el peso ha variado a favor de los americanos. España, que no aparecía en 1900, es hoy la decimoquinta bolsa del mundo en capitalización. Japón y las potencias europeas se mantienen entre los principales mercados y en 2010 confirman su presencia como plazas fuertes Canadá y Australia. Este país y Suráfrica (ver gráfico) son los dos que mejores rentabilidades han ofrecido a los inversores. En ambos casos, las empresas mineras representan alrededor de una cuarta parte de sus bolsas.
A finales de los setenta, España era uno de los países con uno de los peores comportamientos bursátiles de la historia. La consolidación de la democracia originó una edad dorada de las inversiones en bolsa que han permitido que un supuesto euro invertido en 1900 hoy valiera 48,7, con una rentabilidad anual del 3,6%.
En 1980 tenía un valor de 2,47. Teniendo en cuenta la inflación, el euro de 1900 valdría hoy 26.297.  Comparado con la evolución de la renta variable, los bonos del Tesoro se han multiplicado por 4,1 y la rentabilidad que ofrecen los depósitos un 1,5.
Tras las dos caídas sufridas en 2010 (-17,43%) y 2011 (-13,11%), los inversores del siglo XXI tienen razones  para mirar con escepticismo la historia. Un euro invertido en bolsa española el 2 de enero de 2000 valdría en la actualidad 0,73 céntimos. La década no ha sido para recordar. Pero, si tenemos en cuenta qué ha ocurrido con la evolución del Ibex 35 desde su inicio el 14 de enero de 1992, los resultados son otros. La rentabilidad nominal ha aumentado  un 215%, que tras descontar el 83,1%  de inflación acumulada hasta diciembre de 2011, se queda en un 131,9%. Sólo la inversión en vivienda, incluyendo la corrección de estos últimos años, supera la revalorización de las acciones. El ladrillo sigue vivo.
¿Quiere esto decir algo para el futuro? A aquellos inversores que van a dormir pensando en cuánto han caído sus valores ese día habría que entrenarles a ser más pacientes. Si el sistema aprende a corregirse tras estos años de toboganes -esta es la esencia del capitalismo- y las personas, empresas y los gobiernos creemos y apostamos por un progreso sostenible y civilizado de nuestro planeta, las inversiones en bolsa mantendrán una tendencia siempre alcista a diez, veinte y treinta años vista. Naturalmente, la edad y situación económica del inversor cuenta lo suficiente para que pueda ser flexible y haga los deberes para que una mala racha, como la que estamos viviendo desde el año 2000, no le haga más daño.
Vivimos un periodo donde se pone en tela de juicio hasta la inversión más segura, lo que ha quedado demostrado al pagarse intereses negativos por los bonos alemanes. El miedo a no perder atenaza a pequeños ahorradores y grandes patrimonios. Pero no hemos vivido situaciones como los cierres  bancarios de Estados Unidos de 1932 y 1933 ni las economías occidentales caerán un 10%. Aunque muchos piensen que la bolsa es lo más parecido a un casino, a largo plazo no es así.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Cómo ganar en bolsa a largo plazo


A pesar de la crisis financiera, la inversión en bolsa española desde el año 2000 consigue batir a la inflación e incluso aportar un plus de rentabilidad si se tiene en cuenta la remuneración al accionista.

Una de las creencias comunmente aceptadas en el mundo de la inversión es que la apuesta por la renta variable siempre es rentable en el largo plazo. Pero con el advenimiento de la crisis financiera en julio de 2007 y el posterior desplome de las bolsas, el mito se ha caído para muchos inversores. Las bajadas han sido tan pronunciadas que han barrido de un plumazo las rentabilidades obtenidas en diez años. Se habla así de la década perdida de la renta variable.
Si se tiene en cuenta la cotización de los índices desde diciembre de 2000, las pérdidas a día de hoy se sitúan, en la mayor parte de los casos, en doble dígito. El Ibex 35 se deja un 15,3%. El CAC francés, un 54,1% y el EuroStoxx 50, un 58,9%. El S&P estadounidense logra frenar la caída hasta el 14,4%, mientras que el Nikkei japonés se desploma hasta el 37,9%. Sin embargo, a pesar de lo abrumadoras que son las cifras, el panorama no ha sido tan negro si se tienen en cuenta los dividendos repartidos por las compañías.
Reinvertir o no reinvertir
Cuando una compañía reparte dividendos, el inversor tiene dos opciones. Una de ellas es reinvertirlos en la propia compañía. Esta estrategia, característica de los fondos de inversión, resulta rentable cuando las acciones suben, ya que al haber utilizado los dividendos cobrados para comprar aún más acciones, los beneficios finales son aún mayores. Así, en un año alcista como fue 2009, el Ibex se anotó un 29,8%, mientras que si se tiene en cuenta la reinversión de dividendos, subía un 37,8%. En cambio, en un mercado bajista como el que se dio en 2010, el selectivo español se dejó un 17,4%. Con dividendos la caída se modera hasta el 12,9%. 
La segunda opción es reservar los dividendos para otros usos o como colchón de liquidez. En este caso, la remuneración percibida puede compensar las posibles pérdidas en las que incurra el inversor cuando la tendencia del mercado sea bajista.
En el caso del parqué español, los dividendos repartidos por las compañías han resultado clave para atenuar las pérdidas de los accionistas. De hecho, si se analiza la evolución de los valores del Índice General de la Bolsa de Madrid desde diciembre del año 2000, el cobro de dividendos no sólo compensa las caídas en las cotizaciones desde esa fecha, sino que permiten obtener rentabilidades positivas, según cálculos facilitados por BME.

De este modo, una inversión de 10.000 euros en acciones del Mercado Continuo (siguiendo los mismos pesos que otorga el Índice General a cada compañía) que hubiera sido realizada a cierre de 2000, habría caído un 4,53% hasta el 15 de septiembre de este año. La inversión inicial se habría reducido, por tanto, hasta los 9.547 euros. Por otro lado, el inversor habría cobrado hasta 4.851 euros en concepto de dividendos en ese periodo, lo que supone una rentabilidad del 48,5% respecto a la inversión inicial.
Si el inversor hubiera mantenido estos dividendos aparte (sin reinvertirlos), la rentabilidad final de la inversión, teniendo en cuenta el impacto negativo de las caídas de las bolsas y el efecto positivo de los dividendos, habría sido del 43,9%. En otras palabras, sus 10.000 euros se habrían convertido en 14.398, lo que supone una rentabilidad anualizada del 3,47%.
De este modo, y apesar de la mala racha bursátil, la inversión en renta variable habría conseguido alcanzar la meta básica para cualquier inversor: batir a la inflación. Según cálculos de BME, el efecto que supuso el alza de los precios en ese periodo se habría llevado por delante el 35,04% del patrimonio acumulado en esas fechas. Pero como la rentabilidad de la bolsa española, dividendos incluidos, fue del 43,9%, el accionista sigue obteniendo un retorno positivo para su inversión (ver ilustración).
Si se descuenta, por tanto, el efecto inflacionista, los 10.000 euros invertidos se habrían convertido en 10.894, lo que supone una rentabilidad del 8,94% (del 0,8% en términos anualizados).
Cara a cara con los bonos
Teniendo en cuenta los dividendos, la rentabilidad de la bolsa española en la última década no se sitúa muy lejana a la de los activos sin riesgo. El interés que ofrecían las obligaciones del Estado a 10 años en diciembre de 2000 era del 5,24% anual. Si se extienden las características de este bono a un periodo de 10,7 años (que es el tiempo que ha transcurrido desde entonces), la rentabilidad sería del 55,02% (4,18% anualizado). Descontando el efecto de la inflación, el 19,98%. En consecuencia, un inversor que hubiera dedicado 10.000 euros a la inversión en deuda pública española, tendría hoy 11.998 euros, una vez descontado el efecto de la subida de precios.
La diferencia de rentabilidad entre ambos activos en términos anualizados no es muy grande. Un inversor que hubiera apostado por la renta variable española en 2000, habría obtenido un retorno neto del 0,8% en términos anualizados, mientras que el inversor en deuda pública habría conseguido menos de un punto porcentual más (el 1,72%), anualmente.
Esta simulación permite hacerse una idea del importante papel que juegan los dividendos a la hora de contribuir a la rentabilidad de la bolsa en el largo plazo. Sin embargo, hay que tener en cuenta varios factores que inciden en que esa rentabilidad llegue finalmente al bolsillo del accionista. Por un lado, el hecho de no reinvertir los dividendos en acciones no implica que el inversor los deposite en una cuenta como colchón de cara a futuras caídas (podría haberlos gastado o dedicado a otro tipo de activos).
Por otro lado, el supuesto parte de la base de que el inversor ha tenido la paciencia de aguantar el chaparrón a través de la tormenta bursátil. Un escenario que no resulta muy probable, teniendo en cuenta que muchos inversores se dejan llevar por el pánico y tienden a vender cuando las acciones se encuentran en plena caída.
No obstante, y dejando estos factores a un lado, lo cierto es que la apuesta bursátil en la última década no tiene por qué arrojar resultados negativos. “A largo plazo, la inversión en renta variable (con dividendos incluidos de una u otra manera) es prácticamente siempre positiva y superior a otras inversiones financieras similares”, afirma Javier Garrido, subdirector del Servicio de Estudios de BME.
La bolsa también resulta un activo atractivo si se tienen en cuenta otros periodos históricos y no sólo la última década. En Bolsas y Mercados han llevado a cabo un análisis en el que comparan la inversión en renta variable con la inversión en deuda a largo y corto plazo desde 1980 hasta 2010 utilizando datos mensuales. Según este análisis, en los 241 períodos de 11,7 años (que son los años transcurridos desde el año 2000 hasta ahora) contenidos en ese plazo, la rentabilidad de la bolsa es positiva en todos los casos, con un promedio de un 15,75% anual (frente a un promedio del 11,76% de la deuda a largo plazo). La rentabilidad máxima fue del 25,14% y la mínima, del 3,36%. Este análisis, que supone la reinversión de dividendos y de cupones, concluye que en el 87% de los casos (210 períodos de 11,7 años) la rentabilidad de la bolsa es mejor que la de la deuda a largo plazo.
Beneficio de las compañías
La afirmación de que la renta variable es rentable en el largo plazo no sólo se apoya en los resultados históricos. En teoría, las bolsas tienden a reflejar el crecimiento de los beneficios de las compañías y si se coge un periodo temporal lo suficientemente largo, se consigue desligar el efecto negativo que puede suponer el ciclo económico sobre estas empresas. Lo difícil es determinar cómo de largo tiene que ser el periodo de espera. ¿Es una década tiempo suficiente? Según algunos expertos, para garantizar resultados positivos, habría que esperar algo más. 
En Atlas Capital han analizado la evolución de la bolsa americana desde la Gran Depresión y afirman que en periodos de 13 a 15 años, la renta variable es el activo más rentable. “El problema es que mucha gente no está dispuesta a esperar tanto. Prefieren plazos de 5 a 8 años”, comenta Belén Alarcón, directora de la EAFI de Abante. Según la experta, desde 1929 hasta 2008, el crecimiento del índice S&P se corresponde con el de los beneficios de las empresas. Un crecimiento que, en un ciclo económico completo, se situaría en el 6%.
Esto demuestra que “en el largo plazo, la teoría se cumple, pero en el corto, hay irracionalidades”. Como demostró la caída de los mercados tras la tormenta subprime, la volatilidad puede llegar a ser extrema e influir decisivamente en la conducta psicológica del inversor.
Por tanto, la clave está en mantener la inversión sin ceder al pánico y en elegir, en la medida de lo posible, el mejor momento para posicionarse en bolsa. Según Alarcón, si se cumple con esas dos condiciones, la rentabilidad que cabe esperar se sitúa entre el 8% y el 10%.
Una forma de evaluar si el momento actual es propicio para la inversión es analizar el PER histórico de las bolsas. La experta señala que el PER histórico medio de la bolsa americana se sitúa en 16 veces. Actualmente se encuentra en 12,3 veces (y el Ibex ronda las 6,6 veces). “Ahora mismo el mercado está barato a 5 o 7 años vista”, concluye la experta.
Los que teman no tener la puntería suficiente para acertar con el momento de mercado tienen otra opción a su alcance, que es introducir pequeñas cantidades periódicamente. De este modo, se consigue neutralizar los vaivenes bursátiles en el largo plazo, ya que el inversor habría comprado tanto cuando el mercado estaba caro como cuando estaba barato.
Mirando a emergentes
El problema de elegir el mejor momento para posicionarse en bolsa es que pueden pasar años hasta que llegue de nuevo una situación idónea para invertir. Pero en este aspecto, el inversor cuenta con otro as en la manga: la diversificación geográfica.
Aunque las bolsas de las economías desarrolladas han vivido desplomes de doble dígito en la última década, los mercados emergentes consiguen pasar la prueba con nota. Con datos de Fidelity para el periodo 2000-2010, la bolsa rusa ha crecido un 567%, la mexicana, un 381% y la brasileña un 304%. “Nosotros lo llamamos un mundo a dos velocidades”, explica Antonio Salido, responsable de Márketing de la gestora en España.
La inversión en emergentes aportaría así crecimiento a la cartera, mientras que la apuesta por los desarrollados, y particularmente por las compañías con mayor rentabilidad por dividendo, proporcionaría un plus de estabilidad.

jueves, 24 de marzo de 2011

Las acciones son activos ideales para hacerse rico a largo plazo

Las acciones son activos ideales para hacerse rico a largo plazo. Pero exige la cualidad menos común entre los inversores "LA PACIENCIA". Para obtener un rendimiento satisfactorio en Bolsa es necesario tener el aguante suficiente para mantenerse invertido, incluso en ocasiones en las que la incertidumbre se convierte en una constante incómoda. Hay que tener presente que la bolsa americana ha proporcionado retornos positivos a 5 años en el 97% de las ocasiones.El mercado recompensar al inversor paciente que se mantiene fiel a su estrategia de inversión.



Si tomamos por ejemplo la peor crisis bursátil de la historia, el crack de 1929 ( que propició una bajada del índice del 89%) y pensamos que un inversor que desde el punto más alto hubiera ido realizando inversiones regulares cada mes a lo largo de la caída, llegamos a la sorprendente conclusión de que en menos de 4 años ese inversor hubiera obtenido una rentabilidad mayor  que invirtiendo en Letras del Tesoro. Si hubiera mantenido su inversión durante 30 años, habría obtenido una tasa de rentabilidad media del 13%.


El value investing depende más del sentido común, el trabajo diario y la paciencia que de particulares fuentes de información o de la predicción de acontencimientos futuros. Su correcta aplicación minimiza la posibilidad de pérdidas permanentes en la cartera y ha producido resultados positivos a largo plazo, batiendo de media la rentabilidad del mercado que es del 10 al 11% en los últimos 200 años.

Frase: La paciencia es una copa amarga que muy pocos saben beber. ¿ Quieres aprender como se bebe esta copa?, nunca es tarde, en este blog tienes documentación para formarte en esta materia.

Saludos

miércoles, 23 de marzo de 2011

Para los inversores de largo plazo la cotización de la acción es irrelevante siempre que cumpla con unos requisitos

Para los inversores de largo plazo la cotización de la acción es irrelevante siempre que cumpla con unos requsitos como que siga pagando el dividendo esperado y que este vaya subiendo con el tiempo. El valor de un piso comprado para alquilar deja de ser importante, ni se mira, cuando ese alquiler se paga religiosamente, sube anualmente . y ese piso ha sido comprado para el larguísimo plazo.

Un ejemplo
Me escribe un hombre sobre su inversión y me dice lo siguiente: "Yo tengo acciones de Telefónica desde 1983. Los dividendos y lo que ahorro lo invierto sistemáticamente en nuevas acciones, sin vender nada. Ahora tengo 33.400 acciones de Telefónicas( con un dividendo de 1,75€ por acción me genera 58000€ al año de dividendos) y sigo comprando para dejarselas a mis hijos." Sus reglas son las siguientes:
No especular.
No vender para comprar.
Mantener en epocas malas y seguir comprando.

No compre chicharros sino sabe analizar compañías busque blue chips, es decir grandes  empresas globalizadas como Telefonica, repsol, inditex, cocacola, Mc donals, Bmw, Mercedes , Santander...

Es mas  digo una cosa, mas propabilidades hay de q quiebre España y se quede sin pensión que quiebre 3 o 4 blue chips( son las empresas mas grande de un país) y en el caso de q esto ocurriera, sería en una situación tan dramática para la economía mundial ( guerras etc..) que lo que menos le importaría es su patrimonio sino la supervivencia. Por eso a partir de 100000 euros se recomienda tener entre el 5 o 10% del patrimonio en oro como seguro de vida y no como inversión ya que las materias primas no obtienen grandes rendimientos a largo plazo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

CASO III de inversores que invirtieron a largo plazo

Puede un hombre sin estudios ganar 600 millones de euros invirtiendo en bolsa en apenas 20 años? Así reza la presentación que la editorial LibrosLibres hace de "Los secretos para ganar dinero en la Bolsa", el libro en el que Ram Bhavnani explica las fórmulas de inversión que le han permitido amasar una auténtica fortuna.

Empezó en la Bolsa hace un cuarto de siglo con 20 millones de pesetas y ahora tiene 1000 millones de euros. ¿Suerte? ¿Audacia? ¿Inconsciencia? Seguramente una buena dosis de las tres. Pero salió bien. Presume de lo fácil que es lograr un encuentro con él pero su discreción es proverbial. Dice que no le gusta el riesgo, pero se hizo rico apostando fuerte. ¿Contradictorio? Quizás no.

Regenta, junto a su suegra y un cuñado, el bazar Casa Kishoo en Santa Cruz de Tenerife. Por su aspecto (amplia sonrisa y gafas de cumplidor oficinista) nadie diría que este comerciante indio es el mayor accionista del Banco Zaragozano, con un 8% del capital, ni mucho menos que su inversión en Bolsa supere los 30.000 millones de pesetas. Eso sí, después de leer la prensa económica, atiende cada día desde detrás del mostrador a su variopinta clientela. Ram Bhavnani es un multimillonario, pero también un tendero.




1.Tenga paciencia.

"No crea que tiene que comprar porque llegó el momento de estar metido en bolsa. Es posible que no encuentre ninguna empresa de la que sepa suficiente, le guste y esté bien. "

2.Lo cercano, lo óptimo.
"Peter Lynch ha llegado a decir que si uno compra acciones de empresas que no conoce, es como si pretendiese ganar una partida de póquer sin mirar siquiera las cartas."

3.Cómo mirar la bolsa.
"La bolsa es para disfrutarla, para vivir más cómodo, no para estar en un sinvivir permanente".

4.Buscar oportunidades.
"Para mí invertir es un ejercicio complejo, que pasa por estudiar cada operación, conocer las empresas, y tomar decisiones más como un empresario que como un especulador que maneja información privilegiada".


5.¿Diversificar o no?.
"Uno de los economistas más influyentes del siglo pasado, John Maynard Keynes, que llegó a acumular una notable fortuna en bolsa, pronunció una frase lapidaria: a media que pasa el tiempo, estoy más persuadido de que el método correcto de invertir es colocar sumas bastante grandes en empresas de las que uno piensa que sabe algo y en cuya dirección cree profundamente".


Es copropietario de diez hoteles, Ram Bhavnani En el bazar trabajan 4 personas, en los hoteles unas 700, aparte de los que le corresponden en Bankinter.

En el año 2001 cuantificaba un patrimonio personal de 270 millones de euros.En 2005 cuantificaba un patrimonio personal de 325 millones de euros.

En 22 años ha multiplicado su inversión por un factor de 5.400 euros.

Regenta el bazar con su suegra y su cuñado. Tiene 61 años. Es ahora mismo el principal accionista de BANKINTER dejando a atrás a JAIME BOTÍN.

Más cosas de su vida
Con cuatro años, en 1947, huyó a la India porque en su ciudad "había terribles matanzas de los musulmanes contra nosotros. Cortaban la cabeza a las personas. En otros sitios era al revés. Fue una época muy dura".


Bhavnani es el menor de tres hermanos. Cuando ocurrió la revuelta, su padre estaba trabajando en Tenerife, por lo que su madre acarreó con sus tres hijos, unas pocas pertenencias en una maleta y abandonó su hogar. Tras subirse en un polvoriento y largo tren, la familia Bhavnani acabó en Nasik, un campo de refugiados. "Algunos no quisieron irse porque pensaron que los desórdenes acabarían pronto. Otros se salvaron porque algunos musulmanes les ocultaron en sus casas. Muchos murieron", recuerda con tristeza.
Dos años después, la familia se estableció en Poona, a casi 200 kilómetros de Bombay, donde ingresó en el colegio Saint Vicents High School, de los jesuitas. Estuvo 11 años y reconoce haber disfrutado de las matemáticas, su asignatura preferida. A los 17 años, su vida sufrió un giro radical. Regresó su padre de Tenerife y, por fin, lo conoció. Pero estaba enfermo y murió a los cinco meses. La familia se quedó sin sustento y su madre decidió que su hermano se fuera a Indonesia, y él, a Hong Kong. El objetivo era reunir ahorros para la dote de su hermana para que se pudiera casar.
¿Por qué a Hong Kong? "Un vecino había abierto un negocio textil y me ofreció trabajo. Estuve desde 1961 hasta 1965 y aprendí chino. En aquel momento surgió la oportunidad de hacerme cargo de Casa Kishoo. Habían pasado cuatro gerentes y todos habían fracasado; unos por el idioma, otros porque no se acostumbraban al estilo de vida".
Este nuevo rumbo le llevó, con 21 años, al mismo sitio donde vivió su padre durante 18 años. Bhavnani recuerda aquel Tenerife del franquismo como una ciudad triste, con poco movimiento comercial y escasos turistas. "Sólo me dedicaba a trabajar. Las ventas subieron y planteé el cierre de la tienda de Hong Kong porque generaba pérdidas. El dueño aceptó. Además, tras hablar con mi madre, me propuso que me casara con su hija, a la que había conocido en Hong Kong".
Bhavnani siguió la tradición india y aceptó. La familia de su suegro-jefe se trasladó a la isla y cambió el sistema comercial: comprar las camisas, pantalones, colchas, sábanas, toallas, al que mejor precio ofreciera, no necesariamente a los proveedores de Hong Kong. En 1983 se produjo el acontecimiento que cambió el destino de Bhavnani y toda la familia. Vendieron una gran partida de ropa a un comerciante de Ceuta y el director de la oficina principal del Banco Popular de Santa Cruz de Tenerife adelantó las letras por valor de 20 millones de pesetas (120.000 euros). Bhavnani creía que la economía crecería por la influencia del mercado europeo y apostó por la Bolsa. "Metí todo el dinero en acciones del Popular porque veía que era un buen banco por su forma de trabajar conmigo. En unos años, el valor de los títulos se multiplicó por quince. Tenía 300 millones de pesetas (1,8 millones de euros)".

Sencillez y austeridad

Éste fue el inicio de su patrimonio. Hoy, el holding aglutina todas las propiedades de la familia, excepto Casa Kishoo, y gestiona 650 millones de euros (107.900 millones de pesetas), si bien la mitad es endeudamiento. Sin embargo, la vida de este millonario está regida por la sencillez y la austeridad. En sus oficinas apenas hay cuadros colgados. Sólo tiene un sencillo mobiliario, las pantallas de Bolsa y un televisor siempre conectado al canal financiero de Bloomberg.
Los que han trabajado con Bhavnani o han tenido trato con él por sus inversiones corroboran este estilo de vida. "Es austero en todo lo que hace y controla los gastos al céntimo", comentan estas fuentes. Este indio, que confiesa ser un hombre muy religioso, afirma que "lo importante es vivir bien, con tranquilidad, alegría y estar contento con uno mismo. No veo la necesidad de tener grandes casas, chófer o coches de alta cilindrada. Ahora, también tengo mis lujos, porque viajo a Poona, mi hogar, todos los años".
Esta filosofía también cree que debe aplicarse a las empresas y a los directivos. "No me gusta la gente que derrocha y tampoco me gustan los ejecutivos que no son sinceros". Entre éstos incluye a los Albertos, ex presidentes del Banco Zaragozano, que no ocultaron su menosprecio por este inversor y se resistieron a que entrara en el Consejo. Ahora sus negocios le han acercado hasta la familia Botín. Respecto a Emilio, el presidente del Santander, dice que "es una persona inteligente y cercana, con la que es fácil el trato". Cuando hay que hablar de su hermano Jaime, ex presidente de Bankinter y primer accionista, Ram cambia el gesto y sólo comenta que no ha podido estar con él.
Con la sencillez que le caracteriza, explica que no cree en la moda de los códigos de gobierno corporativo. "Las empresas deben ser honradas y no abusar de su posición". El Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) ha hecho un caso sobre Bhavnani en el que se pregunta si ha sido suerte o talento. Tras conversar con el se deduce que es una mezcla de las dos.
RAM Bhavnani recomendó paciencia cuando el Ibex se hundió en el año 2008, y el Ibex subió
Dentro de la histeria que se desató el lunes negro, había voces sensatas como la de Ram Bhavnani, inversor multimillonario que decía, en una entrevista en Público, que el pequeño inversor debía tener paciencia y no salir de la bolsa. Dos días después la bolsa repuntaba con la mayor subida de la historia del Ibex.
Cinco millones de familias invierten en bolsa
En España, unos cinco millones de hogares invierten directa o indirectamente en bolsa, a través de planes de pensiones o fondos de inversión. Sin embargo, la exposición a los vaivenes bursátiles afecta sólo al 25% de su ahorro familiar, al contrario que en EEUU donde la mitad del ahorro está en los mercados.




Seis grandes 'pelotazos' a crédito

SI RAM BHAVNANI hubiera leído algún manual de Bolsa antes de invertir, nunca hubiera sido multimillonario. El consejo de oro es no invertir con préstamos, y él siempre lo ha hecho. Su segunda norma ha sido especializarse en bancos y destinar los dividendos a pagar las deudas. Su primera operación fue invertir 20 millones de pesetas adelantadas por el Popular en ese banco, en 1983. Pagó las deudas y colocó 150 millones de pesetas en bonos convertibles de Bankinter, después de que hubiera caído un 60% en el parqué. Su valor se duplicó en seis meses. Lo siguiente fueron unas acciones preferentes del BBV al 8%. Bhavnani se creció y pidió mil millones de pesetas (seis millones de euros) en dólares al Popular. El siguiente paso fue amargo. Invirtió las plusvalías en acciones del Banco Central Hispano. Llegó la crisis de 1987 y en pocos meses perdió 100 millones de pesetas (600.000 euros). Sintió que se abría la tierra a sus pies. Se quedó enganchado con acciones en 1.400 millones (8,4 millones de euros). En aquel momento conoció a Ángel Corcóstegui, primer ejecutivo del Central Hispano, y dobló su inversión. Cuando éste se fusionó con el Santander, en 1999, multiplicó por cinco su inversión y se hizo con 10.000 millones de pesetas (60 millones de euros), de los que casi la mitad eran plusvalías. El siguiente paso fue el gran pelotazo: el Banco Zaragozano. Duplicó su inversión y consiguió 120 millones. En 2003 se centró en Bankinter. "Banif me facilitaba todo el crédito que quisiera para entrar en este banco y solicité 120 millones". Su participación vale hoy casi 350 millones, con 90 millones de plusvalías. Eso sí, en la crisis de 2001 y 2002 perdió muchos millones de euros.

domingo, 16 de enero de 2011

IBEX 35: Rentabilidad y creación de valor

IBEX 35: 1991-2010  Rentabilidad y creación de valor
Hay que completar ese estudio con el siguiente artículo:

El barbero rico y el interés compuesto

Juan Ramón Rallo

&quote&quoteSi hubiese invertido el equivalente a 10.000 euros de hoy cada lustro años desde 1975, hoy podría jubilarse con un patrimonio de 330.000 euros. Usted habría metido 70.000 euros y la bolsa le hubiese regalado 260.000.

The Wealthy Barber, o El barbero rico, es un excelente ensayo novelado sobre finanzas personales destinado a explicar a las clases medias cómo amasar un abultado patrimonio a lo largo de sus vidas sin comerse demasiado la cabeza. El protagonista, Roy Miller, un humilde barbero de barrio que logró acumular un importante capital a lo largo de su vida, les va explicando a tres treintañeros sin experiencia qué hacer con su dinero para que puedan jubilarse como millonarios.
Si bien el libro está repleto de consejos, las tres recomendaciones fundamentales de Roy Miller son: a) ahorrar cada mes un 10% del salario para b) invertirlo periódicamente en un fondo de inversión que proporcione c) un rendimiento nominal de alrededor del 15% anual.
Al comienzo, los tres treintañeros se sienten estafados por los consejos de Miller. ¿Una rentabilidad anual del 15%? ¿Acaso es eso posible? Y además, ¿qué pasa con la inflación? ¿No se comería esa extraordinaria rentabilidad? Pero pronto la decepción da paso a la esperanza. Los fondos extraordinarios que proporcionan rentabilidades extraordinarias existen: se llaman fondos de inversión que se guían por los principios de la inversión del valor. En España, sin ir más lejos, tenemos a Bestinver, que desde 1993 acumula una rentabilidad anual media del 17,5%.
¿Y qué sucede con la inflación? Pues obviamente ésta se come nuestra rentabilidad –no descubro América si digo que el Gobierno nos roba mediante los impuestos ymediante la inflación–. Pero, como dice nuestro sabio Roy Miller, "es la persona que no ahorra [e invierte] la que tiene que preocuparse por la inflación". Si quienes ahorran y obtienen una atractiva rentabilidad sobre su inversión pueden verse con el agua al cuello por culpa de la inflación, ¿qué no le sucederá a quien ni ahorre ni invierta?
Algo así cabría contestar de entrada a la precipitada conclusión que algunos medios de comunicación han extraído a cuenta de un reciente informe de Pablo Fernández y Luis Corres sobre la rentabilidad media de la bolsa de Madrid durante los últimos 70 años. Agárrense fuerte: según el paper de estos dos economistas, ¡la bolsa de Madrid todavía no ha recuperado el nivel de 1974 si tenemos en cuenta la inflación! Horror. Adiós al capitalismo popular y a las pensiones de capitalización, ¿no?
Pues no, no tan deprisa. Aunque los titulares suelen ser muy escandalosos, también tienden a resultar engañosos. Como los dos autores del artículo reconocen, si tenemos en cuenta los dividendos que han pagado las empresas de la bolsa madrileña entre 1974 y 2010, el capital que hubiésemos invertido en 1974 se hubiese duplicado para 2010 en términos reales (descontando la inflación). Así pues, lejos de no haber recuperado el nivel de 1974, la bolsa lo ha duplicado cuando tenemos en cuenta los dividendos: en realidad lo que la bolsa no ha recuperado es el nivel de 2006, pues está más alta que en cualquiera de los ejercicios anteriores.
¿Es eso mucho? Bueno, en apariencia no: la rentabilidad anual media entre 1974 y 2010 apenas alcanza el 3,15% real. Sin embargo, quizá no deberíamos olvidar que la economía no ha crecido más que eso durante ese período y, sobre todo, que la inflación anual media entre 1974 y 2010 ha sido del 22,5%: o dicho de otra manera, la inversión en la bolsa madrileña nos hubiese permitido proteger nuestro poder adquisitivo entre 1974 y 2010 y, además, nos hubiese proporcionado una rentabilidad anual media del 3,15%.
Imagine que en 1974 disponía de 50.000 pesetas. De haberlas guardado debajo del colchón, hoy tendrían un valor de 41 pesetas; en cambio, de haberlas invertido en la bolsa madrileña su valor a día de hoy sería de 145.000. No está tan mal.
Sin embargo, podría estar mejor. Hagámosle caso al sabio de Roy Miller; releamos su segundo consejo: invertir periódicamente en bolsa. Es un consejo aparentemente sencillo y superfluo pero que esconde enormes beneficios: si invertimos año tras año en bolsa, compraremos acciones en momentos en los que están muy caras (como en 1974) pero también en otros que están muy baratas (como en 1980).
Supongamos que hubiésemos invertido en la bolsa madrileña una cantidad fija cada 5 años desde 1975. Atendiendo al estudio de estos dos economistas, ¿sabe cuál habría sido la rentabilidad anual media de su dinero una vez descontada la inflación? El 7%. Pongámosle un rostro más humano a los porcentajes: si usted hubiese invertido el equivalente a 10.000 euros de hoy cada lustro (2.000 euros al año o el 10% del salario medio en España) desde 1975, hoy podría jubilarse con un patrimonio de 330.000 euros. Usted habría metido 70.000 euros a lo largo de 35 años y la bolsa le hubiese regalado 260.000... y además le habría protegido de una inflación brutal.
Parece, pues, que la capitalización no está tan mal después de todo. Y eso que nos hemos conformado con replicar el índice madrileño: ni nos hemos preocupado por buscar fondos de inversión excelentes como Bestinver o por haber invertido desde España en bolsas extranjeras que, como la estadounidense, han proporcionado una mayor rentabilidad real.
Como dice Roy Miller: basta con ahorrar un 10% de nuestra renta e invertirla periódicamente en la bolsa que tenemos al lado de casa para jubilarnos con un patrimonio decente. Cosas del capitalismo y de la sociedad de propietarios.
Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Marianaprofesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y de ISEAD y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010.

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