Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



martes, 11 de octubre de 2011

Camino hacia la insolvencia y más allá


Por Juan Ramón Rallo
Fase 1 (2002-2007): los bancos privados, empujados por los bajísimos tipos de interés de los bancos centrales, expanden de manera desproporcionada el crédito y llenan sus balances de la archiconocida basura de préstamos al ladrillo europeo y estadounidense. ¿Resultado? Colapso del sistema bancario y posterior ronda de rescates estatales para estabilizar el sistema de cobros y pagos.
Fase 2 (2008-2011): esos mismos bancos privados y centrales, sin haber saneado del todo sus malas inversiones anteriores y todavía a medio capitalizar, comienzan a financiar los enormes déficits públicos de los Estados que les han rescatado (déficits que, salvo excepciones como la irlandesa, no traían causa en el rescate de la banca, sino en esa mala ideología económica llamada keynesianismo). ¿Resultado? Los déficits públicos no consiguen impulsar el crecimiento sostenible, por cuanto sólo contribuyen a retrasar la reestructuración de la economía privada, y esos Estados amenazan con suspender pagos y con llevarse por delante a los bancos que fueron objeto de su milmillonario rescate previo.
No será necesario que diga que estamos a punto de concluir esa segunda fase: la quiebra de Grecia ya se antoja inevitable debido al rechazo de su Gobierno a enajenar los 300.000 millones de euros de activos que posee en cartera, y Francia ve que su sistema bancario, enormemente expuesto a los pasivos helenos, se tambalea. Pero no son los únicos: los bancos y cajas españoles, cuando todavía no han digerido ni mucho menos sus impagados créditos a promotores, se encuentran con que sus tenencias de deuda pública española y portuguesa se hallan seriamente depreciadas y en riesgo cierto de sufrir una quita. La diferencia es que Francia todavía tendría algún margen para volver a recapitalizar a su banca, pero nosotros, como es obvio, ya no poseeríamos semejante opción (el quebrado no puede rescatarse a sí mismo): deberíamos recurrir a la caridad de nuestros acreedores europeos o directamente salir del euro.
Sorprende, pues, que en medio de esta crítica coyuntura, en la que la supervivencia misma de la moneda única está en juego, todavía sean legión quienes consideren que éste no es el momento de la austeridad y de cuadrar las cuentas, sino más bien el de seguir colocándole nuestra deuda pública a la banca privada o, en su caso, al Banco Central Europeo. Hacia la insolvencia y más allá, parecen gritar. Mas volvamos a lo básico: una crisis derivada del exceso de deuda privada no se soluciona añadiendo al explosivo cóctel ingentes cantidades de deuda pública; unos bancos insolventes no se sanean llenando sus balances de nuevos activos tóxicos; la inversión a largo plazo necesaria para reestructurar nuestras economías no se incentiva ni subiendo impuestos ni creando las condiciones para salir forzados del euro mediante una devaluación de caballo. Al revés, necesitábamos amasar un enorme volumen de ahorro para amortizar deuda e invertir en nuevos modelos de negocio, pero nuestros Gobiernos se lo han zampado en sobredimensionar su gasto.
En definitiva, la fase 1 de la crisis fue causada por la expansión crediticia generada un sistema financiero intervenido y privilegiado hasta las cejas. La fase 2, potencialmente mucho más devastadora, la han causado directamente nuestros manirrotos gobernantes. Y, cómo no, los keynesianos aplaudieron entonces y aplauden ahora todas estas ruinosas políticas financieras: sus bajos tipos de interés para impulsar el crecimiento generaron a partir de 2002 la orgía crediticia de la burbuja y sus déficits públicos para sacarnos de la recesión están abocándonos al abismo de la depresión . ¿Quién dijo libre mercado?

viernes, 7 de octubre de 2011

Acabemos con la reserva fraccionaria


¿Qué les parecería a ustedes si le piden a un amigo suyo que les deje una plaza de garaje para guardar su coche y éste aprovechara para montar unrentacar con su coche y el de otros amigos incautos, alquilándolos los ratos que ustedes no hacen uso de él? Pues eso es exactamente lo que hacen bancos y cajas con el dinero que depositan en sus cuentas corrientes gracias al privilegio que a ellos, y sólo a ellos, les concede el poder político. Y de esto es de lo que quisiera hablarles: de la reserva fraccionaria y de los problemas que origina.
Porque el problema fundamental de nuestro sistema financiero no es que unos gestores más o menos capaces hayan arriesgado el dinero de sus accionistas invirtiéndolo en préstamos que, una vez estallado la burbuja y entrado la economía en crisis, es dudoso que vayan a recuperarse en la vida. Si ello fuera así, bastaría con liquidar las empresas quebradas y sin visos de recuperar su viabilidad. Los accionistas y los acreedores habrían perdido el dinero invertido, sí pero, ¿acaso no tienen riesgo todas las inversiones? Díganme una inversión sin riesgo que allí pondré mis ahorros -y, por favor, no me digan que la deuda pública-.
La cuestión es que lo que han arriesgado los gestores de bancos y, sobre todo, de esas cajas de ahorros semipúblicas de nuestro sistema  financiero —aquel que fue de la champions en los días de vino y rosas— no es el dinero invertido conscientemente por los accionistas y bonistas de estas entidades, sino el que han depositado en sus cuentas corrientes los señores clientes, ajenos al hecho de que el dinero de sus nóminas, según lo ingresaban en la ventanilla de su banco o caja, salía en dirección a un promotor en forma de préstamo hipotecario. Eso era antes, porque hoy en día ese mismo dinero va a títulos de deuda pública o, más recientemente, a préstamos al FROB para recapitalizar cajas de ahorro en apuros.
Y el problema entonces no es sólo de accionistas y acreedores, sino de muchas familias que, sin ser conscientes de que su dinero estaba siendo arriesgado en operaciones de crédito más o menos estudiadas, pueden verse de la noche a la mañana sin blanca si su banco o caja quiebra. Y todo ello por culpa de la reserva fraccionaria.
¿Qué es la reserva fraccionaria?
Expresado de manera muy simplificada, el sistema de reserva fraccionariaes el que permite a las entidades financieras dedicar a inversiones y préstamos el dinero que sus clientes depositan en sus cuentas corrientes, estando obligados únicamente a mantener una fracción de los mismos a modo de reservas mínimas para atender las disposiciones de efectivo de sus depositantes. Esta fracción es la que comúnmente se conoce como coeficiente de cajaEn la zona euro la fija el BCE desde 1999 y en la actualidad es tan bajo como un 2%.
No cabe duda de que se trata de un privilegio fruto de la alianza secular entre el estado y los bancos y cajas merced al cual éstos pueden incurrir en apropiación indebida, conducta tipificada en el artículo 252 del Código Penal, sin ser por ello perseguidos: «los que en perjuicio de otro se apropiaren o distrajeren dinero, efectos, valores o cualquier otra cosa mueble o activo patrimonial que hayan recibido en depósito, comisión o administración, o por otro título que produzca obligación de entregarlos o devolverlos».
El que los gestores de una entidad puedan dormir por las noches con tan sólo un 2% de los depósitos de sus clientes en caja se debe a que, por la ley de los grandes números, es muy poco probable que sus clientes demanden de forma simultánea una cantidad total superior a esa fracción. Y si puntualmente lo hacen, siempre pueden acudir a otros bancos, al mercado interbancario o, en última instancia, al banco central, para obtener temporalmente la liquidez necesaria. En todo caso, si todo marcha bien, al día siguiente habrá nuevos ingresos de sus clientes en sus cuentas corrientes que contribuyan a restituir la normalidad —y así poder devolver el préstamo a corto plazo.
El problema es cuando la cosa no marcha bien y las inversiones y préstamos, realizados con más criterio político que de negocio, no les han ido bien a las cajas de ahorros,  el resto de bancos se niegan a ofrecerles liquidez —se cierra el interbancario— y no son capaces de captar nuevos depósitos por muy alto que sea el tipo de interés ofrecido. Es entonces cuando al banco central se le acaba la paciencia e interviene: recapitaliza las entidades—que es un eufemismo para no confesar que las nacionaliza— y sustituye a sus gestores. Todo para evitar el mal mayor, ese fenómeno altamente improbable pero de altísimo impacto que es el temido y destructivo pánico bancario —el cisne negro en terminología de Nassim Nicholas Taleb.
Los efectos expansivos del crédito de la reserva fraccionaria
Pero aparte de ser un fraude, legitimado por el estado, pero fraude al fin y al cabo, la reserva fraccionaria interfiere gravemente en el mercado de dinero y de crédito, siendo una de las principales causas de los ciclos económicos de boom y depresión.
Esto lo explica excelentemente el profesor Huerta de Soto en su libro Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. En esencia, los bancos y cajas actuando dentro del sistema financiero y operando con reserva fraccionaria, puedenmultiplicar, en forma de créditos respaldados por nuevos medios fiduciarios, varias veces los depósitos iniciales de sus clientes. Todo ello partiendo de la nada.
Esta multiplicación de los depósitos es equivalente a la emisión de billetes de banco sin respaldo porque los depósitos a la vista son, a todos los efectos, sustitutos monetarios perfectos: los utilizamos a diario para que nos ingresen la nómina, para domiciliar recibos varios, para pagar con nuestra tarjeta de débito, o para extender talones. Dicho en plata, equivale a la falsificación de moneda pero sin consecuencias penales por obra y gracia del privilegio comentado.
Cuánto se multiplican dependerá del coeficiente de caja vigente, pero para hacernos una idea, si el coeficiente fuera del 10% se podría multiplicar hasta por 9 veces. Ni la impresora más veloz de la Casa de la Moneda es capaz de generar tanto dinero con tanta eficiencia.
Las consecuencias perniciosas de la reserva fraccionaria
La reserva fraccionaria origina, pues, la concesión de préstamos que no están soportados por el ahorro —recuerden que el ahorro es lo que hay disponible para prestar/invertir— de modo que esta expansión artificial del crédito nos lleva de nuevo a falsas estimaciones sobre los recursos realmente disponibles, induciendo errores de inversión generalizados.
Cuando se descubren los errores cometidos, sucede justo el proceso inverso a la multiplicación. (1) La liquidación de inversiones y devolución de los préstamos, (2) el incremento de la morosidad y los créditos impagados, (3) la mayor prudencia de los bancos a la hora de prestar y (4) la retirada de fondos de los depositantes, que prefieren mantener una mayor parte de su dinero fuera del sistema bancario, actuarán justo en sentido inverso,revirtiendo la expansión previa y produciendo una deflación contra la que nuestras autoridades monetarias llevan ya para cuatro años luchando con tanto denuedo como poco éxito.
En definitiva, si en mi último artículo criticaba la manipulación del dinero por parte del poder político por generar graves distorsiones en la economía real, no puedo sino criticar el sistema de reserva fraccionaria y proponer su abolición —si bien de forma gradual y controlada— para evitar crisis venideras.

Huerta de Soto se afilia al P-Lib | P-Lib | Partido de la Libertad Individual


El Partido de la Libertad Individual (P-Lib) anuncia con entusiasmo la comunicación recibida del Profesor Jesús Huerta de Soto, en la que manifiesta su decisión de afiliarse, junto a su compromiso de captación de firmas para la presentación de nuestra candidatura y la autorización expresa a hacer público su compromiso con el P-Lib.
La extraordinaria importancia de la incorporación a nuestras filas del Profesor Huerta de Soto, exponente máximo de la Escuela Austriaca de Economía en el momento actual, es un acicate para seguir creciendo y organizándonos en toda España. Contar con un apoyo de esta magnitud va a representar para nosotros un antes y un después en la construcción de nuestro movimiento de autodefensa de los individuos frente al Hiperestado.
Gracias de corazón y bienvenido a su partido, Profesor.

Carta del profesor aquí
El Profesor-Huerta-de-Soto se afilia al P-Lilb

jueves, 6 de octubre de 2011

Consecuencias que tendría para España abandonar el Euro

Ayer colgué un comentario sobre un informe de banco suizo UBS, en el que se calculaba el efecto sobre el PIB de España si abandonara el Euro, que establecía una caída del PIB del 44,5%, lo que nos dejaría con una renta per cápita inferior a la mayoría de países del este de Europa,  en base a los siguientes factores:
1)Efecto de la devaluación del (50%-60%)…………………...+9% PIB
2)Subida de los tipos de interés de entre 12%-15%….……-16% PIB
3)Salida de la UE y aumento de aranceles a las export……..-7,5%PIB
4)Encarecimiento del deuda exterior………………………......-30% PIB
   Fallida de toda la banca y nacionalización
   Eliminación de la libre circulación de capitales
   Bloque de depósitos “corralito”

Y pienso que tendría que ser objeto de un mayor análisis para ver si los datos son realistas:
1) Efecto de la devaluación del (50%-60%) +9% PIB, aunque puede parecer poco para una devaluación tan grande, hay que tener en cuenta que esto produciría un incremento de entre el 100%-150% del precio del petróleo.

Y como nuestro país es muy dependiente del precio de la energía y nuestro mercado laboral es muy rígido, al estar la mayoría de salarios indexados con la inflación. Esto produciría una fuerte inflación que neutralizaría la mayor parte de la devaluación, con lo que al final puede suceder que el tipo de cambio real se termine devaluando menos del 10%, lo que explicaría un efecto moderado sobre el incremento del PIB.

2) Subida de los tipos de interés de entre (12%-15%) -16% PIB. Lo que es evidente es que estos tipos de interés ya se pagaban cuando existía la peseta, porque los inversores tenían que incorporar el riesgo de cambio, para que si las expectativas de devaluación, más el riesgo de impago se situaba entre (8%-11%) y el tipo de interés de Alemania en el 4%, la rentabilidad fuera la misma.

En cuanto al impacto sobre el PIB sería importante porque el valor de las inversiones depende de su capitalización y no es lo mismo capitalizarlas al 4% que al 14%, lo que comportaría una pérdida importante del valor de las acciones e inmuebles. Que a su vez afectaría a la demanda agregada, por el efecto pobreza y, a esto tendríamos que unirle el efecto sobre la contracción del crédito y la reducción de la renta disponible, que produciría el aumento de los tipos de interés.

Si se critica los efectos contractivos sobre la demanda de un aumento de 0,5% del tipo de interés que ha hecho el BCE, imaginaros un aumento de 10%.

A esto tendríamos que unirle que, cuando se produce una devaluación, el tipo de interés tiene que ser mayor para frenar la inflación que produce la devaluación, por lo que pienso que con el 15% aún se quedan cortos y algunos expertos hablan de tipos de más del 20%.

3) Salida de la UE y aumento de aranceles a las exportaciones a la UE, -7,5% PIB. Este punto es en el que lo tengo menos claro, porque aunque la salida del Euro obliga a abandonar la UE, no pienso que fueran tan bestias de además de abandonar el Euro, le obligaran a abandonar la UE.

4) Encarecimiento del deuda exterior, fallida de toda la banca y nacionalización, eliminación de la libre circulación de capitales y bloque de depósitos “corralito”, -30% PIB.

La fallida de la banca sería inevitable, porque no podrían repercutir el aumento de los costes financieros y si los repercute, los que harían fallida serían los clientes, porque una hipoteca a 30 años si se incrementa el tipo de interés del 3% al 13%, las cuotas se incrementarían en un 162% y, si antes del aumento eran el 40% de la renta disponible, después del aumento serian el 104%.

El corralito también sería inevitable para frenar la fuga de capitales, porque la devaluación no se produciría de forma simultánea, sino de forma sucesiva y, dependería de la fuga de capitales, cuando mayor sea la fuga, mayor seria la devaluación.

Actualmente ya se está produciendo fuga de capitales en Grecia, que es compensada por el BCE pero, si salimos de Euro, el recurso al BCE quedaría cortado, con lo que se tendría que intentar retener la mayor cantidad de dinero en los bancos españoles.

Como podéis ver, las consecuencias serían catastróficas y difíciles de soportar, por lo que pienso que es mejor conseguir esta devaluación del 10% con devaluación interna, hacer reformas para que tengamos un mercado laboral, tan flexible como los del norte de Europa, reformar el sistema financiero y demostrar a Alemania que somos capaces de estar en una moneda fuerte para que nos ayuden, porque de lo contrario, el que pueda, es mejor que empiece a hacer las maletas.

Nota: aparte, la salida del Euro no evitaría los recortes en el estado del bienestar y podría suponer que no se lleven a cabo las reformas, con lo que nuestra constante pérdida de competitividad  que nos lleva esta atrofiada economía que tenemos, se mantenga durante más años. La presión de los mercados y de Alemania es la última esperanza de que se hagan las reformas, de la misma forma que “países como Finlandia o Suecia hicieron profundas reformas económicas en los años noventa, justo después de sufrir recesiones catastróficas” Xavier Sala-i-Martín.   
          
El principal peligro de la salida del Euro, es que retrasaría las reformas, porque con las devaluaciones, podríamos aumentar la competitividad, sin hacer las reformas.   

sábado, 1 de octubre de 2011

¿DONDE INVERTIR VALUE EN USA? THE YACKTMAN


- THE YACKTMAN.- El Yacktman Fund, ha empezado a comercializarse en Europa, y concretamente en Inversis Banco ya me han confirmado que se puede comprar. Invertir en un fondo de inversión sometido a la normativa española nos permitiría en un momento dado poder traspasar la inversión a otros fondos sin tributar, con lo que esos dineros no gastados en pagar impuestos seguirían trabajando para nosotros.
Comparativa Fondos Value 11 Años

lunes, 26 de septiembre de 2011

Cómo ganar en bolsa a largo plazo


A pesar de la crisis financiera, la inversión en bolsa española desde el año 2000 consigue batir a la inflación e incluso aportar un plus de rentabilidad si se tiene en cuenta la remuneración al accionista.

Una de las creencias comunmente aceptadas en el mundo de la inversión es que la apuesta por la renta variable siempre es rentable en el largo plazo. Pero con el advenimiento de la crisis financiera en julio de 2007 y el posterior desplome de las bolsas, el mito se ha caído para muchos inversores. Las bajadas han sido tan pronunciadas que han barrido de un plumazo las rentabilidades obtenidas en diez años. Se habla así de la década perdida de la renta variable.
Si se tiene en cuenta la cotización de los índices desde diciembre de 2000, las pérdidas a día de hoy se sitúan, en la mayor parte de los casos, en doble dígito. El Ibex 35 se deja un 15,3%. El CAC francés, un 54,1% y el EuroStoxx 50, un 58,9%. El S&P estadounidense logra frenar la caída hasta el 14,4%, mientras que el Nikkei japonés se desploma hasta el 37,9%. Sin embargo, a pesar de lo abrumadoras que son las cifras, el panorama no ha sido tan negro si se tienen en cuenta los dividendos repartidos por las compañías.
Reinvertir o no reinvertir
Cuando una compañía reparte dividendos, el inversor tiene dos opciones. Una de ellas es reinvertirlos en la propia compañía. Esta estrategia, característica de los fondos de inversión, resulta rentable cuando las acciones suben, ya que al haber utilizado los dividendos cobrados para comprar aún más acciones, los beneficios finales son aún mayores. Así, en un año alcista como fue 2009, el Ibex se anotó un 29,8%, mientras que si se tiene en cuenta la reinversión de dividendos, subía un 37,8%. En cambio, en un mercado bajista como el que se dio en 2010, el selectivo español se dejó un 17,4%. Con dividendos la caída se modera hasta el 12,9%. 
La segunda opción es reservar los dividendos para otros usos o como colchón de liquidez. En este caso, la remuneración percibida puede compensar las posibles pérdidas en las que incurra el inversor cuando la tendencia del mercado sea bajista.
En el caso del parqué español, los dividendos repartidos por las compañías han resultado clave para atenuar las pérdidas de los accionistas. De hecho, si se analiza la evolución de los valores del Índice General de la Bolsa de Madrid desde diciembre del año 2000, el cobro de dividendos no sólo compensa las caídas en las cotizaciones desde esa fecha, sino que permiten obtener rentabilidades positivas, según cálculos facilitados por BME.

De este modo, una inversión de 10.000 euros en acciones del Mercado Continuo (siguiendo los mismos pesos que otorga el Índice General a cada compañía) que hubiera sido realizada a cierre de 2000, habría caído un 4,53% hasta el 15 de septiembre de este año. La inversión inicial se habría reducido, por tanto, hasta los 9.547 euros. Por otro lado, el inversor habría cobrado hasta 4.851 euros en concepto de dividendos en ese periodo, lo que supone una rentabilidad del 48,5% respecto a la inversión inicial.
Si el inversor hubiera mantenido estos dividendos aparte (sin reinvertirlos), la rentabilidad final de la inversión, teniendo en cuenta el impacto negativo de las caídas de las bolsas y el efecto positivo de los dividendos, habría sido del 43,9%. En otras palabras, sus 10.000 euros se habrían convertido en 14.398, lo que supone una rentabilidad anualizada del 3,47%.
De este modo, y apesar de la mala racha bursátil, la inversión en renta variable habría conseguido alcanzar la meta básica para cualquier inversor: batir a la inflación. Según cálculos de BME, el efecto que supuso el alza de los precios en ese periodo se habría llevado por delante el 35,04% del patrimonio acumulado en esas fechas. Pero como la rentabilidad de la bolsa española, dividendos incluidos, fue del 43,9%, el accionista sigue obteniendo un retorno positivo para su inversión (ver ilustración).
Si se descuenta, por tanto, el efecto inflacionista, los 10.000 euros invertidos se habrían convertido en 10.894, lo que supone una rentabilidad del 8,94% (del 0,8% en términos anualizados).
Cara a cara con los bonos
Teniendo en cuenta los dividendos, la rentabilidad de la bolsa española en la última década no se sitúa muy lejana a la de los activos sin riesgo. El interés que ofrecían las obligaciones del Estado a 10 años en diciembre de 2000 era del 5,24% anual. Si se extienden las características de este bono a un periodo de 10,7 años (que es el tiempo que ha transcurrido desde entonces), la rentabilidad sería del 55,02% (4,18% anualizado). Descontando el efecto de la inflación, el 19,98%. En consecuencia, un inversor que hubiera dedicado 10.000 euros a la inversión en deuda pública española, tendría hoy 11.998 euros, una vez descontado el efecto de la subida de precios.
La diferencia de rentabilidad entre ambos activos en términos anualizados no es muy grande. Un inversor que hubiera apostado por la renta variable española en 2000, habría obtenido un retorno neto del 0,8% en términos anualizados, mientras que el inversor en deuda pública habría conseguido menos de un punto porcentual más (el 1,72%), anualmente.
Esta simulación permite hacerse una idea del importante papel que juegan los dividendos a la hora de contribuir a la rentabilidad de la bolsa en el largo plazo. Sin embargo, hay que tener en cuenta varios factores que inciden en que esa rentabilidad llegue finalmente al bolsillo del accionista. Por un lado, el hecho de no reinvertir los dividendos en acciones no implica que el inversor los deposite en una cuenta como colchón de cara a futuras caídas (podría haberlos gastado o dedicado a otro tipo de activos).
Por otro lado, el supuesto parte de la base de que el inversor ha tenido la paciencia de aguantar el chaparrón a través de la tormenta bursátil. Un escenario que no resulta muy probable, teniendo en cuenta que muchos inversores se dejan llevar por el pánico y tienden a vender cuando las acciones se encuentran en plena caída.
No obstante, y dejando estos factores a un lado, lo cierto es que la apuesta bursátil en la última década no tiene por qué arrojar resultados negativos. “A largo plazo, la inversión en renta variable (con dividendos incluidos de una u otra manera) es prácticamente siempre positiva y superior a otras inversiones financieras similares”, afirma Javier Garrido, subdirector del Servicio de Estudios de BME.
La bolsa también resulta un activo atractivo si se tienen en cuenta otros periodos históricos y no sólo la última década. En Bolsas y Mercados han llevado a cabo un análisis en el que comparan la inversión en renta variable con la inversión en deuda a largo y corto plazo desde 1980 hasta 2010 utilizando datos mensuales. Según este análisis, en los 241 períodos de 11,7 años (que son los años transcurridos desde el año 2000 hasta ahora) contenidos en ese plazo, la rentabilidad de la bolsa es positiva en todos los casos, con un promedio de un 15,75% anual (frente a un promedio del 11,76% de la deuda a largo plazo). La rentabilidad máxima fue del 25,14% y la mínima, del 3,36%. Este análisis, que supone la reinversión de dividendos y de cupones, concluye que en el 87% de los casos (210 períodos de 11,7 años) la rentabilidad de la bolsa es mejor que la de la deuda a largo plazo.
Beneficio de las compañías
La afirmación de que la renta variable es rentable en el largo plazo no sólo se apoya en los resultados históricos. En teoría, las bolsas tienden a reflejar el crecimiento de los beneficios de las compañías y si se coge un periodo temporal lo suficientemente largo, se consigue desligar el efecto negativo que puede suponer el ciclo económico sobre estas empresas. Lo difícil es determinar cómo de largo tiene que ser el periodo de espera. ¿Es una década tiempo suficiente? Según algunos expertos, para garantizar resultados positivos, habría que esperar algo más. 
En Atlas Capital han analizado la evolución de la bolsa americana desde la Gran Depresión y afirman que en periodos de 13 a 15 años, la renta variable es el activo más rentable. “El problema es que mucha gente no está dispuesta a esperar tanto. Prefieren plazos de 5 a 8 años”, comenta Belén Alarcón, directora de la EAFI de Abante. Según la experta, desde 1929 hasta 2008, el crecimiento del índice S&P se corresponde con el de los beneficios de las empresas. Un crecimiento que, en un ciclo económico completo, se situaría en el 6%.
Esto demuestra que “en el largo plazo, la teoría se cumple, pero en el corto, hay irracionalidades”. Como demostró la caída de los mercados tras la tormenta subprime, la volatilidad puede llegar a ser extrema e influir decisivamente en la conducta psicológica del inversor.
Por tanto, la clave está en mantener la inversión sin ceder al pánico y en elegir, en la medida de lo posible, el mejor momento para posicionarse en bolsa. Según Alarcón, si se cumple con esas dos condiciones, la rentabilidad que cabe esperar se sitúa entre el 8% y el 10%.
Una forma de evaluar si el momento actual es propicio para la inversión es analizar el PER histórico de las bolsas. La experta señala que el PER histórico medio de la bolsa americana se sitúa en 16 veces. Actualmente se encuentra en 12,3 veces (y el Ibex ronda las 6,6 veces). “Ahora mismo el mercado está barato a 5 o 7 años vista”, concluye la experta.
Los que teman no tener la puntería suficiente para acertar con el momento de mercado tienen otra opción a su alcance, que es introducir pequeñas cantidades periódicamente. De este modo, se consigue neutralizar los vaivenes bursátiles en el largo plazo, ya que el inversor habría comprado tanto cuando el mercado estaba caro como cuando estaba barato.
Mirando a emergentes
El problema de elegir el mejor momento para posicionarse en bolsa es que pueden pasar años hasta que llegue de nuevo una situación idónea para invertir. Pero en este aspecto, el inversor cuenta con otro as en la manga: la diversificación geográfica.
Aunque las bolsas de las economías desarrolladas han vivido desplomes de doble dígito en la última década, los mercados emergentes consiguen pasar la prueba con nota. Con datos de Fidelity para el periodo 2000-2010, la bolsa rusa ha crecido un 567%, la mexicana, un 381% y la brasileña un 304%. “Nosotros lo llamamos un mundo a dos velocidades”, explica Antonio Salido, responsable de Márketing de la gestora en España.
La inversión en emergentes aportaría así crecimiento a la cartera, mientras que la apuesta por los desarrollados, y particularmente por las compañías con mayor rentabilidad por dividendo, proporcionaría un plus de estabilidad.

martes, 20 de septiembre de 2011

¿ Que hacer con tu dinero invertido en bolsa cuando vienen crisis como esta y se reduce considerablemente?


Pues he leído todo tipos de propuestas:
1º por un lado están los Bogleheads que proponen reducir tu inversión en renta variable conforme  te aproximas a la edad de jubilación así una persona de 70 años tendría invertido el 60-70% invertido en bonos y el 30-40% en bolsa. 
2º Los chartistas usan los stop loss.
3º Y luego está la opción que a mi mas me convencen ( en parte también por mi edad 31 años )que es  seguir manteniendo el dinero en bolsa pero que conforme se acerque la edad en que quieras recibir rentas , mas dinero debe ir destinado a acciones que den dividendos.
-3.1 la Bolsa es el activo mas rentable que existe , en los últimos 200 años frente una inflación media del 4%, los bonos y las letras ofrecieron un TAE del 5%, mientras la renta variable arroja una rentabilidad  media anual cercana al 10%. Por eso sii tienes una renta por dividendo asegurada que te da lo suficiente para vivir bien por muy mal que vaya la bolsa, no veo necesidad a salirse de ella, pues ahí obtienes seguridad a costa de quitarles riqueza futura a tus hijos. Si no la tienes asegurada, entonces sí, habría que reducir la exposición a los activos más volátiles a corto.

Si tomamos por ejemplo el crack de 1929 que propició  una bajada del índice del 89%, y pensamos que un inversor desde el punto más alto hubiera ido realizando inversiones regulares cada mes a lo largo de la caída, llegamos a la sorprendete conclusión de que en menos de 4 años ese inversor hubiera obtenido una rentabilidad mayorque invirtiendo en Letras del Tesoro. Si hubiera mantenido su inversión durante 30 años, habría obtenido una tasa de rentabilidad media del 13%

-3.2 Puede resultar paradójico pero la renta variable es el activo menos arriesgado a largo plazo( El largo plazo en bolsa son 20 años, lo que pasa es que los fondos value conssiguen reducirlo a 10 años).
J Siegel, demuestra en su libro  Stocks for the long run,como la bolsa americana a un plazo superior a 20 años deja de tener riesgo, y , sin embargo, los bonos y las letras siguen teniendo retornos  mínimos negativos íncluso a 30años.
(Una acción es como un bono con valor del principal y del dividendo creciente.)

Actualmente mi patrimonio lo conforman 3 fondos value a nivel, europeo y  emergentes y un fondo indexado de la bolsa americana, mi patrimonio en acciones por mi cuenta en muy pequeño, con lo que la idea es , conforme aumente mi patrimonio ir destinando poco a poco parte delos beneficios a empresas con dividendos. ¿por qué digo esto?

En la Gran Depresión de los años 30 en USA las empresas siguieron repartiendo dividendos, y de hecho esta fue la estrategia (salvo traders superbuenos, que alguno habría digo yo) que mejor funcionó durante todos esos años.

¿Es posible perder dinero en bolsa con una inversión a largo plazo?
Si una empresa quiebra pierdes todo lo que hayas invertido en ella. Lo que sucede es que las probabilidades de que te suceda esto en un blue chip son bajísimas.
Y las probabilidades de que quiebren todos los blue chips españoles a la vez son prácticamente nulas. Voy más allá, si eso llegara a suceder seguramente lo que menos te importaría serían tus inversiones, y no te librarías de un cataclismo así invirtiendo en cualquier otra cosa como deuda del Estado o inmuebles. Sería una situación apocalíptica que no podemos prever.

Mirando casos extremos (como guerras o crisis) del pasado el activo que mejor resiste normalmente son las acciones.Vea este vídeo:http://www.youtube.com/watch?v=uy1qbeL94hQ
Lo primero que se suele hacer al acabar una guerra (y perderla) es anular la deuda pública y los billetes, cuentas y depósitos. La "garantía del Estado" en esos casos suele ser 0. Generalmente se crea una nueva moneda que se reparte entre la población de formas impredecibles. A veces se le da a cada persona una fracción mínima de lo que tenía y otras se da una cantida fija a todo el mundo. 

Por ejemplo, en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial se anuló todo el dinero y se dió a cada alemán 50 marcos nuevos.

Pero los que tenían acciones de laVolkswagen, Mercedes o el Deutsche Bank las siguieron teniendo (las mismas, claro, el que tenía 100 acciones antes de la guerra siguió teniendo 100 acciones despues) y fueron los que primero recuperaron su patrimonio.

En la Gran Depresión de los años 30 en USA las empresas siguieron repartiendo dividendos, y de hecho esta fue la estrategia (salvo traders superbuenos, que alguno habría) que mejor funcionó durante todos esos años.

Si ves otras guerras suele suceder lo mismo, lo peor es tener billetes, depósitos, cuentas o deuda pública. A veces se anulan directamente y de un día para otro se pierde el 100% y otras se entra en un período de hiperinflación en el que se tarda unas pocas semanas o meses en perder el 99,99999% del valor del dinero.


La bolsa de Japón siempre se pone como ejemplo de que la inversión a largo plazo no siempre funciona pero en aquellos momentos eran precisamente los inversores de largo plazo los que advertían de que aquello era una locurta insostenible y los que recomendaban no comprar.


Por dar algunas referencias a finales de los 80 el precio de las viviendas en Japón se establecía en centimetros cuadrados (no metros), lo que da idea de la sobrevaloración a la que llegaron. Los terrenos en los que está el palacio imperial tenían un valor estimado superior al de todo el terreno del estado de California (que es mayor que España) con sus inmuebles incluídos. En cuanto a las empresas lo normal era que tuvieran un PER de varios cientos de veces.

Es decir, el conjunto de los activos inmobiliarios y financieros tenía una sobrevaloración totalmente disparatada y sin comparación con la situación actual de Europa y USA. Es lógico que tarden muchas décadas (incluso varias generaciones) en corregir esa sobrevaloración, pero nosotros no hemos vivido nada parecido a eso en Europa y USA. Nuestras burbujas inmobiliarias no tienen comparación posible con la japonesa y el conjunto de la Bolsa no está caro ni mucho menos desde un punto de vista histórico, más bien lo contrario.

Lo más parecido que hemos vivido nosotros a la burbuja de Japón de finales de los 80 fue la burbuja de internet del año 2001. Jazztel, por ejemplo, alcanzo un máximo en Enero de 2001 de 22 euros aproximadamente. Desde un punto de vista fundamental ese precio era una sobrvaloración irracional. ActualmenteJazztel cotiza a unos 3,5 euros aproximadamente y lo más probable en mi opinión es que en el año 2026 (25 años despues de su máximo) siga cotizando por debajo de aquellos 22 euros, incluso muy por debajo. No es descartable en absoluto queJazztel nunca vuelva a alcanzar aquellos 22 euros, y mucho menos si los actualizamos con la inflación, que es lo que se debe hacer.

¿Por qué son las bolsas el activo mas rentable que existe?

En primer lugar las empresas que producen bienes o prestan servicios, suelen trasladar los procesos inflacionarios a los precios de sus productos y servicios. Si no fuera asi, se agotaria la producción. Por lo tanto es la mejor forma de luchar contra la perdida de poder adquisitivo por la subida de la inflación

En segundo lugar la rentabilidad del S&P 500 desde 1926 a 2002 ha sido del 10,2% descontado la inflación del poco mas del 3% de ese periodo nos da una rentabilidad neta del 7,1% ( En España con su entrada en la Union Europea en 1986 ha obtenido unas rentabilidad media del 10-11% descontado la inflación).Y en ese periodo (1926-2002)hemos de tener en cuenta una Gran Depresión, una Guerra Mundial, crisis del sistema monetario, crisis energéticas, burbujas tecnológicas y atentados terroristas. Digamos que ha pasado un poco de todo y aun así, de haber invertido en el S&P 500 habríamos obtenido una rentabilidad compuesta anual real del 7%.

En otras palabras, si invertimos en una cartera con las mayores empresas del país y no logramos rentabilidades atractivas, significará que muy mal estará la economía del país. Y en ese contexto, aun cuando sacaras todo tu dinero de la bolsa, pocas oportunidades tendrías en cualquier otro lado. Si la Bolsa va mal durante muchos años, pocas cosas o nada irá bien.
Recuerden compren Blue Chips


Ejemplo real de un inversor de éxito:
Hace unos años apareció en la prensa una curiosa noticia. Un policía municipal ya jubilado, soltero y sin hijos, falleció en 1998 dejando en su testamento el mandato de que su patrimonio se utilizara para hacer obras de beneficencia. El 'hobby' de este buen hombre era la bolsa, a la que se dedicó sobre todo después de jubilarse, por lo que la herencia estaba constituida por su vivienda habitual (bastante humilde) y la cartera de acciones reunida desde cero, con el dinero que iba ahorrando.

La sorpresa de los encargados de ejecutar el testamento fue mayúscula cuando constataron que el valor liquidativo de la cartera ascendía a casi 600 millones de pesetas( 3.600.000€). Su estrategia no era nada sofisticada, la describía como comprar valores seguros y 'sentarse' sobre ellos. Tampoco lo era la composición de la cartera: 24 valores de bolsa española correspondiendo las mayores participaciones a Unión Fenosa, Banco Santander y Telefónica.

Los relativamente modestos ahorros se habían multiplicado gracias a una combinación de factores típica de las estrategias de inversión a largo plazo. La 'magia del interés compuesto', es decir, que las rentabilidades se van calculando sobre bases cada vez mayores, por lo que la rentabilidad absoluta acumulada a lo largo del tiempo tiende a crecer de manera exponencial. La reinversión sistemática de las rentas obtenidas lo que genera rentas adicionales, que a su vez se reinvierten... otro proceso exponencial. La gestión correcta del riesgo, reflejada en la amplia diversificación y en la búsqueda de solidez. Y una dosis de buena suerte,al coincidir la etapa final, la más importante donde se concentra la mayor parte de la rentabilidad en cifras absolutas, con un ciclo alcista secular.

En definitiva, las 'cuatro G' de Kostolany', ideas (simples pero correctas), dinero (procedente de su compulsiva pasión por el ahorro), paciencia (aguantar los valores sin dejarse conmover por las caídas ni por las subidas) y suerte (aunque la suerte se busca, es difícil aprovechar un ciclo alcista si se está esperando a que 'las cosas se aclaren').

Otro ejemplo real: Me escribe un hombre sobre su inversión y me dice lo siguiente: "Yo tengo acciones de Telefónica desde 1983. Los dividendos y lo que ahorro lo invierto sistemáticamente en nuevas acciones, sin vender nada. Ahora tengo 33.400 acciones de Telefónicas( con un dividendo de 1,75€ por acción en 2011 me genera 58450€ al año de dividendos y sigo comprando para dejarselas a mis hijos.


Llamar 'inversores' a quienes venden en cuanto ganan un 5 o un 10% y van acumulando una 'cartera de inversión a largo' con las acciones que empiezan a bajar y se sitúan de manera permanente por debajo del nivel de compra es no comprender, incluso insultar, a los verdaderos inversores.
Saludos