Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



domingo, 11 de marzo de 2012

Pero, ¿cómo pueden ser tan ricos?

Ni podemos comernos los activos en el presente ni tampoco redistribuirlos de manera arbitraria sin afectar a la comida disponible en el futuro.

Cada vez que la revista Forbes publica su lista de los hombres más ricos del mundo, son muchos quienes se llevan las manos a la cabeza por las milmillonarias fortunas que acumulan unos pocos hombres. ¿Cómo es posible que el dinero esté tan mal distribuido en el mundo? ¿Cómo es posible que unas pocas manos acumulen los recursos que podrían alimentar durante mucho tiempo a tanta gente?

Por ejemplo, si un señor tiene una fortuna de 40.000 millones de euros, es fácil echar cuentas y concluir que 40 millones de personas podrían recibir una asignación de 1.000 euros (o un millón de personas, las más desfavorecidas de un país, una compensación de 40.000 euros). ¡Y estamos hablando de redistribuir la riqueza de una sola persona! ¿Qué sucedería si tomáramos la riqueza de 100 ó 1.000 de estos superricos? Es normal que algunos incluso elucubren con la posibilidad de que, atacando solo algunos de estos patrimonios, pueda ponerse fin a la pobreza en el mundo.

El asunto, por supuesto, dista de ser tan simple. Estamos habituados a imaginarnos a los multimillonarios como personas con una inmensa cantidad de dinero en efectivo: algo así como un Tío Gilito al que le gusta zambullirse entre sus monedas de oro y billetes de banco. Sin embargo, el dinero en efectivo es sólo uno de los muy diversos activos que componen el patrimonio de un multimillonario; y en ocasiones, uno de los activos con una presencia más reducida.

El rico, salvo marginales excepciones, no es la persona que tiene mucho dinero, sino la persona que tiene muchos activos muy valiosos: acciones, bonos, inmuebles, locales comerciales, suelo, empresas no cotizadas, etc. Cuando se dice que un multimillonario posee una riqueza de 40.000 millones de euros, lo que en realidad se está afirmando es que el valor de mercado estimado de todos los activos que comprenden su patrimonio asciende a 40.000 millones de euros.

Pero, y esto es lo fundamental, el valor de mercado de un activo no subsume el valor de todos los bienes presentes que ya ha contribuido a producir, sino el de todos los bienes futuros que se espera que produzca. O dicho de otra manera, quien posee 40.000 millones de euros en activos no dispone de 40.000 millones de euros en bienes de consumo inmediatamente disponibles, sino la más o menos razonable expectativa de que sus propiedades generarán (o contribuirán a generar) en los próximos lustros unos bienes de consumo valorados hoy en 40.000 millones de euros. Verbigracia, si una tierra de labrar se vende por 100.000 euros no es porque vaya acompañada de un almacén adosado que contenga abundantes toneladas de trigo valoradas en 100.000 euros, sino porque se espera que esa tierra sirva a cultivar a lo largo de las próximas décadas una cierta cantidad de trigo cuyo valor presente es 100.000 euros.

Por consiguiente, si un archirrico quiere disponer de parte de su riqueza tendrá dos opciones. La primera y más razonable, si es que el tiempo no le apremia, es la de gastar año a año los rendimientos que percibe por esos activos (los beneficios distribuidos de sus compañías, los dividendos, los intereses, los alquileres, etc.). Conforme el tiempo pasa, los activos van fabricando una pequeña porción de aquellos bienes de consumo futuros que les daban valor en el pasado: y son justamente esos bienes de consumo los que sí pueden disfrutarse sin demasiadas complicaciones (aunque con ciertas limitaciones, pues parte de la renta periódica que proporcione un activo deberá destinarse a reponer, mantener y amortizar ese activo).

La segunda y más radical opción, si es que el tiempo le apremia, pasa por liquidar todo su patrimonio, pero aquí ya comienzan los problemas: el importe que previsiblemente obtendrá de una venta apresurada de una enorme cantidad de activos no será ni mucho menos tan alto que si sólo tuviera que vender una pequeña porción. Al cabo, para colocar a buen precio todos sus activos, será necesario encontrar a suficientes ahorradores que, primero, dispongan de cuantiosos ahorros en efectivo que, segundo, deseen utilizar en la adquisición de esos activos. ¿Sencillo? Ni mucho menos. Para empezar, el canje de efectivo por activos no constituye ni mucho menos una decisión automática: quien tiene efectivo no se encuentra sometido a ningún riesgo y puede gastarlo en cualquier momento ya sea en consumir o en invertir; quien posee un activo, en cambio, tendrá que soportar los riesgos inherentes a la inversión, esperar a que le vaya proporcionando una renta con el paso del tiempo y verse en el brete de tener que liquidarlo si es que necesita hacer frente a un imprevisto.

Pero además, el volumen de ahorros en forma de bienes de consumo intercambiables no es tan abundante como para absorber cualquier oferta de activos. Por ejemplo, el valor de mercado de todas las bolsas en 2011 alcanzó los 45 billones de dólares, mientras que el PIB mundial –el valor de todos los bienes y servicios producidos– se situó en 65 billones. Teniendo en cuenta que alrededor del 70% del PIB consistirán en bienes de consumo (45 billones), el máximo importe que podrían aspirar a consumir los accionistas de empresas cotizadas equivaldría a 45 billones de dólares, y ello bajo el muy restrictivo supuesto que toda la población mundial decidiese no consumir nada durante ese ejercicio y que los propietarios de otros activos (inmuebles, empresas no cotizadas, bonos, etc.) no decidieran liquidarlos al mismo tiempo para adquirir bienes de consumo.

Y precisamente aquí se encuentra la razón de por qué la redistribución de la riqueza de los archimillonarios no serviría en absoluto para erradicar la pobreza en el mundo. Por un lado, porque si lo que queremos es elevar la calidad de vida actual de los más desfavorecidos (esto es, elevar su consumo), ya sabemos que los valiosos activos de los ricos no se pueden comer ni trocar por grandes cantidades en bienes de consumo en el presente. Si, por otro, nuestro objetivo es convertir a los más desfavorecidos en rentistas (propietarios de activos que proporcionen una renta periódica), lo que debemos tener presente es que esos activos monitorizan y son parte integral de todos los procesos productivos de una economía.

Sería una completa ficción el pensar que la productividad de una economía puede mantenerse con independencia de quien controle (y tenga una capacidad de decisión última) las empresas, los inmuebles o las materias primas de esa economía. Alterar políticamente la estructura patrimonial de una sociedad va aparejado a mutar las estructuras financieras y productivas de prácticamente todas las compañías, lo que repercutirá en su capacidad para producir bienes y servicios valiosos.

Por ejemplo, si les arrebatamos el control de Google a Sergei Brin y Larry Page para entregárselo a millones de personas repartidas por todo el mundo, es bastante probable que alguno de los siguientes escenarios (o todos ellos) se materializaran: Google perdería la visión estratégica de sus fundadores que es la que lo ha hecho grande; los accionistas minoritarios se unirían para reclamar una mayor remuneración en perjuicio no ya de la capacidad de la empresa para crecer y seguir generando riqueza, sino incluso de la capacidad de la empresa para reponer su equipo de capital actual; la dirección de Google lo tendría más fácil para no ser fiscalizada por millones de dispersos accionistas y podría asignarse sueldos mucho mayores; y la visión desorientada de la compañía la llevaría a perder cuota de mercado y a sucumbir ante sus mejor gestionados competidores.

Imaginen este devastador proceso pero a escala generalizada. No: ni podemos comernos los activos en el presente ni tampoco redistribuirlos de manera arbitraria sin afectar a la comida disponible en el futuro. Sí: hay algunos individuos que son tremendamente ricos, pero si no han recibido ningún favor gubernamental, lo son en la medida en que han generado muchísimo valor para millones de consumidores. Si lo que queremos es que haya más ricos en una comunidad, lo que necesitamos no es perseguir la acumulación de capital, sino facilitarla tanto como sea posible (reducir impuestos y regulaciones). Recuerde: el que haya muchos ricos no le dificulta a usted la labor de hacerse rico; al contrario, se la facilita enormemente.

El Sr. Rallo es profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos, autor de Los errores de la vieja economía. Editor de Economía del programa Es la Noche de César de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital. Sígalo en Twitter: @juanrallo

Fuente 

jueves, 8 de marzo de 2012

Cartas anuales de gestores muy recomendables

- Carta anual de Warren Buffett (Berkshire Hathaway)
- Carta anual de Jeremy Grantham (GMO)

- Carta anual de Howard Marks (Oaktree International)
Espero que os parezca interesante la recopilación. Si tenéis otras que añadir, o si eres gestor, has escrito una y lees esto, pásanosla y la añadimos.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Libros gratis online

Adjunto un listado de libros gratis de economía en pdf aquí y otra web con más en español aquí .

lunes, 5 de marzo de 2012

La inversión en oro

La rentabilidad media real

-El oro no es una inversión "value".

En una entrevista concedida a la revista Fortune en Octubre de 2010 Buffet, con el extraordinario sentido común que le caracteriza, comentó su opinión acerca de la inversión en oro:

"Puedes coger todo el oro extraído a lo largo de la historia y llenaría un “cubo” de 67 pies (20 metros y medio aproximadamente) por cada lado (es decir aproximadamente un bloque de 7 pisos). Teniendo en cuenta lo que se paga actualmente por el oro, con el mismo dinero podrías comprar todas, no algunas, sino todas las granjas de Estados Unidos. Además podrías comprar el equivalente a diez empresas del tamaño de la petrolera Exxon Mobil (o cien como Repsol) y todavía te quedaría un trillón de dólares en metálico para andar por ahí. Como alternativa puedes tener un gran cubo de metal.

¿Qué preferirías? . ¿Cuál crees que producirá mayor valor? "

Como dicen los Yankees "food for thought".

Ya he comentado, en varias ocasiones, que el oro no es productivo, ni ofrece renta alguna. Es un material que apenas tiene uso en la industria. Con el oro estas jugando a una única carta que consiste en colocárselo a otro por un precio superior y eso tiene un nombre; especulación.
Fuente


La rentabilidad media real desde 1900, una vez deducida la inflación, de las acciones a nivel mundial es del 5,4, la de los bonos estatales el 1,7 %, y la de las letras del 1%., el oro del 1% y las vivienda del 1,3. Los bonos corporativos obtienen una rentabilidad superior a los estatales, acercándose a la de la bolsa a consecuencia de su mayor riesgo.

En Estados Unidos, las acciones rinden el 6,2%, los bonos estatales un 2%, y las letras un mero 1%. Podemos decir que la inversión en acciones ha multiplicado el poder de compra desde el año 1.900 por 675 veces. En España, la rentabilidad es 3,4%, los bonos un 1,3%, y las letras apenas cubren la inflación.

domingo, 4 de marzo de 2012

La inflación es un impuesto

Para evitar ser acusado de las nefastas consecuencias de la inflación, el gobierno y sus secuaces recurren a un truco semántico. 
Tratan de cambiar el significado de los términos. Llaman “inflación” a la consecuencia inevitable de la inflación, es decir, al aumento en los precios. 
Ansían relegar al olvido el hecho de que este aumento se produce por un incremento en la cantidad de dinero y sustitutivos del dinero. Nunca mencionan este incremento. 
Atribuyen la responsabilidad del aumento del coste de la vida a los negocios. 
Es un caso clásico de ladrón gritando “¡Al ladrón!” El gobierno, que produjo la inflación multiplicando la oferta de dinero, incrimina a los fabricantes y comerciantes y disfruta del papel de ser un defensor de los precios bajos. Ludwig von Mises


Ronald Reagan una vez pronunció la célebre frase de que la inflación es un impuesto, pero la mayoría de los estadounidenses, por desgracia, en realidad no comprenden de lo que estaba hablando. Si el pueblo norteamericano realmente entendiese lo que la inflación estaba haciendo, estarían gritando fuertemente para acabar con la política monetaria. La inflación es un impuesto especialmente insidioso porque no es sólo un impuesto sobre tus ingresos durante un año. Es un impuesto permanente sobre cada dólar que posees. A medida que pones tu dinero en el banco, constantemente está perdiendo valor. Con el tiempo, los efectos de la inflación pueden ser absolutamente devastadores. Por ejemplo, si pones 100 dólares en el banco en 1970, los mismos dólares hoy en día sólo tendrían un 17 por ciento del poder de compra que tenían en aquel entonces. En esencia, se vieron afectados por un “impuesto inflacionario” del 83 por ciento y lo único que hiciste fue dejar tu dinero en el banco. Entonces, ¿quién es el responsable de esto? Bueno, la Reserva Federal controla la política monetaria en los Estados Unidos. Esto es una locura, y tiene que parar.

El sistema de la Reserva Federal está diseñado para hacer que el suministro de dinero de EE.UU. se expanda indefinidamente.

Y eso es exactamente lo que ha sucedido desde 1913.

Pero cuando la oferta monetaria se expande, las consecuencias son muy graves.

Cada vez se crea más dinero, los dólares que tú y yo ya poseemos pierden cada vez más valor, porque ahora hay más dólares que pueden comprar la misma cantidad de bienes y servicios.

En este momento, el gobierno de EE.UU. dice que la tasa anual de inflación es de alrededor de un 2 por ciento. Aquellos de vosotros que tenéis que comprar alimentos y gas de manera regular os daréis cuenta de la broma que es esto.

Afortunadamente, también hay otros por ahí que hacen un seguimiento de estas estadísticas. De acuerdo con John Williams, de shadowstats.com, si la inflación se midiese de la misma manera que se hacía en 1980, la tasa anual de inflación sería más del 10 por ciento en estos momentos.

Pero vamos a usar los manipulados números del gobierno por un momento. Usando los números adulterados, lo que la inflación ha hecho a todos nosotros sigue siendo absolutamente horrible. Sólo echa un vistazo a la tabla de abajo. Esto es el por qué la Reserva Federal se creó. Fue diseñada para ampliar constantemente la oferta de dinero y crear una inflación que no termina nunca…
La mayoría de nosotros hemos estado viviendo en un ambiente inflacionario durante tanto tiempo que incluso hemos llegado a aceptarlo como algo normal.

La mayoría de los estadounidenses creen que los precios están destinados a subir durante el paso del tiempo.

Por desgracia, hemos entrado en una era en que los precios están subiendo mucho más rápido que los salarios. Los presupuestos familiares se están restringiendo más y más al tiempo que el impuesto de la inflación nos sigue pasando factura más y más en todas nuestras compras.

Recuerdo los días en los que podía entrar en el supermercado y comprar una bolsa grande de patatas fritas de la marca potato chips por 99 centavos.

Recuerdo los días en que podía comprar todos los alimentos que necesitaba durante una semana entera por solo 20 dólares.

Por desgracia, esos días han quedado atrás.

¿Has ido al supermercado últimamente?

Cuando voy al supermercado estos días casi me da la sensación de que alguien me va a pedir que pida un crédito.

Cuando llego a la caja casi me da la sensación de que el cajero me va a preguntar si quiero pagar con un brazo o con una pierna.

Pero la comida no es la única cosa que va en aumento. Las facturas de electricidad en los Estados Unidos han aumentado más rápido que la tasa de inflación general durante cinco años consecutivos. Hay millones de familias estadounidenses que mantienen la calefacción muy, muy baja en este invierno en un intento de no pagar tanto.

La atención médica es otra cosa que se ha convertido en ridículamente cara. Durante el gobierno de Obama, los costos del seguro médico de los trabajadores han aumentado en un 23 por ciento.

¿Has incrementado tu sueldo en un 23 por ciento?

Por supuesto, todos sabemos lo que está sucediendo con el precio de la gasolina. El precio promedio de un galón de gasolina en los Estados Unidos es ahora de 3,72 dólares. Se ha incrementado en más del 90 por ciento desde que Barack Obama asumió la presidencia.

Es por eso que muchos economistas se enfadan cuando la Reserva Federal comienza a imprimir dinero como si no existiera el mañana. La inflación es un impuesto muy cruel para la mayoría de las familias estadounidenses. Destruye sus riquezas y destruye el poder adquisitivo de sus salarios.

Por desgracia, esto siempre es lo que sucede cuando una sociedad adopta la moneda fiduciaria. Nuestros dólares son sólo pedazos de papel que no están respaldados por absolutamente nada. Cuantas más hojas de papel se imprimen, el valor de estos trozos de papel que ya existen disminuye.

Esta es una de las razones por las que hay tanta gente por ahí hablando de “dinero real”, como el oro y la plata. A diferencia de la moneda fiduciaria, los metales preciosos tienden a mantener el valor en un periodo muy largo de tiempo.

Por ejemplo, te puede costar tres veces más con moneda Americana el comprar un galón de gasolina en el 2012 como te costaba en 1990.

Sin embargo, una onza de plata en realidad te permite comprar más gasolina hoy en día que no en aquel entonces.

En 1990, la onza de plata te permitía comprar cerca de 4 galones de gasolina. Hoy en día, te permite comprar más de 8 galones de gasolina.

Hablamos de valor sostenible.

Vemos el mismo tipo de cosa que pasa con el oro.

Cuando Barack Obama llegó al poder, una onza de oro se compraba por cerca de $850. Hoy la onza de oro vale más de $1700 por onza.

No es que el oro se esté convirtiendo en mucho más valioso. Es sólo que el dólar de EE.UU. está perdiendo valor de manera continuada.

¿Entonces por qué no el gobierno de EE.UU. y la Reserva Federal dejan de inundar nuestra economía con más papel moneda?

Esta es una pregunta muy buena.

Lamentablemente, nuestros líderes parecen tener una adicción sin fin al papel moneda y el pueblo estadounidense no está exigiendo el cambio.

El miércoles, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, dijo al Congreso que la Reserva Federal podría tener que implementar aún más medidas de estímulo con el fin de ayudar a la economía.

Por supuesto, esa frase es una absoluta locura teniendo en cuenta lo que Bernanke y sus compañeros ya han hecho a la base monetaria en los últimos años…
Afortunadamente, la gran mayoría de ese dinero todavía está atrapado en el sistema financiero. Si todo ese dinero saliese a la calle, la inflación sería mucho peor.

Aquellos de vosotros que pensáis que la subida de la bolsa es una señal de “recuperación económica” deberíais daros cuenta de que el mercado ha sido alimentado por enormes cantidades de falso dinero de la Reserva Federal. El hecho de que el número de dólares que circulan haya aumentado no significa que las cosas estén mejorando.

Hay mucho más que todo esto, por supuesto, pero lo que es importante para el hombre y la mujer de la calle es el hecho de que cuando la Reserva Federal aumenta la oferta de dinero es, en realidad, un impuesto sobre todos nosotros y hace que todos nosotros seamos más pobres.


sábado, 3 de marzo de 2012

Índice de libertad económica 2012: A más capitalismo=menos pobreza

 Aquí os dejo el informe completo en español. Recordar a más libertad económica menos pobreza o lo que es lo mismo a más libre mercado y menos estatismo o socialismo mejor nos irá.

En el análisis que acompaña a los datos del Índice, la organización estadounidense asegura que existe "una correlación estrecha entre una libertad económica más elevada y la eliminación eficaz de la pobreza". Así, indica que los países que más han progresado en materia de libertad económica en los últimos diez años, acumulan una tasa de crecimiento mayor y unas tasas de pobreza inferiores.

El país más libre del mundo en términos económicos es Hong Kong ( 9 y 16 millonarios por cada 100 habitantes junto a Singapur), que ha logrado 89,9 puntos. Justo por detrás se sitúan otros tres países bañados también por el océano Pacífico, Singapur, Australia y Nueva Zelanda. Estados Unidos ocupa el décimo puesto, Suiza( 8 millonarios por cada 100 habitantes) es el primer país europeo (ocupa el quinto escalón), mientras que Dinamarca obtiene el primer puesto entre los países que conforman la Unión Europea. En el otro lado de la tabla, cerrando la lista se encuentran Corea del Norte, Zimbaue y Cuba. Algunos países, como Irak o Somalia, no han podido ser evaluados.

España hemos descendido 3 puestos hasta el 39 y resulta paradójico que donde hemos aumentado en libertad es gracias a las medidas impuestas por la Unión Europea.


Indice 2012 de Libertad Economica
Si queremos ser más ricos todos, la solución es más capitalismo, más libre mercado y menos intervencionismo o socialismo ( estatismo). Que no os manipulen.
Saludos capitalistas

jueves, 1 de marzo de 2012

Libro:Las doce claves para hacer nuestra vida más sencilla


Vivimos a un ritmo frenético que impide que veamos la vida con perspectiva y serenidad. Los dos principales hándicaps de la velocidad de hoy en día: exceso de información y de trabajo. Un par de problemas estresantes y, en el mejor de los casos, una pérdida de tiempo. La solución: tomar la decisión consciente de hacer, no lo más fácil, sino lo más adecuado. En otras palabras, simplificar todo para concentrarnos en lo más productivo.

Si aprendemos a ponernos límites, todo fluirá de manera positiva, podremos concentrarnos solo en lo más importante y viviremos la paradoja de lograr más haciendo menos. Esto es lo que viene a decir Leo Babauta, considerado el gurú de los hábitos zen: vida sencilla, vida feliz.


Tenemos que simplificar todo para concentrarnos sólo en lo más productivo

En su último libro, El poder de lo simple (editorial Planeta, incita a los lectores a dejar a un lado el estrés y las preocupaciones para embarcarse en un mar en calma. Identificando lo esencial y siguiendo varios consejos asegura que podremos cambiar completamente nuestra vida y lograr lo que deseamos. Para muestra, su propia experiencia. Leo era un periodista estresado que cambió el chip y aprendió a priorizar valores. Asegura que consiguió cancelar sus créditos económicos, dejar de fumar, perder dieciocho kilos, practicar deporte, triplicar sus beneficios económicos sin aumentar su trabajo, escribir una novela y varios libros de no ficción, madrugar más y tener tiempo para su familia.


Es importante establecer límites

La clave de su éxito, como confiesa el propio Babauta, radica en poner barreras a la cantidad de cosas que consumimos y hacemos. Es decir, tenemos que evitar distracciones. El principal problema -explica el autor- es que vivimos sin límites. “Por desgracia, nuestro tiempo y espacio son limitados y tener de todo en exceso es como tratar de meter toda una biblioteca dentro de una caja: es imposible hacerlo. Tarde o temprano, la caja se romperá”, ejemplifica el también autor del blog Zen Habits, considerado uno de los 25 mejores de 2009 y 2010 por la revista Time, donde comparte con más de 230.000 suscriptores sus consejos.

Los límites obligan a averiguar qué es importante y qué no

Simplificar consiste en priorizar, en elegir sólo lo esencial de acuerdo a nuestros valores. “Tenemos que concentrarse en una sola cosa. Ejecutar varias tareas de manera simultánea es menos eficiente y estresante, concentramos nuestra atención en una cosa para seguidamente hacer otra cosa, es enloquecedor. Podemos reducir el estrés al prestar atención a una sola cosa a la vez”, asegura a El Confidencial Babauta.

Pero, ¿cómo identificamos lo esencial y eliminamos el resto? A través de su experiencia, el autor ha comprobado que se aprende por ensayo y error. “Elije las 4 ó 5 cosas que más te importan en la vida y trata de dedicarte exclusivamente a ellas”. El gurú asegura que si nos sentimos bien, habremos escogido correctamente, de lo contrario deberemos volver a escoger. Es, en otras palabras, una cuestión de ir probando. “Es bueno poner límites a todo lo que puedas, los límites obligan a averiguar qué es importante y qué no”, remarca. El autor aconseja limitar los correos electrónicos que enviamos, las tareas diarias que hacemos, el tiempo que hablamos por teléfono o la cantidad de cosas que tenemos en el escritorio.

Tenemos que crearnos hábitos nuevos

No basta con proponernos buenas intenciones, sino que tenemos que crearnos hábitos, que duran más. “Debemos seleccionar un sólo hábito para no abrumarnos con muchas cosas a la vez, tenemos que escribir un plan para tener muy claro cuál es nuestra meta cada día y compartirla con los demás”. Babauta incide sobremanera en la importancia de divulgar nuestras intenciones al público. Comprometernos delante de los demás es de gran ayuda porque nos genera compromiso.

Tenemos que saber cuál es nuestra meta cada día y compartirla con los demás

El autor asegura que transformar los hábitos es una de las mejores maneras de crear un cambio duradero en nuestra vida. “He aprendido, después de varios experimentos, que se necesita alrededor de un mes de concentración enfocada para conseguir que se nos pegue un hábito”, reconoce.

El ex periodista no cree en la planificación rígida de esos hábitos porque las prioridades cambian durante todo el día. “Al comienzo de cada día, me pregunto: ¿qué es lo más importante que puedo hacer hoy? Y me concentro en eso primero. Cuando he terminado, repito el mismo proceso”. Hacer algo cada día para llegar a nuestra particular meta es el primer paso para conseguir simplificar nuestra vida. “Algunas buenas preguntas que debemos hacernos son: "¿Esto me hará feliz? ¿Soy un apasionado de esta actividad? ¿Es más importante que las otras cosas en mi vida? ¿Puedo vivir sin ella?", asegura Leo.

Para empezar a hacer más sencillas nuestras vidas y sentirnos mejor, Babauta nos propone poner en marcha doce hábitos sencillos (uno por mes durante un año):

1-   Establece tus tres TMI (Tareas Más Importantes) cada mañana.

2-   Haz solamente una cosa a la vez. Cuando estés trabajando en una tarea no pases a otra.

3-   No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. No acumules papeleo en tu escritorio.

4-   Revisa el correo electrónico solamente dos veces al día y contesta con un máximo de cinco frases.

5-   Haz entre cinco y diez minutos diarios de ejercicio.

6-   Desconecta todos los aparatos mientras trabajas, evita las distracciones.

7-   Sigue una rutina por las mañanas.

8-   Ingiere más frutas y verduras al día.

9-   Mantén el escritorio en orden.

10-   Di no a los compromisos y peticiones que no figuren en tu lista corta.

11-   Dedica 15 minutos al día a ordenar tu casa.

12-   Introduce pequeños cambios que te hagan disfrutar más de la vida.


Estas técnicas, asegura Babauta, nos ayudarán a deshacernos del desorden, del ruido y del trabajo innecesario. Simplificarán nuestra vida dentro y fuera del trabajo, ahorrándonos tiempo y esfuerzo con garantías de éxito.
Fuentes

martes, 28 de febrero de 2012

La Gran Depresión de 1929 a 1940

La Gran Depresión de 1929 a 1940

España, por detrás de Emiratos Árabes en libertad económica

 “los gobiernos no deben sustituir a la sociedad; cuánto menos la intenten orientar más libre será; cuánto más libre sea, más rica será también”. “Los países que tienen más libertad son más prósperos”,


España ha bajado cinco puestos en el Índice de Libertad Económica, y se sitúa en el puesto 36, por debajo de países como Jordania, Botswana, Georgia o Emiratos Árabes. El índice, liderado por países como Hong Kong, Singapur o Australia, lo elabora The Heritage Foundation y The Wall Street Journal, y este martes ha sido presentado en su versión española por la Fundación FAES.


Fuente

domingo, 26 de febrero de 2012

La próxima crisis financiera (Overdose: The Next Financial Crisis)




El documental Sobredosis: La próxima crisis financiera (Overdose: The Next Financial Crisis) del director Martin Borgs -siguiendo la hoja de ruta marcada por el libro Una tormenta perfecta (titulado en inglés Financial Fiasco) de Johan Norberg, quien además es narrador del documental- pregunta si antes de concederles a los políticos, banqueros y burócratas más poder sobre la economía, acaso no deberíamos primero examinar qué hicieron con todo el poder y los recursos. Se habla de una gran crisis del capitalismo, pero es necesario replantear que en realidad puede tratarse del colapso de las instituciones políticas y los estados, y de una gran crisis del intervencionismo provocada por sus medidas de estímulo fallidas en todo el mundo y su expansión inútil de las deudas públicas. Para quienes están muy familiarizados con este tipo de información “Sobredosis” no contiene grandes sorpresas, pero es un trabajo notable por la claridad y sencillez con la que resume diez años de desastre económico mundial. Ya no hay excusas para hacerse el inocente o el desinformado. Con trabajos como éste, todo el mundo puede y debe saber lo que hay.

Cuando realizamos un diagnóstico profundo acerca del gran desafío de la humanidad en los tiempos presentes, encontramos que el mapa de la gran crisis sistémica que enfrentamos está compuesto por cuatro elementos principales, altamente interrelacionados: Economía, Energía, Presión Demográfica y Medio Ambiente. En tiempos de crisis las sociedades buscan líderes fuertes y soluciones simples. Pero… ¿Qué pasaría si los artilugios económicos que se están planteando somo solución son los mismos errores que provocaron el desastre? El documental Overdose describe y analiza la historia de la mayor crisis económica de nuestra época: la que aún está por venir.
Cuando estalló la burbuja financiera global, la solución fue bajar las tasas de interés e inyectar miles de millones de dólares sin respaldo a un sistema bancario enfermo. Justamente esa solución fue el problema, y por eso la próxima crisis será peor aún. Los gobiernos ya se están quedando sin combustible para alimentar la economía. Puede ser que todavía estén en condiciones de salvar a los bancos, pero de ahora en adelante la pregunta más inquietante es quién salvará a los gobiernos…

Las previsiones apuntan a que el gigantesco endeudamiento sin precedentes de todos los países superará el 100% del PIB en breve. La economía de Grecia e Islandia ya se derrumbaron. Hay otros países que están en la cuerda floja… ¿Cuál será el próximo? ¿Qué sucederá cuando se produzca el inevitable efecto dominó en toda la economía mundial?

Esta tormenta que conmueve al planeta comenzó a gestarse en los Estados Unidos, cuando el Congreso a instancias del gobierno federal decidió impulsar masivos planes hipotecarios de vivienda, inclusive para quienes no podrían pagarlos. En dicha oportunidad el mercado acuñó el ingenioso acrónimo NINA: “Ningún ingreso. Ningún activo. Ningún problema”. Dicho esquema basado en las corporaciones privadas Fannie Mae y Freddie Mac que estaban patrocinadas por el Estado, generó en todo el mundo una burbuja financiera de proporciones sin precedentes.

¿Querías irte de vacaciones? ¿Deseabas renovar todo tu guardarropa o cambiar el vehículo? Sólo tenías que usar tu casa como si fuera un banco, hipotecándola y pidiendo el dinero prestado. ¿Por qué trabajar en actividades productivas si se puede ganar dinero tan fácilmente? Mientras el gobierno garantizaba todos esos préstamos sin respaldo, era de tontos no continuar endeudándose sin límites. Y para apagar el incendio la Reserva Federal no tuvo mejor idea que darle más alcohol a los ebrios, inyectando nuevos paquetes de estímulo millonarios en un sistema virtualmente quebrado.

Varios de los analistas entrevistados en este documental habían anticipado el desenlace de toda esta locura y la orgía del dinero sin respaldo, pero fueron ridiculizados y hostigados cuando en medio del auge de la fiesta y la borrachera del consumo, intentaron una y otra vez advertir sobre las catastróficas e inevitables consecuencias que tal descontrol tendría en el futuro.

Sin embargo aún hoy continúa aplicándose esta lógica financiera sin sentido, con rescates estatales gigantescos a compañías quebradas, y más creación de dinero ficticio para mantener en funcionamiento artificialmente la economía.

Overdose aporta una visión razonada sobre el inevitable final que tendrá todo esto, advirtiéndonos que la peor crisis financiera jamás vista, es la que nos está esperando.

sábado, 25 de febrero de 2012

Esto es un atraco

http://www.estoesunatraco.es


Esto es un atraco from estoesunatraco on Vimeo.

¿Qué salario mínimo le impondría a su peor enemigo?

Por Juan Ramón Rallo.

Para perjudicar a los trabajadores, el salario máximo debe fijarse lo más bajo posible o, alternativamente, el salario mínimo debe establecerse lo más alto posible.


Imagine que usted se convierte en un funcionario todopoderoso con legitimidad para imponerle a cada trabajador cuál es el salario máximo que puede percibir en el mercado. Supongamos, además, que usted carece de escrúpulos y que está determinado a castigar con la muerte por inanición a sus peores enemigos. ¿Qué salario máximo les impondría para alcanzar tal fin? La respuesta es clara: a sus enemigos les colocaría un salario máximo igual a 0 euros mensuales; o dicho de otro modo, prohibiría que sus enemigos fueran contratados por un sueldo de más de 0 euros al mes, lo que –a menos que montaran su propia empresa– les impediría obtener ningún ingreso en el mercado. Objetivo cumplido: con un salario máximo de 0 euros, sus enemigos caerían irremediablemente en la absoluta miseria.

Modifiquemos ahora ligeramente los supuestos de partida: usted sigue siendo ese funcionario sin escrúpulos pero, en lugar de fijar el salario máximo de cada trabajador, sólo puede establecer el salario mínimo de cada empleado. Y aquí volvemos a plantear la cuestión inicial: ¿qué salario mínimo le impondría a su peor enemigo? La respuesta intuitiva de mucha gente sería que, al igual que en el caso anterior, el salario mínimo para castigar a sus adversarios debería ser de 0. Pero fíjese que imponer un salario mínimo igual a 0 euros no impide que su enemigo acuda al mercado y cobre un sueldo superior a esos 0 euros mensuales: en realidad, el salario mínimo de 0 euros sólo impide que su enemigo cobre un sueldo inferior a esos 0 euros mensuales.

¿Tendría usted éxito en su propósito de condenarlo a la inanición? No, su peor enemigo podría dirigirse a cualquier empresario y negociar con él un salario mayor que 0 que le permitiera disfrutar de una agradable existencia. De hecho, si su peor enemigo era, por ejemplo, un pez gordo que venía cobrando un millón de euros anuales, el hecho de que usted le imponga un salario mínimo igual a 0 no modificará en absoluto su situación profesional: dado que un millón de euros es mayor que cero, la empresa no le rebajará sus emolumentos.

Entonces, ¿carecería usted de instrumentos para condenar a la miseria a su peor enemigo? No, pero necesitaríamos superar las engañosas intuiciones iniciales: para lograr su perverso propósito, usted debería imponerle a su enemigo un salario mínimo de infinitos euros mensuales. De este modo, dado que ningún empresario estaría dispuesto a abonar un sueldo tan alto a cambio de sus servicios laborales, su peor enemigo quedaría indefectiblemente estancado en una situación de desempleo (donde percibiría cero euros mensuales). En nuestro ejemplo anterior, si su peor enemigo estaba cobrando un millón de euros anuales y le impide trabajar por menos de 10.000 millones de euros, parece claro que no sólo será despedido de su puesto de trabajo, sino que no podrá encontrar empleo en ninguna otra parte de la economía.

En definitiva, al igual que no tendría ningún sentido que un autocrático funcionario les impusiera a sus enemigos un salario máximo de un billón de euros (pues todos los sueldos actuales son inferiores a esa cuantía máxima) tampoco lo tendría que les fijara un salario mínimo de cero, cinco o diez euros (pues todos los sueldos actuales son superiores a esa cuantía). Para perjudicar a los trabajadores, el salario máximo debe fijarse lo más bajo posible o, alternativamente, el salario mínimo debe establecerse lo más alto posible.

Este simple ejemplo debería bastar para que, más allá de nuestras erróneas impresiones iniciales, comprendiéramos cuál es el efecto real del salario mínimo: no el de incrementar las remuneraciones de los trabajadores, sino, cuando éste resultado demasiado alto en relación con su productividad, el de condenarles al paro. Y recuerde: cuando el Estado opta por incrementar sostenidamente el salario mínimo de un país... en realidad se está comportando como su peor enemigo.

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martes, 21 de febrero de 2012

De cuando se invierte sin conocer las consecuencias de la economía socialista (perdón keynesiana)‏

El pisito


Esta es la historia de la especulación con un piso que hizo rico a un matrimonio y que en su vejez sobrevive de la caridad.

Es la historia de un pisito comprado en 1967 por un millón de pesetas, 6.000 euros, y que sin grandes agobios permitió adquirir otro que con el boom inmobiliario en 2007 llegó a valer 700.000 euros, 116 millones de pesetas.

El valor inicial del pisito equivalía al sueldo de ambos de tres años. Con pocos esfuerzos tenían pagada la hipoteca en 1985.

Lo vendieron entonces por tres millones de pesetas y compraron otro valorado en el doble, seis millones, unos 36.000 euros.

Y como ambos llegaron a ganar entonces unas 250.000 pesetas, tenían pagada la hipoteca del nuevo piso en 2002.

El valor de esta segunda vivienda subía rápidamente desde los últimos 1980. En 2003 valía ya 40 millones de pesetas, que corresponden a 240.000 euros. En 2007, había llegado a 700.000 euros.

Unos asalariados que empezaron con un millón de pesetas –sus dos hijos tenían carrera y trabajo—y ahora poseían nominalmente esos 700.000 euros, 116 millones de pesetas.

Se jubilaron y la especulación inmobiliaria era maravillosa, por lo que vendieron el piso y compraron otro de 1,2 millones pensando en venderlo poco después en 1,5 millones. Vejez tranquila, de viajes y cruceros.

Instantáneamente, se hundió el mercado. No podían pagar la hipoteca con las pensiones de ambos y nadie les compraba por lo que pedían. Sus hijos, ya casados, y sus mujeres, cayeron en el paro.

El banco ha echado a todos del piso, y además tienen que seguir pagándolo.

Viven de la pensión de ambos en un lejano pueblo inhóspito: ellos, sus hijos, nueras y cuatro nietos, y recogen diariamente comida en locales de esos meapilas religiosos a los que ellos, laicos y progresistas, despreciaban tanto.

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lunes, 20 de febrero de 2012

Vamos a comparar un emprendedor de España con uno de Reino Unido. El resultado es demoledor.



Graham Hunt compara el resultado de un año de trabajo para un diseñador web que quiere probar a hacer páginas para empresas en su tiempo libre. Como veis, el resultado es demoledor: en España, prácticamente has trabajado para el Gobierno, que es el principal beneficiario de tu idea y tu esfuerzo. Con lo cual, mejor pasas las tardes viendo la tele. En UK, acabas el año con 6.000€ en el bolsillo. Y entonces puedes plantearte hacer crecer tu negocio, dar el salto y establecerte por tu cuenta, o simplemente complementar tu sueldo fijo, vivir mejor y gastar o ahorrar más.


Fijaos que de esos 6.000€, tanto si los gastas como si los ahorras, se beneficia toda la sociedad, partiendo de las empresas que te han vendido algo o las que has financiado con tu ahorro. En España, esos 6.000€ no se han generado porque la administración ha matado la iniciativa antes de que pudiera prosperar (porque solo un idiota trabajaría horas y horas para no ganar dinero), con lo que todos hemos perdido.

No existen los paraisos fiscales. Existen los infiernos fiscales, como España, donde la presion es la mas alta de la OCDE y el gasto politico hace que se despilfarre el doble de lo que se ingresa, con lo cual, incluso si se duplicase la recaudacion fiscal seguiriamos despilfarrando inutilmente y viviendo por encima de nuestras posibilidades.

Esto es a los que nos están llevando los políticos, al final el futuro de España habrá que buscarlo en la economía sumergida la que yo llamo "Libre Mercado".


La pobreza y el paro es consecuencia de la intervención de los políticos y sindicatos( Estado) en el proceso de cooperación  social emprendido por los empresarios.

Saludos

domingo, 19 de febrero de 2012

Ricos y pobres

Por César Vidal

Las naciones que abrazaron la Reforma experimentaron un cambio radical a la hora de contemplar la riqueza y la pobreza. Asumieron todas las enseñanzas en contra de la codicia y a favor de ayudar al prójimo, pero rechazaron de plano el pauperismo.


Otra de las consecuencias de que España se quedara en el campo de la Contrarreforma fue que, al igual que naciones como España, Portugal o Italia, adoptó una visión absolutamente dislocada sobre la riqueza y la pobreza.  Se trata de una visión nefasta que persiste hasta el día de hoy.

Lo comentaba la semana pasada Pedro de Tena en Es la noche de César.  Los siglos de catolicismo habían creado en la sociedad andaluza un sentimiento indudable de aversión a los ricos que, por añadidura, veía con favor a los que decían defender a lo pobres. Como tantas características de la mentalidad católica en España, al final, quien se había aprovechado de ella era el PSOE.  Según Pedro de Tena –y no puedo más que darle la razón–, ese pauperismo había creado un caldo de cultivo que favorecía a los socialistas ya que, en teoría, era a los pobres a quienes ellos defendían. Coincido con el análisis de Pedro de Tena en cuanto a las raíces de tan funesta visión, pero, a la vez, me permitiría añadir otras dos nefastas consecuencias de ese pauperismo: la hipocresía y la envidia.

Teóricamente, ser pobre era algo espiritualmente magnífico –continua siendo uno de los tres votos de la vida religiosa y uno de los supuestos consejos de perfección– pero, anunciado por la institución que tenía la mayor acumulación de riquezas de la época (muchas veces por encima de reyes y emperadores) y que, además, disfrutaba de privilegios fiscales sin comparación, no dejaba de resultar, se mire como se mire, un tanto cínico. A decir verdad, como señalaba Zefirelli en el final de su Hermano sol, hermana luna, al final resultaba que la existencia de algunos pobres espirituales constituía la pantalla perfecta para acumular riquezas y, a la vez, evitar que los pobres se marcharan en busca de terrenos espirituales más sustanciosos. Se trataba de una conducta hipócrita también claramente visible en la izquierda cuando clama por los descamisados mientras se llena los bolsillos con el dinero que sale de nuestros impuestos y así verifica que es, en no pocos aspectos, un retrato en negativo de la iglesia católica. Pero la maldición no concluye ahí. Hasta el más tonto de los miserables era consciente de que había gente que vivía en la abundancia y que no parecía sentirse mal y ahí surgió la envidia, una envidia que, supuestamente, tenía legitimación teológica y que llega hasta la actualidad. En no escasa medida, sectores nada pequeños de nuestra sociedad se desgarran mental y espiritualmente entre los gritos de que los pobres son la sal de la tierra, la codicia que sienten - y que desearían satisfacer – y la envidia hacia aquellos que tienen un buen pasar y que, solo por eso, tienen que ser malos.

Vaya por delante, que semejante visión nada tiene que ver con la Biblia y no pasa de ser una lectura perversa de los textos sagrados más influida por cínicos como Diógenes que por los profetas de Israel o Jesús. Es cierto que la Biblia previene contra el amor al dinero y que señala que no se puede servir a las riquezas como si fueran Dios porque esa conducta es equivalente a la idolatría. Igualmente, la codicia aparece condenada en el Decálogo y se enseña que hay que utilizar los bienes propios para socorrer a los necesitados. Con todo, hasta ahí llegan sus advertencias. Ir más allá es corromper su mensaje y abocar a una sociedad al punto donde, por desgracia, nos encontramos. Cualquiera que haya leído la Biblia, sabe que ésta enseña que Abraham, el "amigo de Dios" era "riquísimo en ganado, plata y oro" (Génesis 13: 2). Esa riqueza no era una desgracia que pusiera en peligro su relación con el Altísimo porque Abimelec pudo afirmar aquello "y YHVH ha bendecido mucho a mi señor, y él se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos" (Génesis 24: 35).

Lo sucedido con Abraham no constituía una excepción.  A decir verdad, la prosperidad económica era una de las bendiciones prometidas por Dios al pueblo de Israel en el caso de que fuera fiel a la Torah.  De hecho, ésta afirma: "Te acordarás de YHVH tu Dios; porque Él te da la fuerza para ganar riquezas a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día" (Deut 8: 18).

Son sólo botones de muestra dentro de un grupo innumerable de ejemplos.  ¿Acaso no dice I Reyes 10: 23 que el rey Salomón "sobrepasaba a todos los reyes de la tierra tanto en riquezas como en sabiduría"? ¿No señala cómo Dios recompensó a Job por su fidelidad en medio de las más terribles pruebas multiplicando sus riquezas (Job 42: 10-17)?  ¿No afirma tajantemente el libro bíblico de los Proverbios que "riquezas y honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de YHVH" (Proverbios 22. 4)?

Precisamente por eso, las naciones que abrazaron la Reforma experimentaron un cambio radical a la hora de contemplar la riqueza y la pobreza. Por supuesto, asumieron todas las enseñanzas en contra de la codicia y a favor de ayudar al prójimo, pero rechazaron de plano el pauperismo, la alabanza de la pobreza o el resentimiento hacia los que habían triunfado en la vida. No se me ocurriría cuestionar que la envidia o el rencor puedan existir en naciones como Gran Bretaña, Estados Unidos, Holanda, pero la mentalidad general es muy diferente, entre otras razones, porque no tuvieron una iglesia única y oficial que podía, a la vez, acumular riquezas extraordinarias, por un lado, y acuñar insensateces como la denominada "opción preferencial por los pobres", por otro. Tampoco consideraron que la pobreza fuera una bendición que acercaba más al Altísimo – si es así, desde luego, habría que preguntarse porque hay que abandonarla - sino más bien una situación de la que había que salir cuanto antes. No deja de ser significativo que mientras la Europa de la Contrarreforma mantenía la sopa de los conventos con una visión asistencial, la Europa de la Reforma comenzó a crear talleres para que trabajaran los pobres porque recordaba la enseñanza paulina de que "el que no quiera trabajar que tampoco coma" (II Tesalonicenses 3: 10). Quizá por eso, a sus legisladores siempre les ha preocupado más que la gente pudiera encontrar trabajo que el que tuvieran cobertura de desempleo…

En esas naciones reformadas –cuya manifestación más cuajada son los Estados Unidos-, el hecho de ansiar salir de la pobreza, de saber abrirse camino en la vida, de trabajar con empeño, de crear una empresa, de ganar dinero con ella –incluso mucho dinero– se ha visto durante siglos como una trayectoria digna y admirable. Es más, resulta incomprensible que alguien piense en tomarse un descanso laboral aprovechando que cobra el seguro de desempleo o que no esté buscando trabajo inmediatamente en lugar de las posibles ayudas sociales. España, por el contrario, se ha ido configurando, siglo a siglo, como una sociedad herida por la envidia, en la que todavía hacer demagogia con la pobreza rinde réditos electorales y donde los que han tenido o tienen grandes riquezas -tanto los progres como la iglesia católica– no pocas veces predican la solidaridad con el prójimo a la vez que protegen sus patrimonios nada desdeñables en SICAVs, algo, dicho sea de paso, bastante lógico tal y como está el panorama fiscal.  Y seamos ecuánimes, tanto los unos como la otra han intentado e intentan también remediar pesares del prójimo aunque para ello recurran al dinero de los contribuyentes o al de sus fieles.

Si España –y no sólo España– desea cambiar, debe cambiar también esa mentalidad pauperista que, al fin y a la postre, sólo genera codicia, hipocresía y envidia porque la inmensa mayoría de los que la propugnan no se caracterizan precisamente por abandonar todo sino más bien por lo contrario.  Sin embargo, para que se produzca ese necesario – verdaderamente indispensable - cambio de mentalidad también deben operarse otros a los que seguiré refiriéndome en próximos capítulos.

"Nadie se acordaría del buen samaritano si, junto con las buenas intenciones, no hubiera tenido dinero." Margaret Thatcher.


"El espíritu mercantil y el afán de lucro han hecho más bien para muchísima más gente pobre que toda la ayuda humanitaria y todos los créditos blandos concedidos por todos los gobiernos y todas las ONG del mundo juntas." Paul Krugman.

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Reflexión : Sobre el dinero y la felicidad

¿Cuál es el verdadero salario mínimo de España?

Por Juan Ramón Rallo
El coste laboral mínimo en España se sitúa en 14.000 euros anuales o 1.166 euros mensuales, casi el doble de la cifra que se nos suele ofrecer en engañosos titulares periodísticos.



El salario mínimo interprofesional de España en 2012 es oficialmente de 641,4 euros al mes. Muchos son los liberales que insisten en que tan exigua cuantía bloquea la creación de empleo y muchos son los intervencionistas que consideran que su importe es ridículo y que debe aumentar de manera muy sustancial. Al cabo, ¿cómo puede siquiera insinuarse que un salario de 641,4 euros al mes es un sueldo demasiado elevado que bloquea la creación de nuevo empleo? ¿Quién puede vivir con menos de 641,4 euros al mes? ¿Y cómo pueden protestar los ricachones empresarios de que no pueden pagar apenas 641,4 euros mensuales?

Lo primero, como siempre, es no dejarse llevar por las impresiones iniciales. Es verdad que el salario mínimo bruto que mes a mes percibe el trabajador es de 641,4 euros, pero coincidiremos en que lo relevante para que el empresario decida contratar o no a un trabajador no es el salario que éste finalmente percibe, sino el que en debe abonar la compañía, le llegue en última instancia a él o no. Por ejemplo, si mañana el Gobierno instaura un impuesto del 50% sobre el salario mínimo, el obrero pasará a cobrar sólo 320 euros mensuales, pero al empresario no se le habrá abaratado lo más mínimo el coste de contratarlo.

¿Y cuál es el salario (o coste) mínimo que debe sufragar un empresario para poder contratar a un trabajador? No, desde luego, 641,4 euros al mes. Para empezar, el salario mínimo está compuesto por 14 pagas, no por 12, de modo que prorrateando las dos pagas extraordinarias llegamos a 748,3 euros al mes (8.980 euros anuales). A este importe, sin embargo, hay que añadir la cotización a la Seguridad Social que soporta el empresario y que, como mínimo, será del 29,9% (contingencias comunes, desempleo, formación profesional y FOGASA), esto es, de 2685 euros anuales, lo que totaliza 11.665 euros al año (972 euros mensuales).

Ahora bien, recordemos que esta remuneración es a cambio no de 12 meses de trabajo, sino de 11 (hay incluido un mes de vacaciones durante el cual el empleado cobra pero no trabaja). Si anualizamos este coste, llegaremos a la cifra de 12.725 euros por año de trabajo realmente realizado (o 1.060 euros mensuales). Pero aquí no acaba todo.

Por cada año que transcurre, el trabajador devenga un derecho de cobro en caso de despido, coste que, tras la última reforma laboral, asciende a 20 días por año trabajado (o a 33, si el despido es calificado de improcedente). Dada la crisis actual, podemos cuantificar el coste esperado del despido (asumiendo una probabilidad de despido del 40%) para un trabajador que perciba el salario mínimo en una horquilla de entre 200 y 300 euros anuales. Digamos, para manejar números redondos, que el coste salarial mínimo por ejercicio en España sería de 13.000 euros. ¿Termina aquí la cosa?

No. Existe un último coste que no suele tenerse en cuenta pero que, obviamente, debemos computar. Se trata del llamado "coste del capital", esto es, la rentabilidad mínima que espera obtener el empresario al contratar al trabajador. Algunos podrán considerar que es un coste redundante y que, en cualquier caso, no habría que imputárselo al trabajador. Pero se equivocan: una forma, comprensible, de verlo es imaginar que el empresario en cuestión no dispone de capital propio para contratar al empleado y que, por tanto, debe solicitar un crédito a alguna entidad bancaria; crédito por el cual deberá abonar intereses (esto es, un coste financiero que sí sería imputable al deseo de aumentar su plantilla). Pero es que, aun cuando el empresario sí dispusiera de un capital propio, ¿por qué debería destinarlo a contratar al trabajador si, por ejemplo, puede invertir sus ahorros en adquirir deuda pública española que proporciona una rentabilidad de entre el 4% y el 6% con riesgos (y quebraderos de cabeza) menores a los de contratar un nuevo trabajador? En definitiva, sí hay que tener en cuenta el coste de oportunidad de destinar los ahorros (o de pedirlos prestados) para abonar los salarios mes a mes. Pues bien, dado que el coste del capital, por el mayor riesgo, será superior al interés que ofrece la deuda pública, podemos fijarlo conservadoramente entre el 7% y el 10% (entre 910 y 1.300 euros anuales).

Por seguir con los números redondos, podemos concluir que el coste laboral mínimo en España se sitúa en 14.000 euros anuales o 1.166 euros mensuales, casi el doble de la cifra que se nos suele ofrecer en engañosos titulares periodísticos (y eso que dejamos fuera otros costes más difícilmente cuantificables como el papeleo o el de representación sindical, o que no consideramos el caso de los convenios colectivos de cada sector, que mejoran las condiciones mínimas legales).

Por supuesto, como decíamos, una cosa es el salario mínimo que percibe mes a mes el trabajador en su cuenta corriente (641 euros más dos pagas dobles) y otra el coste salarial que, debido a toda la vorágine regulatoria e intervencionista, debe asumir el empresario. Mi punto no es que el salario mínimo sea muy alto desde la perspectiva del trabajador, que obviamente no lo es en absoluto, sino que, sobre todo en momentos de crisis, puede ser demasiado alto desde la perspectiva del empresario (lo que no significa que la solución deba pasar necesariamente por recortar los salarios que percibe el trabajador, sino que bien puede plantearse la minoración del resto de sus costes asociados).

Pensemos simplemente en que todo empresario, a la hora de decidir si contrata o no a un trabajador adicional, se planteará si ese empleado es capaz de generar unos ingresos adicionales para su compañía de 14.000 euros al año. A aquellos que consideran que el salario mínimo es demasiado bajo y que no obstaculiza la creación de empleo habría que preguntarles si piensan que, en momentos como el actual, todos los empresarios saben como obtener, gracias al trabajo de una persona, ingresos adicionales de 14.000 euros. Yo, al menos, no lo veo tan sencillo.

Una pyme que, por ejemplo, requiera de cuatro personas para iniciar sus operaciones necesitaría contar con un plan de negocios que le proporcionara unos ingresos de, al menos, 56.000 euros anuales para ser rentable (y ello suponiendo que su único coste fuera la mano de obra). De hecho, en el conjunto de la economía, los cinco millones de parados no podrían ser incorporados al sistema productivo a menos que fueran capaces de crear bienes y servicios valorados por el mercado en, como poco, 70.000 millones de euros (lo que equivale a un crecimiento, con respecto a la situación actual, del 6,5%).

Incrementar, como desean algunos, el salario mínimo que percibe el trabajador a 1.000 euros mensuales elevaría el coste laboral mínimo a cerca de 23.000 euros anuales, lo que complicaría todavía más la recolocación de parte o de la totalidad de los cinco millones de parados (que deberían ser capaces de crear bienes y servicios valorados en 115.000 millones de euros). Por no hablar, claro está, de que todos aquellos obreros que contribuyeran a generar unos ingresos inferiores a 23.000 euros anuales tenderían a ser despedidos.

En suma, en muchas ocasiones, aquellos que dicen ser los mayores defensores de los trabajadores suelen ser, consciente o inconscientemente, sus principales enemigos.
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sábado, 18 de febrero de 2012

Reflexión: Sobre el dinero y la felicidad

Juan Pablo II en su encíclica  centesimus annus nos dice que el sistema más moral es el capitalismo. Es noble y respetable renunciar a la riquezas y ayudar a los pobres pero ello no debe llevarnos a engaños o dejarnos manipular, debemos estudiar científicamente las cosas.

El ser humano tiene una naturaleza inerradicablemente incierta, nos enfrentamos al futuro lo mismo que se enfrenta un navegante de un barco en una noche cerrada en medio de una tempestad. Ese es nuestro futuro.Pero si resulta que en medio de esa tempestad encontramos un faro , ya sabremos a pesar de las dificultades a donde dirigirnos y tenderemos a ir hacia allí. Para hacer frente a ese futuro incierto Dios nos dio dos muletas o apoyos: 

1º La función empresarial: todo ser humano tiende a lograr aquello que se propone. Por ejemplo si yo culmino mi carrera y mi master reduciré incertidumbre en mi futuro.

2º Y las instituciones son normas pautadas de comportamiento que adopta el ser humano para vivir en sociedad. Así tenemos el lenguaje que es crucial para vivir el que usted y yo podamos entendernos, también el derecho y la moral que se nos enseña en la familia, en la religión, el matrimonio y el dinero. Por ejemplo el matrimonio antes era una muleta de apoyo para ser humano pues reducía la incertidumbre ya que era para toda la vida. Pero hoy en día esa institución ya no nos sirve, en una sociedad hedonista el ser humano pierde ese apoyo y se ve plasmado en ineficiencia dinámica a través de todo el proceso social. Por eso aquellas sociedades que protegen más a sus instituciones progresan más ( ejemplo el Opus Dei, los judíos ultraortodoxos que tiene las tasas de divorcio más bajas del mundo).

Pues bien, la institución que se encuentra por encima de todas las demás, saben cual es el Dinero.

El dinero es la institución social por excelencia, permite el cálculo económico y al permitir la multiplicación casi sin límite de los intercambios humanos, permite la multiplicación sin límite de las relaciones entre los seres humanos.Es decir que ayuda a crear y depurar las demás instituciones sociales ( lenguaje, derecho, moral...) e impulsa el desarrollo de la civilización.

En la época de trueque los intercambios estaban reducido a aquello que sobraba donde la mayoría de las economías domesticas vivían en una situación de autoconsumo ejemplo: vivían en pequeñas granjas y prácticamente lo que producían lo consumían, solamente algún sobrante y con una frecuencia muy pequeña 1 o 2 veces al año, bajaban de la montaña donde tenían su caserío y bajaban a los valles para ponerse en contacto con otros vecinos e intercambiar vía trueque los bienes que le sobraban a uno con los bienes que le sobraban al otro. Cuando entra el dinero en escena se multiplica exponencialmente las relaciones y cambios. Y al ser muchísimo más los cambios que se pueden llevar a cabo, exige la necesidad de entendernos entre uno y otros, es decir de hablar y entender lo que nos ofrecen y lo que yo ofrezco. Entonces paralelamente, al aumento de los intercambios consecuencia del dinero empieza a confluir los diferentes dialectos locales de cada valle o pequeña región y se va formando un lenguaje de más general utilización. Así empieza formarse el castellano a partir de diferentes dialectos de diferentes valles en el norte de Burgos. Sino hubiese habido la posibilidad de hacer esos cambios gracias al dinero, los seres humanos hubieran quedados circunscritos a su pequeño caserío y a sus pequeños trueques durante siglos y siglos y por tanto a su lengua estrictamente local. De la misma manera que hay una tendencia a la generalización de un único de medio de intercambio ( el dinero) comúnmente aceptado, también hay una tendencia a la generalización del idioma que permite que cada vez se entienda mejor con el resto.

Y también este aumento de intercambios que permite el dinero va depurando los comportamientos de tipo moral y jurídico ( derecho) que hace posible la vida en sociedad. Por que un trato con un apretón de manos ya conlleva un acto de compraventa que tiene una serie de características que se van depurando por los expertos en derecho a lo largo de la teoría jurídica que explica la normas que se van descubriendo a lo largo del proceso evolutivo de cooperación social que hace posible el avance de la civilización y también las normas éticas.

Por tanto sin la aparición del dinero la sociedad no hubiera avanzado y viviríamos casi como en la época de las cavernas en una economía de subsistencia. Por eso no es una herejía decir que el dinero es la institución social por excelencia que permite la multiplicación de los intercambios que hacen avanzar a la sociedad, y como el intercambio es la relación social por excelencia con esa multiplicación se van depurando el resto de las instituciones tan vitales para ser humano que hace posible la vida en sociedad véase el lenguaje, el derecho, la moral etc...

Decir que el dinero da o no la felicidad es bastante absurdo.

A mi personalmente el dinero me parece extremadamente importante para ser feliz, por mi forma de ser, ya que para mi el no tener las cosas bajo control me produce mucho estrés, hay otras personas que no se complican y no piensan en ello, quizá no tengan para llegar a fin de mes pero no le dan vueltas en la cabeza o quizá en unos meses no puedan pagar la hipoteca y puedan perder su casa y eso no les quita en sueño, yo me volvería loco y no podría pegar ojo, estaría todo el día dándole vueltas a la cabeza intentando buscar una solución.

Por lo tanto en mi caso particular, según he ido evolucionando en mi carrera profesional ganando mas dinero y teniendo mas activos, cada vez he sido mas feliz, ya que hay muchísimos incógnitas sobre el futuro que dejan de ser una preocupación cuando tienes un buen capital diversificado, por lo tanto yo soy una persona con poca tolerancia al riesgo y bastante conservadora, y es algo que he descubierto recientemente, ya que pensaba que era lo opuesto.

Otro caso es el de tener mucho dinero y no tener control, digase una herencia o una lotería y no saber que hacer con el y tener miedo a perderlo, esto puede generar un grandisimo estrés, sobre todo con el obscuro mundo de las finanzas donde para encontrar un buen gestor necesitas saber casi tanto como el.

Como conclusión, yo personalmente pienso que el dinero es muy importante, a mi me da tranquilidad laboral (es decir, que si me quedo sin trabajo no me importa o no tengo que aguantar a un jefe estúpido simplemente porque no necesito el trabajo), me da posibilidad de tener mas vacaciones trabajando como freelance, me da la tranquilidad de que yo y mi familia no tendremos problemas económicos en el futuro, me da tiempo y espero que algún día me de la libertad de no tener que trabajar en absoluto en lo que no me gusta y poder dedicarme a algo que me gusta como y cuando quiera. Lo cual no quiere decir que otras personas sin tener dinero no puedan ser felices, claro que pueden serlo, la pregunta es si esas mismas personas en esa misma situación pero con mas dinero serian mas o menos felices.

“Despreciar el dinero es algo que sólo suelen permitirse aquellos que no han estado mucho tiempo faltos de él” Benjamin Graham.

Un saludo y feliz fin de semana :)

viernes, 17 de febrero de 2012

¿Os habéis parado a pensar cuanta gente es inversora value en España? ¿Por qué no hay más gestores value en España?

1.¿Os habéis parado a pensar cuanta gente es inversora value en España? 


Sólo en Bestinver hay unos 35.000 clientes. Ahora, de esos no todos son inversores value. Muchos no entienden lo que hacen y cuando la cosa pinta mal se van. Lo bueno es que no vuelven y la criba de 2008 vino bien para limpiar un poco en ese sentido. La mayor parte de inversores de Bestinver suscriben sus fondos atraídos por las rentabilidades, son muy pocos los que se preguntan cómo se han conseguido esos números (rentabilidades medias anuales del 15 al 20% en periodos de 10 , 20 o más años incluso algunos fondos value consiguieron retornos del 30 y 38% durante 12 y 13 años, desde 1930 que se creo esta filosofía de inversión por Benjamin Graham y resulta increíble lo poco popular que es) y menos aún los que profundizan en el estudio de libros y artículos sobre el value investing.


Como dice Charlie Munger si no eres capaz de soportar 2-3 caídas temporales del 50% cada siglo no estás hecho para invertir en bolsa y te mereces los resultados mediocres que vas a obtener.


El esfuerzo que ha hecho la citada gestora para formar e informar a sus partícipes es un esfuerzo no por captar más capital sino por conseguir que ese capital sea más fiel y provenga de personas más preparadas para aceptar la volatilidad y no penalizar los fondos al desinvertir masivamente.


Tan sólo un 10 % de los fondos a nivel mundial se gestionan bajo algún criterio value investing.


Contra menos seamos mejor para todos, no se puede explicar más ni mejor, lo han intentado Graham y Buffett; los resultados están allí a la vista de todos y evidentemente son pobres.


2.¿Por qué no hay más gestores value en España?


Por cómo esta diseñada la gestión de activos, donde un 80 o 90% de la comisión de gestión de un fondo va a parar a la industria de la distribución, en manos de bancos y cajas, cuyo core business obviamente no es la gestión. El resto, el 20/10% de las comisiones, son para retribuir la gestión. Es un sistema que desincentiva claramente la profesión de gestión de activos, independientemente de si es estilo es value, growth, activo o pasivo, da igual.

La suerte también juega a favor del inversor paciente

En períodos en los que se mantiene la inversión en el índice durante 20 años, el número de veces en las que se ha perdido dinero es cero.


En un artículo anterior, les hablaba del grave daño que los costes de transacción causaban a las carteras con elevada rotación: aquellos que varían a menudo los valores que integran su cartera tienen que hacer frente a un costoso peaje llamado comisión por operación. Evidentemente, a mayor movimiento, mayor el número de veces que se pasa por “caja”.

También les citaba un estudio de Barber y Odean (Journal of Finance, Abril 2000), en el que se analizaban las rentabilidades obtenidas por inversores particulares dependiendo de la rotación de sus carteras. La evidencia era clara: los costes de transacción provocaban que los rendimientos de las inversores hiperactivos –elevada rotación– se desplomaran con respecto a los inversores más pacientes –baja rotación. Hablamos de diferencias superiores al 7% anual. Casi nada.

Ese estudio abarcaba una muestra de inversores particulares “activos”. ¿A qué me refiero con inversores activos? Pues a aquellos inversores que gestionan su propia cartera, a aquellos inversores que apuestan por determinados títulos esperando encontrar recompensa en forma de jugosas rentabilidades. Pues bien, como decíamos, entre el inversor activo a corto y el inversor activo a largo, los números se ponen a favor del segundo.

¿Y si nos quedamos quietos y adoptamos una actitud pasiva? Esto es, ¿qué ocurre si sólo nos dedicamos a replicar el índice bursátil de turno, decidiendo sólo el tiempo que dura nuestra posición? Aquí no hay ya ni sexto sentido, ni varita mágica, ni mentes inquietas en busca del maná; sólo es cuestión de suerte. Nos esperamos un año, o dos, o cinco o veinte, y vemos qué pasa. Pues veamos, veamos.

Olvidémonos de los costes de transacción, y centrémonos en las rentabilidades brutas. Como primer acercamiento, propongo analizar cuántas veces la jugada se vuelve en nuestra contra. Es decir, cuántas veces la decisión de mantener el índice sólo un año, o cinco, o diez o veinte, ha generado rentabilidades negativas. Paul Tracy ha hecho el trabajo por mí, y los resultados los recoge en esta tabla que les reproduzco:


Sí, sí, lo que ven. En períodos en los que se mantiene la inversión en el índice durante 20 años, el número de veces en las que se ha perdido dinero es cero. En el otro extremo, tenemos la inversión anual, que ha arrojado, a lo largo del período 1950-2010, un total de 16 casos con pérdidas. Entre los dos extremos, las inversiones a cinco y diez años, que han arrojado números rojos en 12 y 7 ocasiones, respectivamente.

La inversión a corto plazo tampoco es recomendable para aquellos inversores con dietas altas en grasas saturadas, y, por lo tanto, más proclives a presentar problemas en el ámbito cardiaco. Atentos a esta tabla:

Digno del parque de atracciones más exigente… Si usted opta por el horizonte anual, sepa que habrá años en los que se puede llevar a casa un suculento 53,4%. Eso sí, debe estar preparado para afrontar una posible pérdida del -44,8%. En un horizonte temporal de tres años, la cosa es parecida: tan pronto el mercado nos muestra un generoso 30,1%, como nos azota con -17,3%. Sólo cuando probamos las mieles del largo plazo podemos estar tranquilos: en el peor escenario, por lo menos nos protegemos contra la inflación.

La última tabla que les muestro recoge una idea similar anterior, pero trabajando ahora con datos medios. Aceptando la volatilidad de las rentabilidades observadas –medida a través de la desviación estándar– como una aproximación válida al riesgo al que se enfrenta el inversor –un escenario de (-2%,+2%) es mucho más arriesgado que un escenario de (-10%,+10%)–, el ratio de Sharpe, que no es más que el cociente de la rentabilidad media del activo entre la desviación estándar de esas rentabilidades, se convierte en una herramienta muy útil a la hora de comparar dos inversiones.

Así las cosas, aunque la rentabilidad media de la inversión a un año es superior en un 1% a la rentabilidad media de la inversión a 20 años, cuando ponemos esas dos magnitudes en relación al riesgo soportado, la historia es otra: el ratio de Sharpe de la inversión a 20 años supera, en más del doble, al ratio de Sharpe de la inversión a un año. Les dejo la tabla:

Lo dicho, hasta la suerte se alía con el inversor más paciente...
Pablo J. Vázquez es Doctor en Economía y especialista en Value Investing. Puedes seguirle a través de Twitter en @pablojvazquez

Orden espontáneo

El orden espontáneo se altera, con perjuicio para la sociedad, cuando interviene el Estado para dirigir o limitar las acciones y decisiones del individuo. El orden espontáneo se manifiesta solo en los mercados libres.


Una sola persona, una sola entidad, no pueden controlar miles de millones de decisiones, y mucho menos entenderlas, y cuando lo intentan hacer alteran el orden natural de las relaciones entre los individuos, las familias, las empresas, etc.