Un estudio hecho en los países nórdicos , demostró que las personas que invierten en bolsa no son los que más dinero tienen, sino lo más inteligentes.

"Por extraño y paradójico que le parezca: La renta variable es el activo-a largo plazo-más rentable y menos arriesgado".Francisco García Paramés

La clave en el mundo de las inversiones está en la PACIENCIA, como decía un inversor value "Más vale hacerse rico despacio que pobre rápidamente" .

Todo llega para quien sabe esperar.Nunca te des por vencido, las grandes cosas llevan tiempo.

‎ "Yo me fío más de cómo maneja la economía una familia que se juega el pan o un empresario, que se juega la ruina, que un grupo de señores que, cuando quiebran un país, se van a su casa, reciben seis cargos públicos o privados y se dedican a dar discursos."Daniel Lacalle

Los seres humanos observan que hoy en día las carreteras, los hospitales, las escuelas, el orden público, etc. etc., son proporcionados en gran (sino en exclusiva) medida por el estado, y como son muy necesarios, concluyen sin más análisis que el estado es también imprescindible. No se dan cuenta de que los recursos citados pueden producirse con mucha más calidad y de forma más eficiente, barata, y conforme con las cambiantes y variadas necesidades de cada persona, a travésdel orden espontáneo del mercado, la creatividad empresarial y la propiedad privada.Jesús Huerta de Soto

Comprar cuando la bolsa baja y vender cuando sube es difícil porque va en contra de la naturaleza humana: en los últimos 3.000 años, cuando el vecino de al lado salía corriendo o gritaba "fuego", ha resultado rentable salir corriendo también. De ahí que cuando la bolsa sube nos dan ganas de comprar, y cuando baja nos dan ganas de vender, por una simple cuestión de biología.

¿Pero es que no os dais cuenta que todas las injusticias y toda la corrupción proviene de lo "publico"?‏



viernes, 12 de agosto de 2011

Pero, ¿habría suficiente oro?

Por Juan Ramón rallo
El patrón oro no es un buen ejemplo de patrón monetario rígido, pero, aun en el caso de que lo fuera, el sistema económico podría seguir funcionando perfectamente.


Los detractores del patrón oro creen ir cargados de razones. Son numerosos los motivos por los que se oponen a semejante bárbara reliquia, aunque ninguno tan potente como la sensación de modernidad y cientificidad que les embarga al creer superado el medio de pago y el depósito de valor que Occidente utilizó durante milenios. A renglón seguido, eso sí, una de las críticas más populares es que no hay suficiente oro en el planeta para acompasar el crecimiento mundial: la cantidad de dinero, se nos dice, debe crecer al mismo ritmo que la producción de bienes y servicios; eso pudo lograrse con dificultades en el s. XIX, pero sería inviable en el s. XXI.
El argumento suena verosímil, pero si lo analizamos un poco veremos que tiene poca consistencia. Es decir, la cuestión es la siguiente: ¿qué pasaría en un mundo que siguiera creciendo pero donde la cantidad de medios de pago fuese absolutamente rígida? Por claridad expositiva, podemos dividir los efectos en dos tipos: por un lado, los que atañen a los precios y la producción (aspecto real); por otro, los referidos a los tipos de interés, las deudas y la financiación empresarial (aspecto financiero).
En cuanto a los precios, asistiríamos sin duda a una deflación secular. Conforme más produjéramos, más se abaratarían los productos en relación a la onza de oro (o a la de cualquier otro patrón monetario que fuese fijo). Mas, ¿es esto algo negativo? No necesariamente. Mucha gente teme que si los precios caen, los empresarios quebrarán y entraremos en una depresión económica en la que la producción de bienes y servicios se reducirá. Pero lo cierto es que la rentabilidad de los empresarios no depende exclusivamente de los precios de venta de sus mercancías, sino de sus precios y de sus costes (del margen de beneficios).
Si precios y costes se reducen, la producción podrá seguir su curso con normalidad. Es sencillo de comprender: si ahora mismo se dividieran todos los precios de la economía entre diez (incluyendo los de activos y pasivos), prácticamente nada cambiaría. Seguirían siendo rentables las mismas líneas productivas y la gente no vería modificadas sus costumbres de gasto.
Es verdad que si los precios, en lugar de reducirse de golpe, fueran cayendo progresivamente y a ritmos desiguales, el comportamiento de consumidores y empresarios podría tener efectos reales. Los consumidores retrasarían su consumo y los empresarios podrían encontrar que otras líneas de negocio resultan más rentables que la suya (si los precios han caído menos o los costes se han reducido más que en la suya). Pero lo mismo sucede con la inflación: los consumidores tienen incentivos a adelantar su consumo y los empresarios también pueden ver cómo sus cálculos se distorsionan (si los precios suben más o los costes se incrementan menos que en su línea productiva). Y, puestos a elegir, es preferible que los consumidores retrasen su consumo a que lo adelanten, pues la base del capitalismo y de la prosperidad es el ahorro.
En definitiva, el capitalismo con un patrón monetario rígido requeriría de unos mercados flexibles donde los precios –y los costes– pudieran ir modificándose con el transcurso del tiempo. Nada, por otro lado, que no se diera en el s. XIX y que no sea igualmente recomendable en un capitalismo con un patrón monetario más elástico; al cabo, los precios son los faros del capitalismo y nada bueno puederesultar de su manipulación.
Hay una serie de precios que, sin embargo, no es probable que fueran a modificarse ni siquiera en un mercado muy flexible. Me refiero al saldo de las deudas: si los precios caen y el saldo de los pasivos no minora, cada vez los agentes adeudan más dinero en relación con sus ingresos. El temor, en este caso, es que los individuos no tendrán ningún incentivo a endeudarse y, por tanto, no podrán hipotecarse ni para adquirir viviendas ni captar capital emitiendo bonos con el que implementar sus planes de negocios.
Esta preocupación sí es en parte comprensible, pues ciertamente una economía con una deflación persistente de precios tendería a penalizar el endeudamiento. Sin embargo, no es ni mucho menos un obstáculo insalvable para mantener altos niveles de crecimiento económico. Primero, porque al igual que hoy una parte de los tipos de interés que pagan los deudores depende de la inflación esperada (de modo que si el ahorrador desea un rentabilidad mínima del 4% y prevé que los precios suban al 1,5% anual, carga unos intereses del 5,5%), en una economía con deflación persistente los tipos de interés tenderían a incorporar la deflación esperada (de modo que si se desea una rentabilidad mínima del 4% y los precios caen al 1,5%, el tipo de interés sería del 2,5%), incluso indexando los bonos a la evolución de algún índice de precios tal como ya se hace hoy. Segundo, porque la única manera de financiar una empresa no es a través de fondos ajenos (deuda), sino también a través de fondos propios (que, entre otras remuneraciones, reparten dividendos variables en función de la caja que posee la empresa).
Una economía con deflación sería una economía donde la financiación vía fondos propios tendría un peso mucho mayor al actual y donde la deuda, si bien resultaría probablemente más barata en términos nominales, sería de bastante mayor calidad, pues los ahorradores sólo aceptarían no atesorar el dinero y prestarlo a largo plazo a cambio de riesgos que fueran muy seguros; lo cual no significa, ni mucho menos, que fuera una sociedad menos emprendedora o arriesgada, sino que el riesgo se canalizaría por su vías naturales, que no son precisamente la financiación bancaria sino las participaciones en el patrimonio neto de los fondos de venture capital o de private equity.
En conclusión, hemos visto que ni la producción ni la inversión se verían seriamente perjudicadas en un mundo donde la cantidad de medios de pago fuera absolutamente fija. Tradicionalmente se ha asociado este escenario con el patrón oro, pero sí me gustaría añadir unas líneas a este respecto. Dejando de lado que en el último siglo las existencia del metal amarillo se hayan multiplicado por siete, que el oro se convierta en el patrón monetario de una sociedad no significa ni mucho menos que sea su único medio de pago. En una economía moderna, la mayor parte de mercancías se compra vía compensación de créditos y deudas, esto es, pagando unas mercancías con otras mercancías: esa es la base del crédito circulante que proporcionan empresas y bancos a sus clientes (letras de cambio y depósitos a la vista) y que, por supuesto, jugó un papel central en el s. XIX y lo seguiría jugando en una eventual recuperación del patrón oro.
Ni siquiera hoy, en la era del dinero fiduciario, la mayor parte de las transacciones se realizan al contado: la cámara de compensación CHIPS, por ejemplo, efectúa transacciones anuales por importe de 365 billones de dólares, cuando la base monetaria del dólar (el equivalente a la cantidad de oro con la que cuenta el sistema) apenas asciende a 2,7 billones de dólares. De hecho, tampoco esta base monetaria de dólares se ha incrementado al mismo ritmo que la producción de bienes y servicios: entre 1947 y 2007, la cantidad de dólares se multiplicó por 25 mientras que el PIB nominal de EEUU (no hablemos del resto de transacciones mundiales que se efectúan con dólares) lo ha hecho por 60.
El oro no impide que toda esta superestructura de crédito –que es, en el fondo, la que compra y vende mercancías en una economía que haya desarrollado un poquito su sistema de pagos– se pueda erigir; lo que favorece es que esa superestructura sea de una calidad infinitamente mayor a la del dinero fiduciario. Pero la elasticidad de los medios de pago (que no serían ni única ni mayoritariamente monedas de oro) sigue siendo enorme; en ocasiones incluso demasiado grande para evitar la recurrencia de los ciclos económicos.
Así pues, como vemos, el patrón oro no es un buen ejemplo de patrón monetario rígido (y eso que ni siquiera hemos hablado de la posibilidad de que junto con el patrón oro convivan otros patrones monetarios, como la plata o incluso, en ciertos ámbitos reducidos, variedades de medios de pago fiduciarios, electrónicos o no) pero, aun en el caso de que lo fuera, el sistema económico podría seguir funcionando perfectamente. Las objeciones contra el patrón oro no deben buscarse en sesudos argumentos teóricos, sino en la arrogancia de los intelectuales y en los conocidos intereses del Gobierno, de la banca y de una población pródiga en exceso por abusar del endeudamiento barato.
Puede dirigir sus preguntas a contacto@juanramonrallo.com
Juan Ramón Rallo es doctor en Economía, jefe de opinión de Libertad Digital y profesor en el centro de estudios Isead. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro es Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009).

jueves, 28 de julio de 2011

Después de alcanzar la ¿libertad financiera?

Supongamos que hemos conseguido un millón de euros y queremos prejubilarnos. Durante muchos años hemos ahorrado e invertido en una cartera que ha crecido hasta esa cifra. ¿Y ahora qué?
Suponiendo que los mercados de renta variable crezcan en el futuro una media de un 7% anual como han hecho en los últimos 200 años, podemos pensar que podemos sacar cada año 70000 euros e ir tirando. Pero esto puede no ser muy bueno. Si durante los primeros diez años, el rendimiento de la cartera es negativo, podríamos quedarnos sin blanca y con cara de tontos. Que la media a largo plazo sea de un 7%, no quiere decir que en los primeros años sea positiva.
Ojo a los resultados se representan a continuación. La cartera sólo de acciones es la línea más gruesa, y la más delgada es la cartera con menos acciones. Una vez más, es importante darse cuenta de que las cantidades están en dólares de 1995 ajustados por inflación. Ésta es la más simple y más clara forma de realizar los cálculos de la jubilación.
En primer lugar, echemos un vistazo a retirar el 7% de la cantidad inicial, o $ 70.000 (ajustado por inflación), por año:
Da igual que asset allocation tengas en tu cartera. Si en los primeros años vienen vacas flacas, entre la inflación y las rentabilidades negativas, si sacas 70000 euros cada año, tu cartera se va al infierno. Sin dinero en 15 años. El mercado alcista llegó en 1984, demasiado tarde.
Pero aquí no queda la cosa, ya que si hubiesemos sido más conservadores y hubiésemos sacado cada año un 6% de la cantidad inicial (60000 cada año) o un 5% (50000 cada año), la agonía hubiese durado más, pero el infierno estaba igualmente asegurado.
En estos últimos casos, tener un poco de renta fija ayuda, pero no evita el desastre.
Ahora fijaos que curioso el gráfico sacando cada año el 4% del capital inicial (40000 cada año). Resulta que sólo se salvan las carteras que tienen un 25% o más de renta variable, ya que son las únicas que cuando el mercado se vuelve alcista baten a la inflación. Con todo y con eso hubo que tener los nervios de acero, ya que a los 30 años la cartera seguía en peligro:
La solución a todo esto está en retirar, no una cantidad fija cada año, sino un porcentaje de nuestro capital remanente. Es decir, si sacamos un 7% cada año, el primer año sacaremos 70000, pero si en el siguiente año la cartera vale 500000, sacaremos sólo 35000 euros. Así nunca nos quedaremos sin dinero, aunque unos años podamos “vivir mejor” que otros. Un porcentaje sensato y cómodo es el del 5% anual del capital remanente. La cartera no se iría a cero nunca en un periodo malísimo de las bolsas mundiales, y el siguiente gráfico muestra los ingresos anuales que se obtendrían:
A día de hoy seguiría dando un suculento rendimiento. Ni que decir tiene, que si pillamos una racha alcista desde el principio, la estrategia nos permitiría vivir como verdaderos reyes, e incluso, dedicar una buena parte a seguir incrementando la cartera.
Espero que haya sido de vuestro interés. Tenedlo en cuenta para vuestros planes de retiro. Un saludo.
* Artículo basado en las enseñanzas del gran libro de W. BernsteinThe Intelligent Asset Allocator.







Rentabilidad a largo plazo de acciones, bonos, oro y dinero

fuente artículo

Cuando nos disponemos a configurar nuestra cartera de inversión con el fin de sacar partido a nuestros ahorros, debemos tener en cuenta, entre otros, dos factores fundamentales en los activos a elegir:
- La rentabilidad esperada a largo plazo
- La volatilidad en el corto-medio plazo
El gráfico que te muestro a continuación detalla las distintas rentabilidades a muy largo plazoque consiguen los principales tipos de activos:
(Esta gráfica la vi por primera vez en el libro del “Paseo Aleatorio”. La he vuelto a encontrar (muy bien explicada, por cierto) en los “Cuatro pilares de la inversión”. Para mi es la gráfica más importante que existe y es la que me ha hecho ver la luz de verdad.
Otra cosa: Ojo con la escala vertical, que es logarítmica!. Si estuviese a una escala normal no tendriamos papel para ver la superioridad de las acciones frente a cualquier producto en el largo plazo.)

Tal y como vemos, la superioridad de las acciones a largo plazo es manifiesta, permitiendo superar a la infación y obtener una rentabilidad extra.
En el caso de los bonos, la inflación también sería superada en el largo plazo, pero el problema es que el extra de rentabilidad no nos daría para mucho si queremos disponer en el futuro de un porcentaje de lo acumulado. Para más info sobre esto ver Después de alcanzar la ¿libertad financiera?
El caso del oro es bastante peculiar. Su volatilidad es bastante alta, pero su rentabilidad a largo plazo es casi exactamente igual a la inflación acumulada. Por lo tanto, por sí solo, es unproducto de ahorro, pero no de inversión. Otra cosa es que, debido a su descorrelación con el resto de productos, lo usemos en conjunto como sucede en el permanent portfolio.
Por último, el dinero. Ocurre lo mismo que con el oro, pero peor. Ni siquiera es un buen ahorro, ya que debido a la inflación, va perdiendo valor con el paso del tiempo. El dinero en efectivo lo podemos usar para:
- Gastarlo.
- Generar nuestro colchón mínimo de seguridad para emergencias.
- Generar ahorro para una compra o proyecto de medio plazo (Viajes, cambio de coche, mobiliario,…)
- Utilizarlo también en la versión “lazy” de la cartera permanente.
Por lo tanto, cuanto más joven seas, menos debe importante la volatilidad del corto-medio plazo, y más importancia debes darle a la rentabilidad a largo plazo. Teniendo en cuenta esto, y tu aversión a los vaivenes del mercado, no te resultará complicado crear tu propia cartera de inversión.

Dime tú qué es Vivir

En ocasiones me encuentro con personas que piensan que las finanzas personales no van con ellos, ya que opinan que son demasiado jóvenes como para preocuparse de ello. Piensan que ya se harán viejos para pensar en su prosperidad económica y en la de los suyos, y que ahora es tiempo de “vivir”.
Tengo algunas preguntas que hacerles este tipo de personas atraídas por un falso carpe diem:
- ¿Es vivir comprar constantemente productos de consumo que aportan felicidad instantánea?
- ¿Es vivir conducir un coche más caro que el de ese vecino o compañero al que tanto odias?
- ¿Es vivir tirar horas y horas en una actividad que no te gusta realizar para disponer de algunos fines de semana?
- ¿Es vivir endeudarte con esa tarjeta tan fácil de usar y tan difícil de dejar en casa?
- ¿Es vivir empacharte a copas como si fuese tu último sábado noche?
- ¿Es vivir estar preocupado por un despido improcedente sobreviviendo a una nómina de la bancarrota?
-¿Es vivir tener que pedir un préstamo para poder ir de vacaciones a ese país exótico? (para después poder enseñar las fotos a los amigos)
-¿Es vivir despreciar el futuro? ¿Y el de los tuyos?
-¿Es vivir pagar con el dinero que ganaremos en los próximos cuarenta años un piso que sera viejo cuando cumplamos íntegramente la pena de libertad vigilada que nos une a nuestro banco? Alguien se ha fijado en el aspecto actual de un piso del año 70…
-¿Es vivir trabajar día a día sin saber a qué edad te jubilarán?
Realmente, no es que considere que todo lo expuesto me parezca mal. He comentado varias veces que mientras hagas tus deberes a principios de mes apartando un porcentaje de tu paga mensual, el resto hay que disfrutarlo al 100%. Pero poner la excusa de tener que “vivir” para no preocuparte el día 1 en procurarte salud económica, no sólo me parece un error de concepto de felicidad, sino que además suele concluir en un juicio injusto para aquel que practica la vida frugal el primer día de mes.
Y tú, ¿qué les preguntarías a ellos/as?

Grandes gestores, jóvenes inversores


fuente

La capacidad de producir una favorable relación riesgo/recompensa en la inversión, es la habilidad del gerente en la gestión de un fondo de cobertura. No sólo hay que tener cualidades, hay que ser consistentemente bueno para que la rentabilidad obtenida año tras año no quede dilapidada en un año nefasto, como por ejemplo 2008. 
¿Cuál es entonces el factor determinante de la habilidad del gestor?
 Michael Van Biema, un ex profesor de la Escuela de Negocios de Columbia, que ahora dirige Van Value Partners Biema, lo expresó mejor cuando dijo: "Para nosotros, la característica más importante de un gestor es su pasión absoluta por la inversión".

Veámos una serie de famosos gestores, que ya se iniciaron en el mundo de la inversión a muy temprana edad:

Bruce BerkowitzBruce Berkowitz, como algunos de los mejores inversores en Wall Street, no parecía destinado a convertirse en un administrador de dinero. Se crió en Chelsea, Massachusetts, una ciudad industrial de las afueras de Boston, que en aquellos momentos se encontraba en declive económico. Su padre tenía una tienda de ultramarinos y era corredor de apuestas a media jornada. El joven Bruce aprendió mucho del comercio cuando tuvo que hacerse cargo del negocio durante unos pocos meses después de que su padre tuvo un ataque al corazón.Berkowitz recuerda hacer su primera inversión, alrededor de 1973, cuando era un adolescente, en una empresa de seguros de vida de la Mutua de Nueva York. A diferencia del seguro a largo plazo, que paga sólo después de la muerte, el seguro de vida es en parte una inversión en la que el valor en efectivo se acumula con el tiempo libre de impuestos. "¿Por qué lo hice?, no sé, era menos dinero para gastar en cigarrillos," dice Berkowitz. Seguir leyendo....
Ray DalioDalio gestiona actualmente el mayor hedge fund del mundo, el fondo Bridgewater. Hijo de un músico de jazz, Dalio comenzó a invertir a los 12 años, cuando compró acciones de Northeast Airlines por $ 300, triplicando su dinero cuando la aerolínea se fusionó.
Steven A. Cohen
El Sr. Cohen se inició como inversor de niño, leyendo la lectura de las tablas de cotizaciones en el periódico y dando vueltas por la casa de bolsa local cerca de su casa en Great Neck. "Hay algo en mi sangre, algo que me ha mantenido siempre unido al trading". Tenía un poco de dinero y decidió invertirlo en Bolsa. Su primera inversión fue Perkin Elmer, que resultó ser un ganador. Él dijo que hizo caso omiso de una recomendación alternativa de su padre, un ejecutivo de una cadena de tiendas de ropa.
Warren Buffett (en la foto)El interés de Buffett en el mercado de valores y la inversión, también se remonta a su infancia, a los días que pasó en la sala de clientes de una firma de corretaje de valores regional, cerca de la oficina de la empresa de su padre. En un viaje a Nueva York a la edad de diez años, convenció a sus padres para visitar la Bolsa de Nueva York. A la edad de 11 años, compró tres acciones de Cities Service para él y otras tres para su hermana.

inversión en valor

The risk of not taking part - SKAGEN Funds

lunes, 27 de junio de 2011

Bruce Berkowitz




Fairholme abre su página web con una cita de B. Graham. Asimismo, su lema es ignora a la multitud. Está claro, ¿no? Pues ellos a lo suyo.


Este nombre refiere a, en mi opinión, el mejor inversor estadounidense de largo. Sus número así lo demuestran: en 10 años (1999-2009) consiguió una rentabilidad media del 13%. Sus acciones están repartidas en no más de 20 empresas, lo que contrasta con otros inversores que hiperfragmentan su cartera para atomizar el riesgo (o atomizar los beneficios. Hablaré de ello). Su máxima es “no sigas a la multitud” y concentrarse en “posiciones que generen una notable cantidad de cash”. Sin embargo no siempre le ha resultado: según publicaba Bloomberg el 13 de Junio, Berkowitz se ha estrellado en su apuesta por la recuperación económica estadounidense, teniendo una caída de la rentabilidad en su cartera del 12%. Pese a todo, su rentabilidad media mide una trayectoria de 10 años, en la que tuvo momentos de caída rondando el 30% e incrementos por encima del 30%, concluyendo que en regularidad es un ganador nato, situándose en el 1% de inversionistas que no se estrellan ni terminan con pérdidas. Prueba de ello su crecimiento sostenido.
Os dejo un video interesante:

martes, 21 de junio de 2011

¡Que paguen los más ricos!

Juan Ramón Rallo
Sería como cortar la caña de pescar en 10 trozos y esperar que cada uno de esos trozos siga pescando 10 peces cada año: no, una vez destruida la estructura de la caña de pescar, su capacidad para extraer peces desaparece.



Una de las principales críticas que se dirigen contra el capitalismo es la desigual distribución de la riqueza. Los hay muy pudientes y los hay muy desharrapados, de modo que aparentemente la equidad exigiría que parte de la riqueza de los primeros fuera a parar a los segundos para nivelar las diferencias: al cabo, los acaudalados ni siquiera lo notarían y los más pobres obtendrían suculentos beneficios.
De hecho, éste es en parte el propósito de nuestros modernos Estados del Bienestar y, asimismo, ésta es la receta mágica que algunos propugnan para lograr atajar los déficits públicos actuales sin recortar el "gasto social": recuperar o subir el impuesto sobre el patrimonio y sobre sucesiones, crear un impuesto para las grandes fortunas, gravar con mayor intensidad las rentas procedentes del ahorro... Pero, ¿realmente nos conviene que toda la fiesta la paguen los más ricos? Mejor dicho, ¿qué significa exactamente eso de que "paguen los más ricos"?
Muchas veces –demasiadas– tendemos a simplificar la realidad económica en imágenes o conceptos que nos resulten manejables y que podamos entender. Cuando pensamos en una persona rica, nos imaginamos de inmediato a un individuo que, cual Tío Gilito, tiene piscinas llenas de oro (o de dinero fiduciario) que le permiten comprar cualesquiera bienes y servicios. La redistribución de la renta, por consiguiente, sería algo tan fácil como arrebatarles unas poquitas monedas de oro a los tíos gilitos para dárselas a los carpantas de este mundo.
El problema es que la estampa no resulta en absoluto realista. Los ricos no son unas personas que tienen muchísimo dinero en el banco, sino gentes que poseen un enorme patrimonio en forma de tierras, inmuebles o, sobre todo en nuestras sociedades capitalistas, participaciones en empresas. Cuanto oímos que Bill Gates o Warren Buffett poseen zillones de dólares, no es que acumulen entre los dos el 99% de todos los dólares en circulación, sino que su cartera de propiedades y empresas (como Microsoft o Coca-Cola) alcanza un valor de mercado de zillones de dólares.
Y, ahora, deténgase a pensar un momento. ¿Por qué Microsoft o Coca-Cola valen lo que valen? ¿Porque tienen ambas un almacén gigantesco repleto de miles de millones de sistemas operativos y de latas de cola? No precisamente: las mercancías presentes de esas compañías son una minúscula parte de su valor de mercado; a fecha de hoy, por ejemplo, Microsoft tiene un valor bursátil de 204.000 millones de dólares y sus inventarios apenas ascienden a 1.000 millones; Coca-Cola asciende a 150.000 millones con unos inventarios de apenas 3.000. ¿De dónde viene entonces el enorme valor de mercado de estas empresas que convierte a sus principales propietarios en los hombres más ricos del planeta?
Pues de los bienes que se espera que produzcan dentro de 5, 10 ó 20 años. Dicho de otra manera, Microsoft, Coca-Cola (y todas las demás empresas) no son valiosas por lo que han producido hasta la fecha hoy, sino por lo que producirán mañana. Es más, me atrevería a decir que ni siquiera derivan su valor de lo que producirán mañana, pues nadie, ni siquiera Bill Gates, sabe qué productos sacará a la venta Microsoft dentro de 20 años (en el caso de Coca-Cola este juicio predictivo resulta algo más sencillo). El valor de las compañías –y por tanto, el patrimonio de los "ricos"– procede de su capacidad para generar, mantener y ampliar un modelo de negocio que sirva al consumidor mejor que sus competidores, esto es, de su capacidad para generar beneficios de manera sostenida a lo largo del tiempo (lo que en términos contables se conoce como "fondo de comercio" o Goodwill).
Por desgracia para los redistribucionistas, esa capacidad de generación futura de beneficios no puede consumirse en el presente (no nos podemos beber los millones de litros de cola que se fabricarán en el año 2025), de modo que para perseguir fiscalmente a los ricos sólo quedan dos opciones: o quedarse con una parte de la renta que su patrimonio genera en el presente o apropiarse directamente de una porción de ese patrimonio (de sus empresas, inmuebles, tierras...).
Lo primero es lo que consiguen los impuestos sobre la renta (IRPF o Sociedades): parte del valor monetario de la producción anual (beneficios, rentas de alquiler, intereses...) se transfiere al Estado y éste presuntamente lo redistribuye entre la población. El perjuicio más evidente de este tipo de tributos es que, por un lado, minoran los recursos a disposición de capitalistas y empresarios, que podrían haber sido reinvertidos en la generación de más bienes de consumo futuros (nos volvemos más pobres de lo que podríamos haber sido); por otro, disminuyen la remuneración que recibe el capitalista por asumir riesgos al invertir y por retrasar la satisfacción de sus necesidades al ahorrar.
Pero acaso resulten más dañinos los segundos tipos de impuestos: los impuestos sobre el patrimonio y las herencias. En este supuesto, si el monto del impuesto supera al de la renta anual generada por el patrimonio productivo, el capitalista tendrá que desmembrar y liquidar parte de ese aparato productivo, socavando así su producción de riqueza futura para los consumidores.
Imaginemos, para entenderlo, que con una caña de pescar podemos recoger 100 pescados al año y que el valor de mercado de esa caña es de 600 pescados. Si consideramos que el propietario de la caña es un rico capitalista comeniños al que hay que esquilmar fiscalmente, podemos imponerle, por ejemplo, un tributo sobre la producción anual de pescado del 50%, de modo que cada doce meses deberá entregarle al Estado 50 pescados. Como consecuencia, el pescador dispondrá de 50 pescados menos cada año para fabricar nuevas cañas e incluso, dependiendo de la magnitud del impuesto (imaginemos uno del 90%), podría llegar a plantearse dejar de pescar.
Ahora supongamos, en cambio, que se aprueba un impuesto del 20% sobre el patrimonio del pescador (sobre el valor de mercado de su caña de pescar), de modo que cada año deberá entregarle al Estado 120 pescados. ¿Cómo podrá hacerlo si su producción anual es de 100 pescados? De ninguna manera: simplemente esos 20 pescados extra que exige el Estado no existen (pues se producirán a lo largo del próximo ejercicio). Como mucho, el pescador podría tratar de vender una parte de la caña con un valor de mercado equivalente a 120 pescados... si es que hay algún otro malvado e insolidario capitalista que tenga ahorrados físicamente esos 120 pescados.
Sin embargo, recordemos que el mayor valor de las empresas no deriva de sus bienes de capital físicos, sino de la correcta ordenación de éstos para seguir generando beneficios en el futuro. ¿Qué sucederá si el sistema fiscal comienza a trocear y a redistribuir, no ya unos bienes de consumo que no existen, sino partes sueltas de una empresa? Pues que la capacidad de generación de bienes de consumo futuros por parte de esas compañías se desmoronará. Vamos, que no van a seguir produciendo la misma cantidad de bienes pero de manera más fragmentada; no, se destruirá riqueza en términos absolutos. Lo contrario sería como cortar la caña de pescar en 10 trozos y esperar que cada uno de esos trozos siga pescando 10 peces cada año: no, una vez destruida la estructura de la caña de pescar, su capacidad para extraer peces desaparece. Lo mismo sucede con las empresas: una vez desmembrada la armonía entre sus distintas partes, su capacidad para producir en el futuro bienes y servicios que satisfagan a los consumidores, se esfuma. ¿O acaso creen que cada uno de los bienes de capital de Apple (ordenadores, formación de los trabajadores, edificios, mesas, saldos de tesorería...) seguirá siendo igual de productivo si pierde sus sinergias con el resto de la compañía y si deja de estar bajo la sabia dirección de Steve Jobs? Obviamente no: pasarán de generar una enorme riqueza a morirse de asco sin contar con casi ninguna función.
Por eso, el margen para que "paguen los más ricos" es tan estrecho. No ya porque el capital sea bastante móvil y pueda huir con relativa rapidez de aquellos Estados que lo quieren confiscar, sino porque la tributación de las grandes fortunas es literalmente merendarse la gallina de los huevos de oro. Si queremos dividir en 10 trozos una caña de pescar con un valor de mercado de 600 pescados, no obtendremos 10 trozos con valor de 60 pescados, sino 10 trozos con valor 0. Gravar a los ricos no es consumir hoy parte de la renta presente que tienen almacenada en algún banco suizo; tampoco es adelantar a hoy parte del consumo que habríamos realizado mañana; no, es consumir unas migajas hoy a cambio de destruir una enormidad de bienes y servicios que se habrían podido producir y consumir mañana.
Pero eh, aquí, como tantas otras veces en la economía, nos topamos con el insalvable obstáculo de que lo que se ve (los progresistas impuestos a los avariciosos ricos) machaca inmisericordemente en el imaginario colectivo a lo que no se ve (la enorme merma de nuestra renta futura).
Puede dirigir sus preguntas a contacto@juanramonrallo.com
Juan Ramón Rallo es doctor en Economía, jefe de opinión de Libertad Digital y profesor en el centro de estudios Isead. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro es Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009).

jueves, 9 de junio de 2011

El 15,5% de la población de la ciudad-estado de Singapur es millonaria

La ciudad-estado de Singapur es el territorio con una mayor concentración mundial de millonarios, el 15,5% de la población del territorio, un colectivo que, además, ha aumentado aceleradamente, un 33% en 2010 con respecto a 2009. 

Las razones de este fuerte incremento cabe buscarlas en la avalancha de inversores que encuentran en la economía de Singapur, entre las más liberales del Planeta, las condiciones ideales para situar su dinero.

Los datos los recoge el informe sobre la riqueza a escala global elaborado por el The Boston Consulting Group (BCG), un interesante panorama que ofrece las claves de cómo se comporta el capital en función de las oportunidades de inversión y beneficio.

Los singapureses pueden presumir de tener más millonarios que Suiza y que las monarquías del Golfo Pérsico. 


Fuente de la noticia aquí


¿Dónde residen las personas más adineradas del mundo? Aunque muchos piensen que la mayoría viven en Estados Unidos, lo cierto es que la riqueza baña otras regiones del planeta muy alejadas del país de las barras y las estrellas. Así se asegura en un informe realizado por Boston Consulting Group sobre la riqueza mundial en el que se crea un retrato geográfico de dónde se acumula el dinero y a qué ritmo.
La riqueza de las familias, pese a la crisis económica, creció un 12% el año pasado. América del Norte lideró el incremento de la riqueza en los hogares con un aumento de 4,6 billones de dólares, lo que supone una subida del 15% respecto a 2008. Sin embargo, las zonas donde ha habido una mayor subida porcentual del dinero son Asia y el Pacífico, donde se disparó un 22% hasta alcanzar los 3,1 billones de dólares. La vieja Europa, pese a los problemas con la deuda, es la región más rica, con más de 37 billones de activos bajo gestión.
El informe de Boston Consulting Group va más allá y revela la lista de países donde hay un mayor porcentaje de millonarios. A la cabeza se sitúaSingapur. Con una población de 4,7 millones de habitantes, el 11,4% son millonarios, lo que supone la mayor concentración de ricos del mundo. Este país ha resurgido de sus cenizas gracias su PIB, a las exportaciones y a la producción industrial.
A la zaga le sigue Hong Kong, donde el 8,8% de sus hogares son millonarios. Sus relaciones comerciales con China han estado marcadas por continuos altibajos, pero sus habitantes han sabido hacer dinero al calor de un incipiente mercado inmobiliario, donde se han construidos ostentosos hoteles o centros comerciales.
La cuna europea de los millonarios es Suiza, que según este informe ocupa el tercer lugar pese a que ha sido castigada por la crisis. Un 8,4% de sus suntuosos hogares están ocupados por ricos. Un ejemplo es el suizo Ernesto Bertarelli, líder en empresas de biotecnología y que ganó en 2003 la Copa de América de Vela.
Los países árabes también cuentan con una alta concentración de multimillonarios. KuwaitQatar o los Emiratos Árabes Unidos son un claro ejemplo. Recursos naturales como el petróleo o el gas han afianzado sus economías disparando las cuentas corrientes de empresarios como el kuwaitíNasser Al Kharafi,  dueño de una de los conglomerados más importantes del mundo árabe con franquicias de KFC, Wimpy o Pizza Hut; el qatarí Bader Al Darwish, con empresas inmobiliarias y de inversión; o la familia de Abdul Aziz Al Ghurair y sus compañías manufactureras de harinas.
Para encontrar a Estados Unidos hay que irse hasta la séptima plaza. De los 310 millones de habitantes, sólo un 4,1% se pueden considerar millonarios. Y todo ello pese a que en su suelo viven dos de las personas más ricas del mundo según ForbesBill Gates y Warren Buffett. A este país le siguen Bélgica, Israel y Taiwan. Ejemplo significativo es el de Terry Gou, propietario de Foxconn, que se encarga de realizar elementos electrónicos para Apple, Nokia o Nintendo y que se ha hecho mundialmente famoso por el suicidio de 13 de sus trabajadores.


Esto es lo que dice la ciencia económica: 





miércoles, 8 de junio de 2011

NO TE RINDAS: NAVEGAR SIN HUNDIRSE EN LOS RAPIDOS DE LA VIDA de ROJAS, ENRIQUE


El ser humano tiene una capacidad casi ilimitada para enfrentarse a las adversidades y superarlas. Para ello es necesario entender que éxito y fracaso son dos caras de una misma moneda, pero que los grandes maestros son las dificultades, ya que nos impulsan a superar nuestros propios límites y reinventarnos. Frente a los avatares podemos optar por el lamento o bien tomar las riendas de nuestra vida.
De una forma amena y práctica, No te rindas nos enseña a afrontar de manera positiva los problemas y dudas que nos asaltan en nuestro día a día, haciendo de ellos un trampolín para crecer y alcanzar nuevas metas. Organizado en doce grandes temas —uno para cada mes del año— que giran en torno al amor, el trabajo, la cultura y la amistad, este libro se configura como un original almanaque en el que el prestigioso psiquiatra Enrique Rojas nos transmite sus sabios consejos y nos acompaña de manera lúcida y cercana en las batallas que debemos librar en el arte del vivir cotidiano para conquistar la felicidad y la realización personal.
Libro con un carácter esencialmente práctico y en el que, por primera vez, podemos ver a Enrique Rojas en una doble vertiente: tanto al psiquiatra que nos ofrece consejos como a la persona que se ha enfrentado a los mismos problemas. Con este enfoque personal y diferente pretendemos atraer también al público joven que se encuentre desorientado y quiera aprender cómo enfrentarse a la vida. Utiliza un lenguaje sencillo y para todos los públicos y huye de los tecnicismos. Incluye sencillos tests y recomendaciones prácticas.


martes, 7 de junio de 2011

Libros

Adjunto una breve colección de libros que abordan cuestiones relacionadas con el comportamiento y la psicología dentro del marco de los inversores y consumidores:
  • Influence: The Psychology of Persuasion,
    Robert B. Cialdini
  • Judgment in Managerial Decision Making,
     by Max H. Bazerman
  • Diaminds: Decoding the Mental Habits of Successful Thinkers,
    by Mihnea Moldoveanu
  • Thinking and Deciding, by Jonathan Baron 
  • Seeking Wisdom: From Darwin to Munger,
     by Peter Bevelin
  • Poor Charlie's Almanack: The Wit and Wisdom
    of Charles T. Munger, by Peter Kaufman

¿Por qué el inversor particular acaba siempre perdiendo dinero?

Fuente
La psicología del ser humano es muy curiosa: nos consideramos y autoproclamamos homo-sapiens, porque somos gente inteligente y que piensa, pero muchas veces nuestro comportamiento difiere mucho de esta visión. Todo el mundo sabe que la Bolsa es un juego muy tonto que consiste en comprar barato y vender caro, pero… ¿es posible que el inversor particular esté haciendo justamente lo contrario?
Hace ya tiempo que observo como los clientes que más mueven sus carteras son los que peores rentabilidades obtienen. Cuando el mercado sube, a las pocas semanas te llaman para decirte que quieren aumentar su exposición; cuando baja, enseguida venden y se refugian en un depósito. Los mismos que salieron masivamente de los fondos de Renta Variable en el año 2008 corren ahora en el 2011 a comprar un 50% más caro aquellas mismas empresas que vendieron unos años atrás.

La razón de este extraño comportamiento se me escapa. ¿Volveríamos a comprar nuestra casa de vacaciones dos años después de haberla vendido un 50% más barata? o acaso ¿la venderíamos si 6 meses después de haberla comprado nos ofrecen un 30% menos? Entonces ¿por qué hacemos esto mismo cuando compramos y vendemos Fondos de Inversión, acciones u otros productos financieros?

Dicen los rumores que un gran banco de inversión alemán, cuyo nombre prefiero no recordar, decidió utilizar esta realidad en beneficio propio. ¿No sería incalculablemente valiosa una información que nos permitiese prever el comportamiento de los mercados? ¿Qué hizo? Llevar una estrategia contraría a la que seguían sus clientes. Si el cliente vendía, ellos compraban, y si el cliente compraba, ellos vendían. No podemos saber si estos rumores son realidad o ficción, pero lo que sí sabemos es que si dicha entidad hubiera seguido esta estrategia seguramente habría obtenido grandes beneficios.

No obstante, creo que los inversores están siendo “ayudados” por gran parte de los que nos ganamos la vida en estos mercados. Mucho se ha hablado de la negativa influencia de los periodistas, con sus grandes titulares que confunden al inversor particular… pero en realidad todos somos parte de esta gran trama que acaba con el inversor particular perdiendo dinero.

Como los asesores, que cuando los mercados han bajado significativamente y las oportunidades de compra afloran en los mercados nos mantenemos callados esperando a que vengan tiempos mejores. Buscamos no perder al cliente y no somos capaces de llamar para explicarles porqué puede que sea el momento de invertir. Si pensábamos que en una situación concreta Telefónica era una buena compra en 18€, lo será aún mejor si baja a 15€. Por el contrario, cuando las cosas van bien, somos los primeros en proclamar a los cuatro vientos nuestros resultados provocando involuntariamente una subida de la euforia inversora.

Los comerciales/vendedores de producto son otra de las variables que influyen en el proceso inversor, ofreciendo siempre el producto de moda, que casualmente es el que mejor lo ha hecho en los últimos meses y, con toda probabilidad, el que les genera una comisión mayor. Hace tiempo se hablaba de los BRIC y de Europa del Este; más tarde, con las caídas de los mercados, fueron los fondos monetarios; después los bonos y fondos convertibles. Hasta hace poco eran los fondos de Renta Fija Emergente y, en la actualidad, parece que todo lo que no sea invertir en Renta Fija ligada a la inflación es peder el tiempo. Por mucho que nuestra querida Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) nos obligue a poner en todos los folletos de productos financieros la ya celebre frase “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras” parece que no hay argumento de venta con más gancho.

Por norma general los profesionales tendemos a ver pronto las recuperaciones en la economía y no frenamos la euforia del pequeño inversor, que quiere poner todo su dinero en el fondo que más ha subido. Evidentemente, nuestra labor no es fácil porque, aunque algunos de nuestros clientes no se lo crean, no hay nadie, ya sea gestor, asesor, Buffet o Paramés, que sepa realmente que va a pasar mañana en los mercados.

Por todo ello, aunque no podamos hacer una predicción sobre cuál va a ser el valor con el que ganar más dinero este año, lo que sí podemos hacer es dar algunos consejos básicos que ayuden al inversor final a intentar no ser siempre el que pierde dinero en estos mercados:

Planifique su inversión en función del horizonte temporal y de los riesgos que pueda asumir.
Entienda siempre los productos en los que invierte su patrimonio. No hace falta comprar estructuras muy complicadas para ganar dinero.
Recuerde siempre que todo el mundo está pensando en cómo ganar dinero en los mercados y, aunque todos nos creemos más listos de lo que realmente somos (dicen que el mayor éxito de Dios fue el reparto de la inteligencia, por el escaso número de quejas que ha conllevado), es muy difícil que desde tu casa seas capaz de ver algo que no estén viendo el resto de agentes que participan en el mercado.
Huya de los productos de moda. Repito: rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.
Mida bien los riesgos, por lo menos tanto como sus probabilidades de éxito.
Búsquese un buen profesional que no le venda, le asesore. Y por favor, que este profesional no sea el comercial de la Caja de Ahorro/Banco de turno. Él no velará por su interés y sí por el de la entidad en la que trabaja, que para eso es la que le paga.




¿Inversores irracionales? Informe de Barclays Wealth




Barclays Wealth acaba de publicar un interesante informe que analiza como la psicología de los inversores afecta de forma negativa su toma de decisiones. Se trata del resultado de 2000 encuestas a inversores privados y entrevistas a expertos en finanzas y psicología.
¿Inversores irracionales? Informe de Barclays Wealth
Las conclusiones son varias pero destacan el Deseo por un mayor grado de disciplina. Los inversores de elevados patrimonios desearían tener un nivel de control y disciplina en su gestión patrimonial mayor. También se discute la paradoja del trading: Muchos son los inversores que creen que tienen que actuar con elevada frecuencia y dotar de alta rotación sus carteras con el fin de obtener rentabilidades positivas. Otro apartado interesante del informe repasa diferentes estrategias de "auto-control".
En el informe aparecen interesantes gráficos:

En ELCANO SICAV no creemos en la eficiencia de los mercados, hipótesis basada en que los precios reflejan toda la información disponible en cada momento y que los inversores se comportan racionalmente. Los mercados son eficientes la mayor parte del tiempo, pero no siempre, dando la oportunidad de poder adquirir buenas empresas a precios reducidos. El comportamiento del mercado lo determina el agregado de las decisiones de personas, que están sujetas a múltiples fenómenos psicológicos. Un buen método y una disciplina de inversión basada en sólidos principios de inversión ayudan a evitar esas distorsiones. Hay que ser cauteloso a la hora de invertir en sectores y compañías de "moda" entre los inversores.
Saludos,
JJ Fernandez
Consejero ELCANO SICAV